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La ciudad de los Mercedes

Hacía tiempo que sentía mucha curiosidad por visitar algún lugar de Albania. Había oído cosas como que era el único país de Europa que había alcanzado el Socialismo verdadero. Que los albaneses eran un orgulloso pueblo asentado en los Balcanes que, a lo largo de su historia, habían mantenido duras luchas con sus vecinos. Que se expresaban en albanés, un idioma único, sin ningún parecido al resto de lenguas que se hablan en Europa. Y, por supuesto, que ni se me ocurriera pisar este país pues podía ser peligroso de verdad y más viajando con un niño pequeño.

Así que, aprovechando que íbamos a dar una vueltecita por los Balcanes en 2006, se me ocurrió la idea de pasar unos pocos días en Tirana para dirigirnos más tarde desde esta ciudad hacia el lago Ohrid en Macedonia. Tras aterrizar en el aeropuerto Madre Teresa y pasar los pertinentes controles nos dirigimos a buscar un taxi que nos llevara a la ciudad. El taxi que nos correspondió era un Mercedes. ‘Vaya’, pensé, ‘y yo que creía que aquí los coches eran aún los de la época comunista’. En nuestro recorrido hasta la ciudad, auténtico camino de cabras en algunos tramos, vimos algunos Mercedes más.

Los atractivos turísticos de Tirana son escasos y están fundamentalmente concentrados alrededor de la Plaza Skanderbeg. Skanderbeg es el héroe nacional albanés, pues logró mantener a raya al Imperio Otomano durante varios años en el siglo XV, evitando así la invasión de su país. Una estatua suya a caballo preside la plaza que lleva su nombre. En ese lugar se encuentra la interesante mezquita de Ethem Bey y una curiosa Torre del Reloj, construida en el siglo XIX. En el resto de la ciudad no hay casi nada más interesante turísticamente hablando. Otro par de mezquitas. Un puñado de iglesias, unas católicas, otras ortodoxas. Algún que otro museo, sin demasiado interés, y poco más.

Los días que allí pasamos los dedicamos a pasear por sus calles. Tirana es una localidad pequeña pero muy animada y a sus habitantes parece encantarles salir de casa, pues los cafés y restaurantes suelen estar llenos. Hay muchas terrazas donde tomar algo, el ambiente realmente me sorprendió, parecía una ciudad española cualquiera. Los albaneses son gente sonriente y amable, aunque la comunicación con ellos era difícil pues su conocimiento de idiomas es escaso. Pero mucha gente trataba de hacerse entender con nosotros o acariciar a Daniel, con apenas dos años entonces. Recuerdo como los camareros del restaurante Paulo, situado en el hotel Mondial donde nos alojábamos, jugaban con él mientras cenábamos, siempre con una sonrisa en los labios. Un restaurante totalmente recomendable, por otra parte. Comida barata y de mucha calidad en un entorno agradable.

Nos pateamos la ciudad por el día y parte de la noche, no teniendo sensación de peligro alguna en ningún momento. Eso sí, continuamos viendo Mercedes por todas partes. El número de automóviles con el logotipo de la estrella que pueden verse en las calles de Tirana es auténticamente sorprendente. Algunos me calificarán de exagerado, pero diría que casi la mitad de los coches que por allí circulan son producidos por la conocida marca alemana. No me atreví a preguntar de donde los sacan, aunque quizás no sea tan difícil imaginarlo.

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