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Dos burgos históricos

Aunque no suele ser un destino primordial para la mayoría de los viajeros, la ciudad de Luxemburgo no carece de atractivos para el visitante. Construida en el siglo X en torno a un castillo, su casco antiguo y sus fortalezas fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Capital del país homónimo, Luxemburgo es actualmente una pequeña villa de poco más de ochenta mil habitantes, con una bien ganada fama de tranquilidad y una excepcional calidad de vida. No en vano este minúsculo estado lidera desde hace años el ranking mundial del P.I.B. per capita y suele decirse que es un lugar donde nunca pasa nada, factor muy beneficioso de cara a las condiciones de vida de sus habitantes, al menos bajo mi punto de vista.

Transcurría el verano de 1997 cuando llegamos a la capital luxemburguesa procedentes del vecino país de Bélgica. Siempre me han parecido envidiables las comunicaciones en esta parte de Europa y la situación de la ciudad de Luxemburgo es óptima. Queda a menos de doscientos kilómetros de Bruselas, aproximadamente a trescientos de Frankfurt y a unos cuatrocientos de París, factores que influyen mucho en el alto índice de desarrollo que se disfruta en la zona. El casco histórico de Luxemburgo es pequeño y fácil de visitar. La parte más antigua de la ciudad está situada sobre una colina y desde sus muros se tienen excelentes vistas de los barrios por donde se extendió la villa más adelante. Predomina el color verde de los múltiples árboles que se ven por doquier, contrastando con el ocre y el gris de las viejas construcciones. Todo ello aderezado con el brillante azul del nítido cielo luxemburgués en esa época del año me dio una sensación de color, muy alejada de la grisura que al norte de Europa se le supone.

A unos ciento setenta kilómetros al sureste se encuentra la ciudad francesa de Estrasburgo, situada prácticamente en la frontera con Alemania y hacia donde nos dirigimos tras decir adiós a la capital luxemburguesa. Al igual que sucede con ésta, el casco histórico de Estrasburgo está declarado Patrimonio de la Humanidad, en este caso desde 1988. Ciudad más poblada y con más renombre para el viajero, da una menor impresión de tranquilidad al estar sus calles copadas por los visitantes, con lo que pierde algo de encanto. Pero ello no resta un ápice de interés a esta villa, de aspecto mucho más alemán que francés y cuyo patrimonio histórico es sin duda formidable.

Sería difícil entender esta ciudad alsaciana sin la presencia del río Ill. Este afluente del Rhin forma una isla en la zona, que fue el germen a partir del cual se desarrolló toda la población en sí. De ahí que el casco histórico de Estrasburgo, conocido localmente como Grande Île, esté situado en ella y sea en ese lugar donde se localizan los puntos de mayor interés. Grande Île está comunicada con el resto de la villa por más de veinte puentes, algunos de ellos de gran valor histórico, y alberga diversas muestras de arquitectura medieval. Allí se encuentra también el barrio llamado Petite France, famoso por sus típicas casas del siglo XVI con su estructura de entramado de madera y adornadas con numerosas flores. A este sitio se accede por los no menos conocidos Ponts Couverts, conjunto de tres puentes junto a los que se sitúan cuatro torres de vigilancia datadas en el siglo XIV.

Pero la joya de la corona en Estrasburgo es su catedral. Grandioso ejemplo de gótico tardío, su construcción duró desde el siglo XI hasta el XV con predominio de esa piedra arenisca a la que debe su característico color. Dispone de una única torre, que se eleva a más de ciento cuarenta metros y fue el punto de mayor altura en cualquier edificación occidental durante varios siglos. Ha sufrido diversas vicisitudes en el pasado, desde ataques en diversas contiendas que incluyen la Segunda Guerra Mundial hasta amenazas islamistas de volarla no hace demasiado tiempo. Por suerte aún sigue allí para que podamos admirarla. Y que mejor manera de hacerlo que desde la terraza de algún cercano café en la agradable compañía de una cerveza Kronenbourg, otra joya alsaciana que se lleva elaborando en la villa desde tiempos inmemoriales.

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2 pensamientos en “Dos burgos históricos

    • Creo que te gustarán cuando vayas, especialmente Estrasburgo y el resto de la Alsacia. Con lo que te gusta Francia, en tierras alsacianas lo ibas a pasar muy bien, seguro. La verdad es que lo tienen todo: una excelente arquitectura popular, pueblos con mucho encanto, fortalezas excepcionales como la de Neuf Brisach, catedrales como la de Estrasburgo, buena gastronomía…Espero volver por allí para conocer otros lugares.

      Muchas gracias por tu aportación.

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