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Supervivientes del totalitarismo

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Si hay alguna medida en la que coinciden todos los totalitarismos que en el mundo han sido es en el intento de eliminación sistemática de todo lo que recuerde a regímenes anteriores y no coincida con las ideas propias. Unos destruyen imágenes de Buda, otros derriban estatuas de líderes no afines. Los hay que arrasan ciudades por completo y los que adaptan edificios de una creencia religiosa a la suya propia. En ciertos lugares queman libros, en otros imponen velos. Tras el triunfo de la revolución bolchevique, oficialmente atea, en Rusia comenzó la destrucción de símbolos relacionados con la religión ortodoxa imperante en el país. En el mismísimo Kremlin de Moscú, la joya de la corona zarista, se llegó incluso a derribar edificios históricos de incalculable valor, como el monasterio Chudov o el convento de la Ascensión. Sin embargo, un destello de sentido común los detuvo antes de atacar las joyas contenidas en la llamada plaza de las Catedrales, asimismo localizada en el interior del famoso recinto moscovita.

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El acceso al Kremlin estuvo prohibido a los visitantes durante décadas, y fue solo bajo el régimen ligeramente aperturista de Khruschev cuando empezó a reabrirse poco a poco el acceso al recinto. De esta manera, tanto los turistas como los ciudadanos de a pie pudieron empezar a disfrutar de nuevo de los siete grandiosos edificios que rodean la mencionada plaza, situada en el mismo centro del Kremlin. Entre ellos se encuentran tres templos que son considerados catedrales ortodoxas. Denominada localmente Uspenski Sobor, la catedral de la Asunción es una de las iglesias más antiguas de la ciudad, con sus tres cúpulas doradas elevándose al cielo. Como suele ser habitual en los templos ortodoxos su interior está cubierto por frescos e iconos, algunos de ellos antiquísimos.

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La cercana catedral del Arcángel Miguel, o Arkhangelsky Sobor, presenta una cúpula dorada central de superior altura a las dos laterales. Fue construida algo después que la anterior y, como ella, contiene valiosos frescos e iconos de los siglos XVI y XVII. Este templo fue usado durante varios siglos como lugar de entierro de los zares, y las tumbas de medio centenar de ellos aún se encuentran aquí. Entre ellas la del famoso Iván Grozny, héroe nacional ruso más conocido en Occidente como Iván el Terrible. Tal apodo no parece del todo exagerado si se tiene en cuenta que, entre otras hazañas, mató a su propio hijo en un arrebato de furia y mandó ahogar a una de sus mujeres porque no estaba del todo convencido de su virginidad previa.

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Además de una tercera catedral, la de la Anunciación o Blagoveschensky Sobor, hay otros edificios religiosos destacados en este lugar. Por ejemplo la iglesia de los Doce Apóstoles, algo posterior a los templos anteriores pues fue construida ya en el siglo XVII. Al contrario que el resto de edificaciones que rodean la plaza, ninguna de sus tres cúpulas es dorada y fue seriamente dañada durante la revolución bolchevique, por lo que hubo de ser casi totalmente reconstruida. Más antigua es la iglesia del Manto de la Virgen, del siglo XV y con solamente una cúpula, dorada en este caso. Y no hay que olvidar el campanario de Iván el Grande que, con sus más de ochenta metros, es la construcción más elevada del Kremlin y se le consideraba situado en el centro geográfico de Moscú.

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Pero las maravillas en forma de edificios religiosos que conserva Moscú no se acaban en el Kremlin. Muy cerca de allí se levanta la conocida como catedral de San Basilio, llamada en realidad Pokrovsky Sobor, o catedral de la Protección. Este edificio es seguramente la imagen más representativa de la ciudad con sus características nueve cúpulas de diferentes colores y típica forma bulbosa. Fue Iván el Terrible quien ordenó su construcción a mediados del siglo XVI y se localiza en uno de los laterales de la Plaza Roja, al otro lado de los muros que rodean el Kremlin. Comparado con su exhibicionismo exterior, el interior resulta algo decepcionante pues allí rigen los principios de recogimiento habituales en los templos ortodoxos. El aspecto modernista, con varios siglos de anticipación, de esta obra maestra ha sido a la vez su casi perdición y su fortuna. Varias veces ha sido ordenada su destrucción, se dice que una de ellas por Napoleón, pero nadie, ni siquiera ese icono del laicismo apodado Stalin, se ha atrevido a dar el paso definitivo para acabar con ella.

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4 pensamientos en “Supervivientes del totalitarismo

    • A mí también me gustó mucho Moscú, y no solo el Kremlin y la Plaza Roja sino el centro de la ciudad en general. Es una de esas ciudades que no tienen demasiado buena fama y no sé muy bien a qué es debido.

      Muchas gracias por tu comentario.

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    • ¿No habéis estado en Rusia, Maria Teresa? Moscú y San Petersburgo son dos ciudades muy diferentes pero de mucho interés ambas. Particularmente prefiero la primera, a pesar de que la segunda tiene más fama. Incluso tiene un museo, el Museo Pushkin, cuya colección pictórica no tiene nada que envidiar a la del famoso Hermitage.

      Un abrazo.

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