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El ojo del mar

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Se conoce como Tatra a una cadena montañosa que constituye el flanco norte de los Cárpatos, actuando como división entre Polonia y Eslovaquia. Sus cimas llegan a superar los dos mil seiscientos metros de altitud, lo que las convierte en las más elevadas de esa cordillera que se extiende por casi toda Europa Oriental en forma de arco gigantesco. También son las que presentan el perfil más abrupto de todo este sistema montañoso, una orografía juvenil que les da un aspecto muy similar a esos picos alpinos que se elevan unas centenas de kilómetros hacia Occidente. Corrobora este hecho la imagen afilada del monte Rysy, cuya cúspide llega a los dos mil quinientos metros dividiéndose en tres crestas, una de los cuales constituye el punto más alto de Polonia mientras que las otras dos forman ya parte del vecino estado eslovaco.

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Los polacos llaman Podhale, literalmente praderas bajo la montaña, al territorio localizado al pie de los montes Tatra, un área rica en leyendas y que mantiene unas tradiciones características. Se trata de una zona predominantemente campesina, famosa en el país por su apreciada gastronomía y adonde los locales suelen dirigirse cuando quieren practicar deportes de invierno. Muy popular resulta por tanto la pequeña villa de Zakopane, situada al fondo de un valle que se extiende entre los Tatra y una montaña conocida como Gubałówka, ante la atenta vigilancia del monte Rysy. Mediante un funicular es posible subir hasta la cima de aquella, considerablemente menos elevada que éste. Desde allí se disfruta de una espectacular vista de todo el macizo montañoso, que muestra al visitante todos los encantos de su joven anatomía.

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El germen de la ciudad de Zakopane fue el establecimiento de un puñado de campesinos en una pradera protegida por una montaña, a la usanza de la zona. Esto ocurría a finales del siglo XVII y poco a poco el número de pobladores, atraídos por una industria minera en sus albores, fue aumentando. Ya en el siglo XIX la villa se hizo muy conocida por las propiedades saludables de su clima, recomendado para tratar algunas enfermedades infecciosas muy habituales en la época. Durante la oscura dictadura comunista, que dominó el país durante varias décadas, Zakopane se puso de moda como lugar de vacaciones para las clases pudientes. Y, como sucedió en todos los países que sufrieron regímenes prosoviéticos, las habituales monstruosas y grises edificaciones de hormigón también hicieron acto de presencia aquí.

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Pero incluso los comunistas polacos no se atrevieron a destruir las muestras de la característica arquitectura local que aún pueden verse en la ciudad. Denominada estilo Witkiewicz o estilo Zakopane, esta peculiar forma de construir viviendas y edificios religiosos se inspiró en el arte regional de la zona de Podhale, añadiendo ese toque modernista tan de moda en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX. El modelo a imitar fue la llamada villa Koliba, diseñada por el arquitecto que dio nombre a esta tendencia artística y que ahora es una suerte de museo a ella dedicado. De ahí fueron surgiendo numerosos ejemplos que, tras el impasse vivido durante el periodo prosoviético, se han ido incluso incrementando en los últimos tiempos dando a las calles de Zakopane un aspecto muy atrayente.

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Sin embargo, el principal atractivo de Zakopane no radica en sus peculiares construcciones sino en su entorno. Auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza y los deportes de invierno, aquí pueden hacerse rutas de senderismo para todos los niveles. Desde los que nos conformamos con dar una vuelta por las praderas que rodean la villa para admirar la hermosura del paisaje, hasta los que se atreven a trepar a alguna de las cumbres del monte Rysy. En todo caso es muy recomendable llegar hasta un lago situado al pie de esta montaña, que es conocido entre los locales como Morskie Oko, es decir el ojo del mar. Tan curioso nombre se debe a una vieja leyenda que asegura que el lago comunica con el mar a través de un pasaje subterráneo. Y a la vista de su particular encanto no debería descartarse en absoluto que así fuera.

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2 pensamientos en “El ojo del mar

    • Yo estuve en verano y había poca gente, pero probablemente ahora sea distinto porque hace muchos años ya. Creo que entonces la asistencia, fundamentalmente de gente local, era mayor en invierno.

      Muchas gracias por tu aportación.

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