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Un legado infausto

Cuando los europeos fuimos abandonando los territorios del África Subsahariana que habíamos ocupado durante siglos, aparte de desposeer a sus habitantes de buena parte de sus recursos y legarles algún bien cultural como nuestros idiomas, les dejamos también una herencia envenenada: las fronteras, que diversificaron a la población autóctona llevándola a formar parte en muchos casos de países diferentes. En efecto, la africana era, y aún sigue siendo, una sociedad tribal, nada acostumbrada al hecho de que etnias distintas tengan que compartir un mismo territorio y pasar a vivir bajo el manto de un mismo estado. De aquellos polvos surgieron estos lodos y nos hemos ido tristemente acostumbrando a guerras terroríficas en el continente africano, contiendas interétnicas donde se suceden las más terribles atrocidades y los muertos se cuentan por cientos de miles.

Uno de los escenarios donde la estupidez de las fronteras trazadas se demuestra fácilmente es en los actuales estados de Senegal y Gambia. Tan solo cuando estuve por la zona y hablé algo con la gente pude darme cuenta de que a un territorio como el senegalés, compartido por decenas de etnias con idioma y cultura diferentes, no puede encorsetársele con el concepto que tenemos los europeos de país. Cierto es que existe un grupo mayoritario, los wolof, que domina todas las instituciones e intenta imponer su cultura e idioma al resto. Imposiciones no muy bien aceptadas por alguna que otra del resto de etnias con las que comparte territorio, por cierto. Curiosamente hay otro concepto foráneo, también importado aunque no desde Europa, que ejerce de cierta amalgama en el inestable equilibrio que vive este estado. Se trata de la religión islámica, que en Senegal se impuso hace tiempo a las religiones animistas tradicionales y es claramente mayoritaria en la actualidad.

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Quienquiera que fuese el lumbreras que trazó las fronteras senegalesas no tuvo mejor idea que incluir dentro de ellas el territorio tradicionalmente ocupado por los diola. Las costumbres de este grupo distan mucho de las de sus compatriotas norteños y en ellas la tradición ocupa un lugar predominante. Su mayor arraigo a las prácticas animistas y el hecho de ser poco proclives a aprender wolof los han convertido en muchos casos en víctimas de la etnia dominante, que los ha incluso desposeído en ocasiones de sus tierras con el fin de asignárselas a colonos procedentes del norte del estado. Todo ello constituyó el germen de un movimiento independentista surgido en la década de los ochenta del siglo pasado, que desde entonces lucha fieramente contra las tropas gubernamentales senegalesas. Aunque últimamente parece que las cosas están más calmadas, los diola no renuncian en absoluto a que sus costumbres y tradiciones sean respetadas.

Pero si de veras se pretende ser testigo de un anacronismo en la zona hay que cruzar la frontera del vecino estado de Gambia, completamente rodeado por Senegal excepto en el área costera que se extiende a lo largo de una estrecha franja alrededor del río homónimo. Nada más cruzar a territorio gambiano el idioma europeo con el que te puedes entender con la población local cambia de francés a inglés. No hace falta indicar que la causa de que actualmente sean dos países diferentes se debe a la distinta nacionalidad de los europeos que ocuparon su territorio en el pasado. Evidentemente las etnias residentes en Gambia son las mismas que en Senegal a pesar de que el porcentaje de población wolof sea inferior aquí, constituyendo los mandinka el grupo mayoritario.

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Abstrayéndose del hecho de que los choques tribales suelen ser a menudo terribles, hay que destacar la riqueza cultural que aporta la convivencia de decenas de etnias, cada una con su idioma, cultura y tradiciones, en esta zona del oeste africano. Por poner un ejemplo, allí cualquiera habla un buen número, tirando por lo bajo seis o siete, de idiomas distintos. Lenguas con una raíz completamente diferente, cuya inmensa mayoría no se enseñan en las escuelas sino que se aprenden en el trato diario con la gente. Por lo tanto, cuando me cruzo con alguno de esos que en Europa llamamos sin papeles lo miro con respeto, pues seguramente sea una persona de vasta cultura. Porque en el fondo los europeos tenemos contraída con ellos una enorme deuda, que tristememente nunca llegaremos a pagar del todo.

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4 pensamientos en “Un legado infausto

  1. Este tema lo hemos comentado Jordi y yo varias veces. cuando vemos las luchas y masacres entre etnias…que han sido obligadas a compartir territorio.
    No se que pensaron cuando dividieron con tiralíneas….ahora lo está pagando todo un continente.

    Un saludo!

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    • Tienes toda la razón con lo del tiralíneas. Si miras muchas fronteras africanas, entre ellas la de Senegal y Gambia verás que ha sido justamente así, y es muy triste. Da grima ver que gente que pertenece a la misma etnia ahora estén separados incluso por el idioma foráneo que les ha sido impuesto.

      Muchas gracias por tu aportación.

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  2. Interesante artículo y que da pie al debajo. La verdad es que el mosaico étnico del continente no tiene fronteras, de manera que de mandingas, bambaras o sarakule podemos encontrar en varios estados, separados solo por unas fronteras pseudoficticias.
    Sin embargo, me sigue llamando la atención que bastantes de estos pueblos mantengan gran parte de su cultura, ritos, creencias (aunque el Islam se haya introducido hasta en el País Dogón) e incluso lengua. La cual cosa no ha sucedido en Europa, donde un provenzal o un bretón son, en lineas generales, casi homologables, fagocitados en este caso por el estado francés, y bien poco conservan ya de su cultura, y nada, de su idioma.
    Y suerte hubo de las “bolsas de resistencia” que se mantuvieron en Europa, en la segunda mitad del siglo XX, que si no lo mismo hubiera pasado con la cultura armenia, lituana, euskara o georgiana, por ejemplo, que hubieran desaparecido, junto con sus idiomas, como tantas y tantas otras.
    En fin, perdona por el rollo….

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    • Nada de rollo, Jordi, estoy bastante de acuerdo con tu disertación. La imposición cultural de unos pueblos sobre otros ha sido una constante a lo largo de la Historia. Por suerte para ellos entre las tribus africanas ha sucedido menos, salvo en casos aislados cuando se producían luchas tribales que llegaron a prácticamente acabar con pueblos enteros, como los bosquimanos por ejemplo. Pero en África Occidental las diferentes etnias convivían en armonía en general hasta que llegamos los europeos y les impusimos nuestras fronteras. También les llevamos nuestra religión que, junto con el Islam, son la base de los conflictos actuales. Por desgracia, creo que esto ya no tiene remedio e irá a más con el tiempo.

      Muchas gracias por tu aportación.

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