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Gente de costumbres

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Al igual que ocurre en la mayoría de islas del Pacífico Sur, el modo de vida tradicional está aún bastante arraigado en buena parte del territorio de Fiji. Descartando las ciudades de Suva y Nadi, que en cualquier otro lugar no pasarían de tranquilas localidades de provincias aunque en esta zona del mundo parecen auténticas urbes, el resto de poblaciones fijianas mantienen un aroma auténticamente rural. Lejos queda el turismo de masas, que no se separa en exceso de las bondades ofrecidas por el resort de turno. No es difícil, por tanto, encontrar aldeas donde las viviendas están construidas al modo clásico, con una estructura formada por trozos de bambú unidos entre ellos mediante fibra de coco y cubierta por hojas de palma. Estas construcciones se denominan bure y entre todas ellas destaca la llamada vale levu, lugar de residencia del jefe del poblado.

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Cuando los fijianos tienen algo importante que celebrar, por ejemplo un triunfo del equipo nacional de rugby, lo hacen con un lovo, o barbacoa subterránea. El laborioso proceso empieza con la selección de las piedras adecuadas, que se calientan en una hoguera hasta que alcanzan una temperatura considerable. Una vez conseguida ésta, se llevan con cuidado hasta el fondo de un agujero previamente excavado en el suelo. Junto a las piedras se colocan trozos de cerdo, pollo y pescado que han sido envueltos en hojas de plátano o palma. Sobre ellos se sitúan raíces de taro, ñame y tapioca, fundamentales en la dieta local, y se cubre el agujero con hojas de palma y tierra. Tras un par de horas se destapa el hoyo de nuevo y se sirven los alimentos una vez retirado el envoltorio que los cubre, con las mencionadas raíces como guarnición.

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Destacaba en las aldeas tradicionales de Fiji una construcción de forma piramidal situada en la posición más elevada del poblado, generalmente sobre una colina, cuyo tejado solía alcanzar una altura considerable. Se trata de la llamada bure kalou, literalmente casa de los espíritus que, como su nombre da a entender, se dedicaba a fines religiosos. Aunque en la actualidad muchos de los habitantes de Fiji siguen varios credos distintos, fundamentalmente cristianos, originalmente eran animistas y este lugar estaba dedicado a sus dioses. Solo los sacerdotes podían acceder a su interior y allí se comunicaban con la divinidad mediante diversas ceremonias, sirviendo a la vez de intermediarios entre ella y los fieles. Entre éstos se encontraba el jefe, que llevaba ofrendas o proporcionaba sacrificios cuando la ocasión lo requería.

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Aunque en la actualidad se practica con fines turísticos en diferentes lugares del país, la costumbre de caminar sobre fuego es exclusiva de la isla de Beqa. Hace muchos años, un joven guerrero de nombre Tunaiviqalita intentaba cazar una anguila cuando dentro del río encontró un trozo de tela enrollado. Para su sorpresa, dentro de ella se encontraba un duende, quien le prometió muchas riquezas si lo dejaba con vida. Respondió el joven guerrero que no le interesaban las riquezas, así que debía ofrecer algo más si pretendía salir airoso del trance. Entonces, el hombrecillo propuso darle la capacidad de andar sobre fuego si no lo mataba. Aceptó Tunaiviqalita y desde aquel momento sus descendientes adquirieron esta destreza, que ejecutan sobre piedras previamente calentadas, similares a las que se usan en la preparación de un lovo.

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La gran casa del jefe, o vale levu, es siempre la vivienda más grande de la aldea y está situada en un lugar preponderante dentro de ella. Asimismo se construye en el punto más elevado del poblado tras la casa de los espíritus, para indicar que tan solo los dioses tienen superior jerarquía. De sus cuatro puertas, la de atrás se reservaba para uso exclusivo del jefe y cualquier otra persona que la cruzara era condenada a muerte en el pasado. Las laterales eran usadas por la familia del jerarca, habitualmente formada por varias esposas y numerosos hijos. Por su parte, la frontal daba paso tanto a súbditos como a invitados del caudillo, a quienes éste recibía en ocasiones acompañado de su esposa favorita, la única a la que estaba permitida la residencia en este lugar. Y, aunque el invitado fuera convenientemente agasajado, no estaba de más andarse con cuidado pues el terminar formando parte de un lovo no era un hecho infrecuente en absoluto.

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2 pensamientos en “Gente de costumbres

  1. Un post muy interesante Floren, de una zona desconocida para mi. Con tus explicaciones dan ganas de conocerla, ya que aparte de la belleza de las islas en si tienen costumbres interesantes. Grácias.

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    • Con la llegada de numerosos inmigrantes de origen hindú, que ya suponen más de la mitad de su población, Fiji vive una dicotomía que puede volverse en contra de sus tradiciones ancestrales. Aún así los fijianos se esfuerzan por mantenerlas y se muestran orgullosos de su folklore y sus costumbres. Cuando vayas por allí no te olvides de tomarte un kava a mi salud. 🙂

      Muchas gracias por tu comentario.

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