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El hechicero blanco

Senegal 1999. Los días previos al viaje había estado muy excitado. No en vano era mi primer contacto con el África negra, mi continente soñado desde niño, cuando veía películas o leía historias sobre las grandes aventuras que allí tenían lugar. Las semanas antes de partir habían sido un compendio de tratamientos de lo más diverso, vacunas para las diferentes fiebres que allí podían contraerse. No en vano Diana había empezado recientemente su MIR como epidemióloga, así que estaba de lo más puesta al día. No paraba de repetirme que el agua dulce ni tocarla. Por supuesto, solo había que beber agua embotellada pero ni pensar en lavarse los dientes con agua del grifo o darse un baño en algún río, sin importar lo elevadas que fueran las temperaturas.

Así que, bien aleccionados, nos lanzamos a la aventura africana. Tras pasar unos días en Dakar y alrededores nos dirigimos hacia el sur del país, al Casamance. Allí viven los diola, etnia fundamentalmente animista pero también con algunas aldeas cristianizadas, que llevan años manteniendo enfrentamientos con los wolof, la etnia de religión musulmana mayoritaria en el país. Había leído que los diola a veces secuestraban extranjeros para presionar al Gobierno wolof del país, así que no las tenía todas conmigo. Pero todos mis temores se disiparon cuando llegamos por fin al Casamance. Tierra paradisíaca en comparación con el norte de Senegal. Llena de árboles, ríos, niños juguetones y adultos sonrientes. No podía creer que en aquella región maravillosa existiera una guerrilla terrorista, como informaban los medios occidentales.

Los días siguientes nos tocó cruzar varios ríos, en barcas que se llenaban de agua continuamente, así que siempre había a mano algún cubo con el que teníamos que ir achicando durante todo el trayecto. La posibilidad de naufragio era inminente. Por supuesto, los muelles eran inexistentes, así que la barca simplemente se paraba cuando el lugar era poco profundo y ya no había forma de seguir navegando. Entonces tocaba remangarse los pantalones, quitarse los zapatos y cruzar el río hasta la orilla. A Diana esto no le hacía la más mínima gracia, la billharzia me decía, así que alguno de nuestros guías, o yo mismo, nos ofrecíamos a llevarla hasta la orilla. Cuando ya le empezó a dar corte el tener que cruzar el río en brazos no le quedó más remedio que meterse en el agua. A pesar de la billharzia.

Tras dormir en una antigua misión en la isla de Karabane nos dirigimos hacia la misteriosa isla de Hitou. Sus habitantes son auténticos animistas y creen que allí habitan todo tipo de espíritus, poseídos de inmensos poderes. Cuando la piragua que nos llevaba a la isla atracó en la arena los chavales que la conducían empezaron a temblar como hojas, no querían acercarse más. Le pregunté a nuestro guía Omar la causa. ‘Tienen miedo de los espíritus’, me contestó. Así que se quedaron esperándonos en la barquichuela y a mí aquello empezó a olerme a chamusquina. Sobre todo cuando encaminamos nuestros pasos hacia la vivienda del hechicero de la isla. Un brujo ciego, con poderes curativos misteriosos y mucha fama entre la población local. En nuestro camino pasamos al lado de enormes ceibas, algunas de ellas con una especie de altares junto a sus troncos en los que podían verse cabezas de cerdo y otros tipos de ofrecimientos a los espíritus. Ya no sabía si volverme también.

Poco después llegó el gran momento y alcanzamos la vivienda del brujo, que se hizo esperar un poco. Ya me temblaban las piernas casi tanto como a nuestros barqueros. Apareció por fin el hechicero, con una bufanda del Real Madrid anudada al cuello. Se la habían regalado hacía poco, nos tradujo nuestro guía Etienne, un diola de lo más simpático. Su aspecto me tranquilizó bastante. El brujo hizo una serie de rezos, siempre traducidos por Etienne. Bendijo un líquido de aspecto no muy agradable y nos roció con él. Y podéis creerlo o no, pero aquello fue mano de santo: el año siguiente el Real Madrid ganó la Champions League.

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2 pensamientos en “El hechicero blanco

  1. Me parece que visitamos al mismo brujo….aunque como todo brujo que se precie debía saber que somos del Barça y se quitó la bufanda del Real Madrid. Todo sea por la propina !

    Un abrazo

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