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Miedo en el horizonte

El miedo atenazaba a Egeo cada vez que dirigía su mirada hacia el mar en busca de una vela salvadora. Hacía ya varios meses que su único hijo, Teseo, había partido en dirección a Creta con el propósito de derrotar al temible Minotauro y la ausencia de noticias le angustiaba sobremanera. Cuando los intentos de detener a Teseo en su viaje se demostraron vanos, el rey logró arrancarle la promesa de que izaría velas blancas en lugar de aquellas de color negro que llevaba el barco destinado a pagar el tributo, en forma de vidas humanas, debido al monarca cretense Minos. Impaciente, Egeo oteaba cada mañana el horizonte, con la esperanza de divisar un destello blanco que le indicara la vuelta de su heredero sano y salvo.

El cabo Sounion es un promontorio que se eleva en la punta sur de la península conocida como Ática, sede de la histórica región del mismo nombre y espacio donde se desarrolló la civilización ateniense. Se trata también del punto más meridional de la Grecia continental desde de la creación del canal de Corinto, que convirtió al Peloponeso en una isla más entre las muchas que existen en el estado. La importancia estratégica de este lugar para los antiguos atenienses era evidente, pues la visión panorámica que desde aquí se tiene sobre las aguas del Egeo les permitía estar al tanto de cualquier intento de invasión que llegara desde el mar.

Quizás como agradecimiento, o bien para aplacar la ira de la deidad marina, ya en el siglo V a.C. fue erigido un templo dedicado a Poseidón en el punto más alto del cabo. Allí se intentaban atraer los favores del dios del mar mediante diversos rituales, que probablemente incluían sacrificios. A tenor de los restos que aún se conservan, el santuario debía ser impresionante en su época. Aparte de sus funciones religiosas, no es descabellado pensar que pudo ser utilizado como plataforma desde donde se ejercía una vigilancia de las aguas limítrofes. Y a la vez también podía servir como improvisado faro, debido a la visión que desde el Egeo se tiene de este lugar.

Han transcurrido más de veinticinco siglos y aún quedan en pie casi una veintena de las más de cuarenta columnas que el templo de Poseidón llegó a tener. Y aunque los rituales religiosos en este lugar hace tiempo que pasaron a la historia, aún siguen llegando al cabo Sounion numerosos fieles en busca, fundamentalmente, de alguna de las espectaculares puestas de sol que desde allí pueden divisarse. Su admirador más famoso fue seguramente Lord Byron, que visitó el lugar en varias ocasiones y llegó a dedicarle unos versos. Incluso su nombre está grabado, entre muchos otros, en una de las columnas del templo, aunque no es seguro que fuera el propio poeta quien demostrara tal falta de respeto al dios del mar.

Mientras tanto, Teseo había conseguido derrotar al Minotauro y escapar de Creta gracias a la inestimable ayuda de Ariadna, que le proporcionó una poderosa espada y un ovillo de hilo mediante el cual el joven consiguió abandonar el laberinto. Pero, eufórico por su victoria, olvidó cambiar de velas al aproximarse a Atenas. Y el miedo de Egeo se convirtió en desesperación cuando aquella mañana divisó en el horizonte como el viento henchía las negras velas de un navío que se aproximaba al cabo. Incapaz de soportar la pérdida de su único hijo, aquel por el cual había llegado incluso a consultar al oráculo de Delfos, se suicidó lanzándose desde el promontorio a las aguas del mar. De aquel mar que desde entonces llevaría para siempre su nombre.

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