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Una joya sajona

A pesar de estar enclavada justo en el centro de Rumanía, la localidad transilvana de Sighişoara presenta un aspecto inequívocamente germano. No extraña demasiado este hecho si se conoce un poco la historia de esta población, ya que fueron comerciantes alemanes quienes la fundaron a finales del siglo XII. Habían llegado hasta allí siguiendo el consejo del rey Géza II de Hungría, que necesitaba proteger la frontera sur de su imperio y a cambio de su ayuda les concedió numerosos privilegios. Lo que en principio era solo un pequeño asentamiento fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una villa de cierta consideración en el medievo, a la que fue otorgado el título de ciudad a mediados del siglo XIV.

Debido a su situación estratégica en Europa Central, Sighişoara adquirió una enorme importancia, tanto comercialmente como en términos de defensa, a lo largo de los siglos venideros. La villa fue poderosamente fortificada con el fin de evitar amenazas, generalmente procedentes del sur o el este. Prueba de ello es que la muralla que la protegía llegó a tener catorce torres, encargándose de la defensa y mantenimiento de cada una de ellas un gremio de artesanos, de los cuales llegó a haber más de quince en la ciudad. Una de las atalayas más significativas era la conocida como Torre del Reloj, que controlaba una de las principales puertas de acceso y todavía se mantiene en buen estado de conservación.

Curiosamente, el nombre actual de Sighişoara no le fue asignado por los sajones de Transilvania, que se referían a la villa como Segesvár, sino por un príncipe de Valaquia que pasó unos años de exilio en la ciudad. Conocido como Vlad Dracul, más tarde fue rey con el nombre de Vlad II. Y quiso el destino que su hijo, en adelante el rumano más ilustre de todos los tiempos, fuera a nacer en esta villa. No es difícil suponer que se trata del famoso Vlad Ţepeş, o Empalador, que sustituyó a su padre en el trono con la denominación de Vlad III. Hubo que esperar hasta 1600 para que el monarca Mihai Viteazul consiguiera reunir a Valaquia, Transilvania y Moldavia bajo su persona, aunque solo durante seis meses. La unión definitiva, que dio lugar a Rumanía prácticamente como hoy la conocemos, llegó tras la I Guerra Mundial.

Ambas guerras mundiales y el infausto período comunista que vivió Rumanía respetaron bastante a Sighişoara, que hoy día muestra un aspecto similar al que tuvo en la época medieval. De las siete villas fortificadas que los sajones fundaron en Transilvania es la que se conserva en mejor estado. La mayoría de los puntos de interés están ubicados en la ciudadela en sí, situada en lo alto de una colina. Allí pueden verse varias de las torres que protegían la ciudad, así como diversas casas de apariencia gótica o renacentista. Entre ellas está la vivienda donde los locales aseguran que nació Vlad III en 1431. Es fácilmente reconocible por el dragón que cuelga a su entrada, relacionado con el término del que deriva el sobrenombre Dracul aplicado a su padre.

Durante el siglo XV, en uno de los escasos períodos de calma, los sajones de Sighişoara decidieron que las condiciones de vida en lo alto de la colina no eran las mejores y comenzaron a asentarse a su sombra, en la orilla del río Târnava Mare. Esta parte baja de la villa es mucho menos genuina que la anterior, aunque mantiene algunas edificaciones interesantes, como la curiosa iglesia de los Leprosos. Aquí se realizaban ceremonias religiosas para estos enfermos en el siglo XVII, a pesar de que no les estaba permitido el acceso al interior del templo. Ya no quedan leprosos en la ciudad, como casi tampoco sajones, que en su inmensa mayoría retornaron a Alemania tras la II Guerra Mundial y la caída del comunismo. Dejaron tras de sí esta auténtica joya que pude apreciar en 1993, quizás la más hermosa ciudadela medieval en Europa Central.

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4 pensamientos en “Una joya sajona

    • En realidad hubo varios asentamientos germanos en Transilvania, que se prolongaron incluso hasta bien entrado el siglo XX. Los habitantes de estas localidades llegaron a conservar sus costumbres y hasta su lengua, no era raro oír hablar alemán en sus calles. Tras la caída del comunismo la mayoría retornaron a su país, probablemente debido a la apertura que ello supuso, y en la actualidad quedan pocos. Pero ésta es una ciudad que merece la pena visitar, es muy bonita.

      Muchas gracias por tu aportación.

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  1. Y de aquella zona recuerdo también las iglesias fortificadas, como la de Biertran. Si no recuerdo mal, también Patrimonio de la Humanidad.
    Buenos recuerdos todos ellos, aunque tuve un problema al pasar la fotos del ordenador a un disco dura externo y se me volatilizaron buena parte de las fotos de Rumania. Por suerte las tenía impresas en “fotolibro” como hago en todos los viajes.
    Fíjate que en blog solo tengo una entrada de Bucovina…en fin…penas del viajero…

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    • Las iglesias fortificadas son una asignatura pendiente, no he visto ni siquiera la de Prejmer y mira que he estado veces cerca. Espero ver alguna en mi próximo viaje a tierras rumanas.

      Lo de las fotos es una pena, aunque entiendo que no las has perdido del todo. Si las tienes en papel siempre podrás escanearlas de alguna manera, supongo.

      Muchas gracias por tu aportación.

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