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Oro etéreo

Hace poco más de medio siglo, esa especie de grano que le sale a la Península Arábiga y responde a la denominación de Qatar era un lugar polvoriento y casi deshabitado. Su escasa población estaba formada por un puñado de tribus nómadas, aparte de algún asentamiento cuyos habitantes se dedicaban fundamentalmente a la pesca y la más lucrativa actividad del cultivo de perlas. La práctica totalidad de su superficie, formada por una inmensa llanura desértica cuya altura máxima apenas alcanza el centenar de metros, estaba imposibilitada para la práctica de la agricultura debido a la escasez del líquido elemento. El futuro, por tanto, no parecía demasiado prometedor para los aproximadamente treinta o cuarenta mil ciudadanos que componían el entonces protectorado británico. Pero un buen día, repentinamente, Alá vino a verles.

En la década de los años sesenta del siglo pasado fueron descubiertas inmensas reservas de petróleo y gas natural en los aproximadamente diez mil kilómetros cuadrados que componen el territorio qatarí. Poco tiempo después el país obtenía la independencia, pero su crecimiento estaba todavía frenado por la escasez de residentes y la timidez de un pueblo que durante unos años más siguió encerrado en sí mismo. Hasta que por fin llegó la explosión, tanto demográfica como económica. Respecto al primero de estos indicadores, la población del emirato se ha multiplicado por cuatro en los últimos cincuenta años. Mientras que la prueba del crecimiento desmesurado de su economía es que, según datos del Fondo Monetario Internacional, Qatar era en 2008 el país con renta per capita más elevada del Planeta.

Los parámetros que caracterizan el país tienen una fiel representación en Doha, capital y única ciudad de Qatar. Apenas un pueblo durante el protectorado británico, en la actualidad supera el millón de habitantes, lo que supone más de un 60% del total del estado. Como sucede en el resto de la nación, esta auténtica explosión demográfica es debida fundamentalmente a la llegada de inmigrantes, procedentes sobre todo del Subcontinente Indio, que aquí encuentran oportunidades que les están vedadas en sus lugares de origen. En diciembre de 2006 tuve ocasión de comprobarlo in situ paseando por las calles de la ciudad, donde en barrios enteros no se aprecian prácticamente trazas de población autóctona. Con frecuencia tenía la sensación de encontrarme en alguna localidad india o paquistaní.

Aunque los depósitos de petróleo en el emirato qatarí son considerables, su economía se sustenta fundamentalmente en las interminables bolsas de gas natural sobre las que se asienta su territorio. Baste el dato de que este pequeño país, al que algunos denominan la Arabia del gas, es el tercer exportador mundial de este producto, lo que reporta unos enormes beneficios a sus dirigentes. Conscientes de que estos hidrocarburos son perecederos, a pesar de que las reservas que posee Qatar le aseguran el futuro durante muchas décadas, en los últimos años las autoridades se han implicado sobremanera en actividades alternativas. Así, han tomado medidas como impulsar las empresas de tecnología punta que se han establecido en el estado o desarrollar la llamada Ciudad de la Educación, de cara a asegurar o incluso incrementar el espectacular desarrollo vivido por esta nación en los últimos tiempos.

El principal reflejo de tanta abundancia está en el skyline de Doha, que no ha dejado de crecer durante el periodo de bonanza. Diferentes proyectos siguen desarrollándose a velocidad de vértigo, sin verse demasiado afectados por la crisis mundial vivida en los últimos años. La penúltima apuesta de las autoridades qataríes para dar aún más visibilidad a su potente economía fue solicitar, con resultado positivo, la organización del Mundial de Fútbol de 2022. Hecho un tanto sorprendente, pues se trata de un lugar sin ninguna tradición en este deporte y que, debido a su estricta climatología, seguramente obligará a cambiar las fechas tradicionales en las que se celebra el evento. Los que conocemos un poco la enorme pujanza de Qatar creemos que el éxito está asegurado. Aunque vendría bien que sus líderes tomaran decisiones encaminadas a un reparto algo más justo de la riqueza. Porque como dice un viejo refrán español, cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar.

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4 pensamientos en “Oro etéreo

  1. Sobre los trabajadores provenientes del subcontinente indio, he leido historias espantosas de como los tratan en Dubai (condiciones de vivienda, de trabajo, etc muy deplorables)… sera la misma situacion en Qatar?

    Saludos viajeros!

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    • Cuando estuve en EAU tuve esa sensación también, y en Qatar debe ser más o menos lo mismo. En el fondo creo que los temen porque saben que son mucho más que ellos y tienen miedo a que se organicen y exijan derechos. Curiosamente, creo que no ha habido revueltas aún, al contrario que en Bahréin donde el número de inmigrantes es considerablemente menor.

      Muchas gracias por tu aportación.

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      • Tienes razón, de que los superan en numero es un hecho… yo creo que algún día la situación cambiara solo espero que no sea violentamente :S

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