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A la caza del monasterio

A pesar de que mis creencias estén situadas lo más alejadas posible de ese fundamentalismo que en pleno siglo XXI parece haber renacido con fuerza, no puedo negar que soy un apasionado del arte religioso en general. Y entre las numerosas manifestaciones mediante las que se expresa, si hay una por la que siento especial predilección son los monasterios. Habitualmente situados en zonas remotas debido a la decisión de alejarse del mundo tomada por sus creadores, aúnan diversos conceptos arquitectónicos integrándolos en un entorno generalmente privilegiado y muy poco influenciado por la actividad humana. De modo que cuando visitamos Serbia en abril de 2006, algunas de estas edificaciones resultaban un aspecto clave en nuestro viaje.

Situado en la zona sur de Serbia, el monasterio de Studenica está considerado como el templo más importante para la Iglesia Ortodoxa del país. Empezó a ser construido a finales del siglo XII, cuando el rey Stefan Nemanja decidió abdicar en favor de uno de sus hijos y dedicarse a la vida monástica en este lugar. Aunque el monarca, también santo para los ortodoxos serbios, abandonó más tarde Studenica para retirarse a otro monasterio, fue enterrado aquí tras su fallecimiento. A partir de ese momento el cenobio comenzó a ser punto de peregrinación para los habitantes en la Serbia medieval, hasta que en el siglo XV una invasión turca lo afectó seriamente. Más adelante fue rehabilitado y desde entonces no ha perdido su primacía como iglesia matriz para los creyentes ortodoxos locales.

Studenica consta de un recinto fortificado, con parte de lo que antiguamente debieron ser poderosas murallas constituyendo diversas dependencias monásticas en la actualidad. En su interior se encuentran varias iglesias, estando la más importante de ellas dedicada a la Virgen. Contiene este templo un buen número de frescos, entre los que se conservan algunos originales del siglo XIII. La llamada iglesia del Rey data del siglo XIV y fue construida en honor de Stefan Milutin, descendiente de Stefan Nemanja. En ella pueden admirarse importantes pinturas murales de estilo bizantino, incluyendo una representación del fundador con el templo en sus manos a la manera habitual en las iglesias ortodoxas. Interesantes imágenes, algunas del siglo XII, decoran también las paredes de la pequeña iglesia de San Nicolás, situada cerca de las anteriores.

Fue el abuelo de Stefan Milutin, el rey Stefan Uroš, quien mandó construir el monasterio de Sopoćani, localizado al sur del anterior, muy cerca ya de Kosovo. Obligado a abdicar por su hijo, de nombre Stefan Dragutin, el fundador del cenobio pasó en él sus últimos años y aquí fue enterrado tras su muerte. Como casi todas las iglesias de la zona, Sopoćani hubo de sufrir diversos ataques por parte del ejercito otomano, que finalmente consiguió saquearla y dejarla envuelta en llamas. El templo resultó seriamente afectado y fue abandonado durante más de doscientos años, hasta que ya en el siglo XX el complejo fue restaurado y algunos monjes volvieron a establecerse en este lugar para ellos sagrado.

Los frescos de Sopoćani gozan de una bien merecida fama entre los expertos y se han conservado milagrosamente casi intactos, a pesar de haber pasado tantas décadas a la intemperie. Compuesto por una sola iglesia, aún quedan restos de la muralla que rodeaba el recinto. Aparte de sus maravillosas pinturas murales, destaca en el complejo el magnífico campanario bizantino de la basílica. La elegante torre está unida al cuerpo principal del templo mediante una especie de porche conocido como narthex, que forma parte del edificio pero no pertenece a él como tal, cuya función era la de permitir la asistencia a los oficios religiosos a gente de fuera de la congregación, que debían situarse en ese lugar. Una más de tantas joyas escondidas en los bosques que cubren las laderas de los Balcanes.

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2 pensamientos en “A la caza del monasterio

  1. Muy buen post Floren, as usual. Como complemento al tuyo, yo estuve viendo los monasterios al norte de Serbia. Cerca de Novi Sad hay un parque nacional llamado Fruska Gora que es famoso porque lo eligieron como ultimo reducto de cristianismo ortodoxo serbio ante el avance del Imperio Otomano.

    Habia decenas de pequenhos monasterios esparcido por una zona apartada, poco transitada y donde era facil esconder a gente que se resistia a los turcos.

    Aun quedan 17 activos y la gente mas tradicional hace la peregrinacion a pie. Tienes que ir en coche, eso si, que estan un poco en medio de la nada. Yo lo recomiendo mucho para el que vaya a Serbia.

    Saludos

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    • Novi Sad es un destino que me atrae mucho y cada vez más destacado en diversos medios turísticos. Sobre los monasterios de Fruska Gora lo desconocía casi todo, hasta que me hablaste de ellos y leí algo en tu web.

      La verdad es que los Balcanes y los Cárpatos almacenan una colección casi interminable de lugares de interés. Tan solo en Rumanía he visitado aproximadamente una decena de monasterios muy atractivos, y es solo una pequeña parte de los que todavía existen en el país. Y unos que tengo enormes ganas de ver están excavados en la roca en la región búlgara de Ivanovo, con iglesias que incluyen frescos pintados directamente sobre la piedra.

      Muchas gracias por tu aportación.

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