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Un jardín en el desierto

Entre los siete emiratos que componen el estado conocido como Emiratos Árabes Unidos, Abu Dhabi es con diferencia el de mayor tamaño. Su territorio ocupa algo más del 85% del total del país, extendiéndose por todo el sur y buena parte del este del mismo. La mayor parte de su superficie está cubierta por el desierto de Arabia, por lo que su población se concentra fundamentalmente en la ciudad homónima, una de las más modernas del mundo y donde están situadas la sede del Gobierno de la nación y la residencia del emir. Diametralmente opuesta, tanto geográfica como culturalmente, se halla la localidad de al-Ain, localizada junto a la frontera del vecino sultanato de Omán y donde aún es posible rememorar algunas de las tradiciones ya casi perdidas en este país de centelleante evolución.

La denominación de al-Ain se traduce como la fuente y al acercarse a la ciudad van surgiendo evidencias de su carácter de oasis, en contraposición con el desértico paisaje predominante en los alrededores. Existen en el subsuelo abundantes pozos, que se emplean para establecer un sistema de irrigación remoto conocido como falaj y que permite incluso algún que otro cultivo en un área de pluviosidad tan escasa. No sé si debido a ello o al dinero, que surge por todas partes en forma de oro negro, en la villa se ven inmaculados jardines que parecen un contrasentido en medio de un desierto como éste. Su bien ganada fama de edén ha llevado a este lugar a ser un destino vacacional para los emiratíes, muchos de los cuales disponen aquí de una segunda vivienda donde pasar el fin de semana o relajarse de la agitada vida habitual en las grandes urbes del país.

A pesar de tener aproximadamente medio millón de habitantes, el ambiente en al-Ain sigue siendo bastante tradicional, sin comparación posible con el urbanismo exacerbado de Abu Dhabi o Dubai. La villa está considerada el centro cultural de Emiratos Árabes Unidos y diversas manifestaciones artísticas se suceden aquí a lo largo del año. Seguramente debido a la abundancia de agua subterránea, la zona ha estado poblada desde tiempos inmemoriales y restos arqueológicos pueden verse en el llamado jardín de Hili. También es posible visitar un palacio, alguna atractiva fortaleza y especialmente el sugestivo Museo Nacional, donde se muestran escenas de la tradicional forma de vida de la zona, ya casi perdida. Incluso tuvimos oportunidad de dar una vuelta por un auténtico mercado de dromedarios, algo impensable en el resto del estado.

A escasa distancia de al-Ain se encuentra la provincia omaní de al-Buraimi. Aunque aquí también se usa el tradicional sistema de irrigación mediante aflaj, la impresión de verdor es bastante inferior y no se vislumbran esos jardines sin mácula del otro lado de la frontera. Tampoco existen esas amplias y perfectamente cuidadas avenidas, desde las que se aprecian multitud de flores naturales de climas sin duda más húmedos. Probablemente el oro negro no sea tan abundante en el sultanato de Omán como lo es en los emiratos vecinos. Pero, a cambio, al-Buraimi está compuesta por una serie de pequeñas localidades con una forma de vida más tradicional aún si cabe. En sus tranquilas calles pueden verse campesinos, ataviados con el típico turbante local y algunos con daga al cinto, vendiendo sus productos a los viandantes que por ellas circulan.

Como es habitual en el sultanato, en al-Buraimi existen diversas fortificaciones de interés. Destaca al-Hillah, situada en una estratégica posición en el centro del oasis y que fue construida para proteger parte de la ruta que llevaba mercancías hacia las localidades del Golfo Pérsico. También al-Khandaq, una de las más notables fortalezas omanís, que está protegida por un foso seco en todo su contorno. Tras dar una vuelta por la primera de ellas, donde en aquel momento éramos los únicos visitantes, nos acercamos a comprar unos plátanos a un vendedor que presentaba un aspecto algo fiero con su poblada barba negra. Una vez realizada la operación le pedí una moneda para mi colección. Al principio pareció sorprenderse, pues es papel moneda lo acostumbrado en el país, pero al entenderme recorrió todo el mercado hasta que dio con una. Le ofrecí unas divisas a cambio, pero las rechazó enérgicamente. Cuestión de hospitalidad, tema sagrado en Omán.

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