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El rinoceronte curioso

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El Cráter del Ngorongoro, parque natural situado al norte de Tanzania, es uno de esos lugares en el mundo que cualquiera debería visitar al menos una vez en su vida. Se trata de la caldera volcánica más grande que existe entre las cerradas en todo su perímetro y no inundadas por completo. Su profundidad supera los seiscientos metros y cubre un área de unos doscientos sesenta kilómetros cuadrados. Se calcula que allí viven más de veinticinco mil mamíferos, muchos de ellos plenamente establecidos en su interior y otros, principalmente rebaños de ñus y cebras, que entran y salen de él a voluntad.

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Tras pasar un par de días en Lago Manyara, otro parque natural tanzano situado relativamente cerca del Kilimanjaro, nos dirigimos por fin al Ngorongoro. Uno de mis destinos soñados, un sitio mágico sobre el que había leído innumerables historias. Ya poco antes de nuestra llegada al hotel, cuando la noche, que rápidamente se echa encima en estas latitudes cercanas al Ecuador, empezaba a caer comencé a darme cuenta de la grandeza del lugar. Un elefante enorme y con un colmillo roto se encontraba amenazante en la cuneta, casi sin dejarnos pasar. No es raro encontrar ejemplares de paquidermo de esta guisa en algunas zonas de África. Normalmente sufren el percance cuando cavan con ellos en zonas salinas, en busca de los minerales necesarios para el mantenimiento de su enorme corpachón.

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Al día siguiente nos levantamos temprano para bajar al cráter. Estuvimos en su interior hasta la caída de la noche y pudimos hacernos una idea de la magnitud de vida animal que allí puede encontrarse. Vimos multitud de leones, elefantes, algún que otro búfalo y un par de rinocerontes en la lontananza. Grupos de ñus, cebras y gacelas pastaban por doquier. En las numerosas lagunas existentes divisamos varios hipopótamos así como bandadas de flamencos y otras aves. Adicionalmente, nos cruzamos con algún que otro pastor masai que se desplazaba por allí. Realmente hay que tener un valor sin límites para trasladarse a pie en un lugar así, con la cantidad de fieras que allí habitan. Claro, que los masai sostienen que son los leones quienes los temen a ellos y no al contrario.

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A la caída de la tarde regresamos a nuestro lodge, situado al borde del cráter. Nuestra habitación disponía de un ventanal hasta el suelo, con buenas vistas sobre el Ngorongoro. Nada más entrar oímos un ruido extraño procedente del exterior. Aunque la visibilidad ya era escasa pudimos ver un rinoceronte enorme pastando a pocos metros, que miraba de vez en cuando a nuestra ventana. Apagué la luz de la habitación para disfrutar mejor del espectáculo. Aparte del rinoceronte cercano a nosotros, había otro más un poco a la derecha y unos búfalos algo detrás. Una sensación de sosiego indescriptible recorrió mi cuerpo al estar viviendo aquella escena tan bucólica. Pero el bramido de un búfalo me hizo retornar a la realidad, y empecé a pensar en lo que sucedería si estos enormes mamíferos cargaran contra nuestra frágil cristalera. La placentera sensación que me acompañaba hasta entonces dio paso a otra algo menos grata, así que decidimos ducharnos cuanto antes y salir de la habitación. Al fin y al cabo se aproximaba la hora de la cena.

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Mientras dábamos buena cuenta de las viandas le comentamos la experiencia a nuestro guía y no nos creyó. ‘Hay tan solo una veintena de rinocerontes en todo el cráter, seguro que se trataba de otros búfalos’, dijo. A pesar de que la pareja que ocupaba la habitación de contigua sostuvo que ellos también los habían visto, comencé a pensar que quizás todo había sido un sueño. Más aún cuando retornamos a nuestros aposentos y el rinoceronte curioso ya no pastaba por allí. Debo reconocer que el autoconvencimiento de que tan idílica escena no podía ser real me hizo dormir mucho más tranquilo.

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4 pensamientos en “El rinoceronte curioso

      • Florencio he estado en Kenia y ahí en Tanzania, hay veces que las cosas que ves y vives no pueden explicarse de la intensidad con que se vive. Nunca pensé que estaría tan a gusto y disfrutando un safari. Una maravilla todo lo que hemos visto. Me acordé mucho de tu rinoceronte. Un abrazo.

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      • Me alegra mucho que estés disfrutando tanto de este viaje. Yo hice uno similar, aunque la última semana fuimos a Seychelles en lugar de Zanzíbar, y es uno de los que recuerdo con mayor cariño. La naturaleza en esa zona del mundo es absolutamente maravillosa.

        Muchas gracias por acordarte de mi rinoceronte y un abrazo.

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