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Portugueses de ojos rasgados

De aperitivo amêijoas à Bulhão Pato. Como entrada sopa do dia, seguida de carne de porco à Alentejana y serradura de postre. Para beber, cerveja Super Bock y un copo de vinho de Borba. Los camareros hablan portugués y el cocinero ha trabajado en varios restaurantes en Lisboa. Me siento como si estuviera en Portugal, en mi querido Alentejo, pero estoy a muchos miles de kilómetros de allí, en una pequeña península bañada por las aguas del Mar de la China Meridional.

Macao es un pequeño territorio, de menos de treinta kilómetros cuadrados de extensión, que estuvo bajo soberanía portuguesa durante más de cuatrocientos años, hasta que fue cedido a China en 1999. Aunque la gran mayoría de la población es de origen chino, no es difícil encontrarse aún con gente de ascendencia portuguesa, los llamados macaenses. Todavía puede escucharse el idioma portugués en sus calles y hay bastantes iglesias donde se puede asistir a una misa católica.

La entrada en Macao es bastante caótica. Hay numerosos ferries que llegan desde Hong Kong, lo que provoca una acumulación enorme de personas en la frontera, al menos a ciertas horas, y unas colas kilométricas para acceder al territorio macaense. Una vez pasados los engorrosos trámites fronterizos nos dirigimos en busca de un taxi que nos lleve al centro de la ciudad. En realidad, casi todo en Macao es ciudad. Se trata de uno de los lugares más poblados del mundo, con una densidad de población de unos veinte mil habitantes por kilómetro cuadrado.

Intercambio unas palabras en idioma luso con el taxista. Tanto mi portugués como el suyo son muy básicos pero conseguimos entendernos y nos deja por fin cerca de las ruinas de la iglesia de San Pablo. Esta zona de la ciudad está llena de interesantes muestras de arquitectura colonial. Se trata de edificios construidos por los lusitanos a lo largo de los años y le dan a Macao una imagen única en China. Bajamos lentamente hacia la Plaza del Senado, cuyo pavimento de piedras blancas y negras dándole un aspecto ondulado me trae nostálgicos recuerdos de Lisboa.

Los principales negocios en territorio macaense en la actualidad son el turismo y el juego. Se trata del único lugar de China donde puede apostarse de forma legal, por lo que los casinos han proliferado y ya hay más incluso que en Las Vegas. Altos rascacielos de arquitectura futurista rodean a los edificios coloniales del centro histórico. Cuando tomamos el ferry de vuelta hacia Hong Kong no puedo evitar dudar de que el legado portugués aún visible en Macao perdure por mucho tiempo. Sería una auténtica lástima que se perdiera.

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