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Naranjas amargas

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Cuando aquella agradable mañana veraniega, subiendo por West Bow Street, me di de bruces con un desfile de uniformados que bajaban calle abajo portando estandartes y marchando al ritmo de varias bandas de tambores, un sentimiento de incredulidad me invadió de inmediato. Era temprano y me dirigía hacia el castillo de Edimburgo en un intento de evitar las largas colas que se forman en las horas centrales del día, pero al ver aquella escena más propia del pasado me detuve para contemplarla. El color naranja predominante en los distintivos y la indumentaria de los participantes me convencieron de que la asociación de ideas producida en mi cerebro nada más verlos era totalmente correcta. A pesar de mi certidumbre anterior en relación a este tipo de desfiles y su exclusividad en Irlanda del Norte, aquel espectáculo solo podía provenir de la anacrónica Orden de Orange.

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Fundada a finales del siglo XVIII para conmemorar la supremacía protestante en el Reino Unido, la Orden de Orange mantiene trescientos años más tarde un numeroso grupo tanto de defensores como de detractores. Sus miembros han de seguir fielmente los principios de la Reforma, por lo que la adhesión de practicantes de otros credos del cristianismo está estrictamente prohibida. Con especial hincapié en los católicos, a quienes se menciona expresamente en sus estatutos. Mantienen ciertas similitudes con la masonería, especialmente al detentar una estructura subdividida en una serie de logias. Y se caracterizan también por su estricta posición política, siempre a favor de los partidos unionistas británicos y, por consiguiente, radicalmente contraria a la independencia escocesa y la reunificación irlandesa.

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Todo comenzó un siglo antes de la institución de la Orden, concretamente en la batalla del Boyne, ocurrida en Irlanda el primer día de julio de 1690. Se enfrentaban los ejércitos de James II, que había sido rey de Inglaterra hasta un par de años atrás, y de William III of Orange, príncipe protestante holandés, sobrino y yerno del anterior, a quien había depuesto alegando sus creencias católicas. Tras obtener el apoyo del rey francés Louis XIV, el antiguo monarca intentaba recuperar el trono pero en las orillas del río Boyne cavó la tumba de sus aspiraciones y la de la religión católica en el Reino Unido. Para conmemorar el triunfo protestante la Orden de Orange desfila fundamentalmente cada doce de julio, con sus integrantes siempre ataviados con trajes de época y predominancia del color naranja en recuerdo de la ascendencia de aquel príncipe holandés que se convirtió en rey de Inglaterra.

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Aunque se encuentra extendida por diversos territorios en cuatro continentes, la Orden de Orange tiene especial preponderancia en Irlanda del Norte, donde sus miembros celebran más de tres mil desfiles cada año. Los disturbios entre los católicos republicanos y los protestantes unionistas han sido frecuentes a lo largo del tiempo, aunque parece que la situación está más calmada tras el acuerdo de gobierno al que se llegó en el Ulster poco tiempo atrás. Pero conviene no olvidar sucesos como el ocurrido hace una veintena de años, cuando cinco jóvenes republicanos fueron abatidos a tiros durante un oscuro suceso en una calle de Belfast. Pocos días más tarde, en el transcurso de un desfile de orangistas por la misma vía, algunos de ellos hicieron con sus manos gestos de desprecio mostrando un 5-0. Ademanes que no fueron aceptados de muy buen grado por sus vecinos católicos, como es natural.

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Renuncié a visitar el castillo aquella mañana y decidí seguir la marcha calle abajo hasta la cercana Grassmarket, plaza donde se celebraba el mercado, y también las ejecuciones, en Edimburgo durante la Edad Media. Allí se concentraron los participantes en el desfile, la mayoría hombres de edad madura vestidos con sus trajes de gala pero también algunas mujeres ataviadas con sus mejores sombreros e incluso algún que otro niño. Un orangista de edad avanzada, seguramente el presidente de la logia de la capital escocesa, se dispuso a decir unas palabras a sus fieles. Entonces, desde un edificio cercano, un hombre soltó lo que a todas luces sonó a un exabrupto e inmediatamente desapareció tras la ventana. No debió agradarle el calificativo al orador, que con celeridad mandó a un par de policías a buscar al incauto. Desconozco si lo detuvieron o no, pero el abuelete no pareció muy conforme con el insulto. Poco castigo en todo caso para quienes llevan más de tres siglos metiendo anualmente el dedo en el ojo de sus derrotados adversarios.

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4 pensamientos en “Naranjas amargas

    • Pienso que tanto escoceses como, sobre todo, irlandeses deben ser gente muy tranquila y que no hace caso a las ofensas. Si algo similar ocurriera en Cataluña o el País Vasco habría movidas muy gordas, porque la provocación es total y absoluta. Aparte de ser un auténtico anacronismo en pleno siglo XXI.

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  1. Vaya encuentro tan de mañana!! Cada vez que veo los desfiles de esta gente con sus bandas naranjas (a las señoras nunca las había visto) por la tele me da un no sé qué. Debes de tener razón en que irlandeses y escoceses son de carácter tranquilo, porque tela!

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    • Tienen otro carácter, supongo. Desde luego aquí no lo aguantaríamos y no entiendo como llevan tanto tiempo humillando a los perdedores sin que se provoquen disturbios. Luego los ingleses se quejan de que Escocia se quiera independizar del Reino Unido, atendiendo a su Historia parece de lo más normal.

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