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Propiedad de la selva

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Cuando arqueólogos franceses llegados a comienzos del siglo XX al territorio entonces conocido como Indochina se dieron de bruces con el templo de Ta Prohm en medio de la foresta, tomaron una decisión no muy habitual. Intentaron dejarlo en el estado más parecido posible a como lo habían encontrado. Pretendían con ello dejar una muestra del modo en que la selva se había ido apoderando poco a poco del complejo de templos de Angkor, llegando a ocupar por completo una vasta extensión de terreno que había disfrutado de un pasado esplendoroso siglos atrás. Y es que en la dura lucha por el espacio vital que en el Planeta Tierra mantienen la obra del hombre y la naturaleza, llevaba ésta aún las de ganar en aquellos tiempos, al contrario de lo que suele ser habitual hoy día.

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No es que aquellos estudiosos no tocaran ni un ápice de lo que veían sus ojos, pues con el fin de dar acceso a las ruinas numerosos árboles debieron ser talados y una amplia extensión de selva limpiada. Pero respetaron diversos ejemplares, ya centenarios muchos de ellos, que se erguían en dirección al cielo desde las paredes y sobre los santuarios del recinto, mientras sus raíces se retorcían hacia su encuentro con la tierra en busca de alimento. Dicen los expertos que estas criaturas pertenecen fundamentalmente a dos especies distintas. La que presenta raíces más poderosas es del género tetrameles, mientras que aquella cuyas terminaciones parecen más longilíneas es uno de los muchos tipos de ficus que existen.

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Ta Prohm es un templo completamente atípico, no solo por el estado en que se encuentra sino también porque la estructura de sus construcciones es plana en lugar de piramidal, como suele ser habitual en Angkor. Está constituido por un santuario central rodeado por cinco muros concéntricos, a los que se accede mediante gopuras que apuntan a cada uno de los puntos cardinales. La superficie resultante es considerable, como lo prueban las medidas del rectángulo exterior: un kilómetro por seiscientos cincuenta metros. Parece ser que esta zona más alejada del foco sagrado albergaba una ciudad de algo más de doce mil habitantes, a los que se unían otras decenas de miles más que vivían en sus contornos y se encargaban del mantenimiento del recinto.

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El monarca Jayavarman VII encargó construir Ta Prohm a finales del siglo XII con el fin de dedicarlo a su madre, a la vez que hizo lo propio con el cercano templo de Preah Khan, que destinó a su padre. Consagrado al culto budista, Ta Prohm vivió décadas de esplendor en las que almacenaba numerosas riquezas. Según sostiene una teoría, este hecho atrajo a diversos enemigos, probablemente fieles hinduistas, como lo prueba que casi no se hayan encontrado bajorrelieves mitológicos, que habrían sido destruidos por ellos. Sea correcta esta afirmación o no, lo que parece claro es que durante el siglo XV el templo fue abandonado por completo y la naturaleza comenzó su lento pero imparable trabajo invasivo.

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El paso de los años ha demostrado que la decisión de respetar el nuevo estatus, adquirido a lo largo de más de quinientos años, de Ta Prohm fue correcta. Sin embargo, parece ser que las autoridades camboyanas comenzaron hace poco tiempo un proceso de restauración más profundo, que amenaza incluso a algunos de sus árboles más emblemáticos. Craso error. Los centenares, quizás miles, de raíces imbricadas en la estructura de las construcciones del templo forman ya un todo con éste y ejercen el papel de muros de contención, evitando que sus tabiques se vengan abajo. El apuntalamiento de las paredes quizás evite el desplome si las talan, pero despojará al lugar de todo su sentido estético, privándole además de esa magia que emana en la actualidad. Pobres, no se han dado cuenta de que Ta Prohm hace ya mucho tiempo que no pertenece a la especie humana, sino que su total identificación con la naturaleza lo ha llevado a ser parte integrante de ella.

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2 pensamientos en “Propiedad de la selva

  1. Ta Prohm es un templo magnífico. Si bien, no es el que más me impresionó, el Jungle Temple, como también se le conoce, desprende un halo de misterio y energía que no deja indiferente a nadie. Espero que las autoridades camboyanas lo dejen tal y como estaba o le quitarán todo su encanto.
    Magnífico artículo, Floren. Un abrazo.

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    • Muy de acuerdo contigo, Jose. Artísticamente hay otros muy superiores en Angkor, pero Ta Prohm me parece absolutamente único. Si tratan de arrebatárselo del todo a la selva acabarán destruyéndolo, sin duda.

      Muchas gracias por tus palabras.

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