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El fumador de opio

De las seis etnias que habitan las colinas del norte de Tailandia la de los akha es la más numerosa, con un número de individuos que ronda los cien mil. Sus orígenes se remontan muchos siglos atrás y los expertos suelen situarlos en el Tibet, aunque algunos los localizan en Mongolia. No se sabe muy bien la razón por la que fueron poco a poco emigrando hacia el este, asentándose fundamentalmente en la región china de Yunnan, así como también en Laos y Birmania. Llegaron a Tailandia hace unos cien años, estableciendo numerosos poblados en las provincias norteñas de Chiang Mai y Chiang Rai, donde hoy día siguen viviendo sin integrarse demasiado en la sociedad local a la vez que mantienen sus ancestrales tradiciones.

Las aldeas akha están generalmente formadas por cabañas levantadas sobre pilotes, con un porche al comienzo y cubiertas por un tejado de paja. A la entrada de la población solían situar una especie de puerta de acceso con la función de detener allí a los malos espíritus. Pero esta costumbre se ha ido perdiendo con la conversión de muchos de ellos al cristianismo, relegando así sus prácticas animistas. Su medio de subsistencia ha sido desde siempre la agricultura, cultivando principalmente arroz y maíz, así como la ganadería a pequeña escala. Y al igual que ocurre con el resto de etnias que viven en esta zona de Tailandia, no despiertan mucha simpatía entre la población local, que suele referirse a ellos con el término peyorativo egaw.

Aunque bien harían los tailandeses en tratar mejor tanto a los akha como al resto de tribus de las colinas, que es como estas etnias son conocidas allí, pues sus tradiciones provocan una enorme atracción entre los turistas que visitan el norte del país. Hasta uno de sus poblados nos dirigimos desde la ciudad de Chiang Rai con el fin de entrar en contacto con unos seres por los que sentíamos una inusitada curiosidad. Y a pesar de que el entramado turístico que rodea estos lugares es evidente, particularmente la experiencia me resultó mucho más positiva que la que vivimos un tiempo después con la etnia karen. Al menos la presencia de extranjeros ofrece a estas personas, repudiadas hasta en su propia tierra, nuevas alternativas en su deseo de llevar una existencia digna.

Las mujeres akha tienen fama de extrovertidas así como de ser excelentes artesanas. Visten trajes llamativos, generalmente teñidos con índigo, pero lo más destacable en su aspecto son sus espectaculares gorros, decorados con monedas y botones de plata. Suelen ofrecer al visitante sus productos con una sonrisa, aunque dan la impresión de ser unas vendedoras un tanto agresivas. Los hombres, vestidos de manera mucho más simple, intentan mantenerse en la retaguardia, sea trabajando en el campo o a cobijo en sus viviendas. A pesar de que en el pasado ambos sexos se resistían a ser fotografiados, en la creencia de que junto con la imagen el visitante se llevaría su alma, actualmente no hacen ascos a situarse ante el objetivo, especialmente si la petición va acompañada de una propina.

Entre los productos que tradicionalmente cultivaban los akha destacaba el opio, bien para consumo propio o dedicado al comercio. En la actualidad las plantaciones de esta adormidera prácticamente han desaparecido en la zona, pero muchos de sus miembros siguen manteniendo una fuerte adicción a esta sustancia, algunos de cuyos síntomas me pareció adivinar en la mirada de un par de señoras entradas en años. Aunque nada comparable con lo que tuvimos oportunidad de ver en una cabaña donde, tal y como mandan los cánones, un miembro de la tribu tumbado sobre un costado nos dio una lección magistral de como se prepara y se fuma una pipa repleta de opiáceos. Dentro de su desgracia podría considerarse incluso afortunado, pues no había por allí ningún político que lo hiciera levantarse de su lecho para salir a fumar a la calle.

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2 pensamientos en “El fumador de opio

    • Sí, en Mae Hong Song también los hay. Estuvimos por allí pero cometimos el error de ir a visitar a las mujeres padaung, las famosas ‘mujeres jirafa’, algo de lo que me arrepentí con posterioridad.

      Muchas gracias por tu aportación.

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