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Llegando al santuario

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Oghurc llevaba algún tiempo sintiéndose mal y no podía salir de caza con el resto de los miembros varones de su tribu. Viendo que su estado empeoraba poco a poco y no encontraban una solución para que recobrara la salud, sus allegados tomaron una decisión: con la llegada del buen tiempo se dirigirían hacia el santuario del que ya sus antepasados tanto habían oído hablar. Un lugar donde existían unas misteriosas piedras azules cuyas propiedades curatorias habían circulado de boca en boca a lo largo de los siglos. El camino hasta allí era muy largo y difícil, pero el clan de Oghurc llevaba una vida nómada y acostumbrada a lidiar con toda clase de dificultades. No tenían duda de que la naturaleza les proporcionaría todo lo necesario para tan largo viaje.

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Cuando muchas lunas después alcanzaron las cercanías del santuario, la salud de Oghurc se había deteriorado considerablemente. Ya se sentía incapaz de caminar y hubieron de llevarle en unas improvisadas parihuelas hasta justo al lado de esas extrañas piedras azules en cuyos poderes tanto confiaban. El escenario era de lo más irreal. Tanto, que varios de sus allegados sintieron auténtico pavor y no se atrevieron a acercarse hasta él. Unas enormes piedras rectangulares, coronadas por otras en forma de dintel, formaban una misteriosa circunferencia. Dentro de ella había otra más, compuesta por unas rocas de tono azulado, bastante más pequeñas que las anteriores. Rodeaban éstas un conjunto de otras cinco piedras, de tamaño algo mayor y dispuestas en forma de herradura. Para rematar el conjunto, junto a la parte cerrada de la herradura se situaba una última roca asemejando un altar.

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Aunque desde niño me he sentido atraído por este misterioso y desconocido lugar llamado Stonehenge, hasta 2007 no tuve, o no encontré, la oportunidad de llegar hasta allí. La magia del lugar, rodeado de verdes colinas y con aquellos enormes monolitos dispuestos no se sabe muy bien para qué, es evidente. A pesar de que la carretera que discurre junto al sitio quizás le reste algo de encanto a toda la zona. También es una pena que los visitantes no puedan acercarse a las piedras, aunque esta medida puede entenderse ante el evidente riesgo de degradación que corren, pues no hay que perder de vista el hecho de que Stonehenge es un lugar muy concurrido.

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No muy lejos de este santuario del Neolítico descubrimos, casi de casualidad, otro de bastante menor edad pero no por ello menos interesante. Tampoco tan moderno, pues su construcción finalizó allá por el año 1258. La belleza de la catedral de Salisbury te deja atónito cuando la contemplas por primera vez. Se trata de uno de los más representativos ejemplos del llamado estilo gótico inglés, variante del gótico importado de Francia que fue progresivamente sustituyendo al estilo normando o románico en toda Gran Bretaña. La aguja de esta catedral tiene una altura de 123 metros, lo que la hace la más alta de todo el Reino Unido. Incluye además un reloj datado en 1386 que se tiene por el más antiguo del mundo en funcionamiento. Y también allí se guarda una de las únicas cuatro copias originales de la Magna Carta que aún se conservan.

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Tras pasar un tiempo junto a las extrañas piedras azules del santuario los familiares de Oghurc se empezaron a preparar para el retorno. Lamentablemente, cuando llegó su estado era ya demasiado débil y sus días habían terminado en la zona colindante. Fue sepultado con todos los honores debidos a su condición de líder no muy lejos, tal y como se acostumbraba a hacer con los que allí fallecían. Cerca de cinco milenios más tarde, enterramientos cuyos restos presentaban características de graves enfermedades o deformaciones, y que pertenecían a individuos procedentes de sitios lejanos, fueron encontrados cerca de Stonehenge. Así surgió la teoría, una de las muchas existentes sobre su hipotética finalidad, de que este misterioso lugar era visitado por enfermos que hasta aquí llegaban para tratar de curarse. Como fue el caso de Oghurc.

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2 pensamientos en “Llegando al santuario

    • Oghurc era todo un personaje. 🙂 Para mí Stonehenge también fue uno de mis sueños infantiles hecho realidad. Sentí una enorme emoción cuando estuve allí, lástima que no fuera posible acercarse más a los monolitos.

      Muchas gracias por tu aportación.

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