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Tres ciudades en una

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La capital panameña resulta una ciudad sorprendente para el visitante en muchos aspectos, empezando por su atrayente pasado. Fundada por los españoles en el siglo XVI, constituyó el primer asentamiento europeo de importancia a orillas del Pacífico. Su rápido crecimiento la hizo estar pronto en el punto de mira de los piratas, lo cual no es de extrañar si se tiene en cuenta que llegó a ser punto de partida de una de las principales rutas por las que se enviaban metales preciosos al Viejo Continente. Tras varios intentos infructuosos, a finales del siglo XVII el despiadado corsario Henry Morgan consiguió al fin su objetivo y la ciudad fue saqueada, quemada y arrasada por completo. Tan solo quedaron en pie algunos vestigios, que han llegado hasta nosotros bajo la denominación de Panamá La Vieja y que dan algo de idea sobre lo que aquella villa llegó a significar en su época.

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La destrucción de la ciudad fue de tal calibre que hacía imposible su reconstrucción, por lo que una nueva metrópoli empezó a ser levantada en las inmediaciones de la anterior. Aunque la nueva urbe fue creciendo poco a poco, nunca llegó a tener la misma importancia que había llegado a alcanzar su antecedente. Aún así un buen número de edificios significativos fueron construidos, y muchos de ellos constituyen el llamado Casco Viejo dentro de la actual Ciudad de Panamá. La arquitectura colonial es la predominante en esta parte de la villa, aunque también se respira un cierto aire caribeño a pesar de encontrarse la población asentada en la costa del Pacífico. El toque modernista de algunos de los edificios contribuye a crear un ambiente algo ecléctico que suele resultar terriblemente seductor.

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Probablemente el edificio más representativo de Casco Viejo sea la Catedral Metropolitana, cuya fachada hecha en piedra labrada contrasta sobremanera con las dos torres laterales encaladas. Sus campanas se encontraban en la catedral de Panamá La Vieja y pudieron ser rescatadas de entre sus ruinas. En su interior se encuentra el llamado Altar de Oro, un admirado retablo barroco también salvado de la arrasada ciudad. Otra edificación de interés es el Palacio Presidencial, conocido como Palacio de las Garzas por la presencia de algunos ejemplares de estos animales, que se desplazan con calma por su patio y sirven de reclamo para los visitantes. Y no hay que olvidar el emblemático Arco Chato, que parece a punto de venirse abajo desde hace siglos. Dice la leyenda que el hecho de que esté aún en pie decidió a los responsables a construir el Canal de Panamá en este país, pues prueba la total ausencia de terremotos en su territorio.

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Seguramente el Canal sea una de las razones por las que Ciudad de Panamá ha ido creciendo en altura. Hecho que, aunque parezca un contrasentido en estos lares, contribuye a aumentar la atracción que la capital panameña genera. Tras pasear durante toda una mañana entre edificios de aspecto fundamentalmente colonial, llegamos hasta orillas del Pacífico y desde allí pudimos apreciar una imagen que parecía más propia de cualquier gran urbe estadounidense. Decenas de rascacielos, algunos de ellos con una altura superior a los doscientos metros, aparecían ante nuestros ojos en la distancia, conformando un skyline en toda regla. Miré hacia atrás y de nuevo hacia adelante con incredulidad, como si lo que estaba viendo fuera imposible. Y tuve la impresión de que había transitado desde una ciudad de principios del siglo XVIII a una del siglo XXI en tan solo unos pocos pasos.

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Las sorpresas de Ciudad de Panamá no acaban aquí. A pocos minutos del centro se localiza el Parque Nacional Metropolitano, que es seguramente uno de los pocos espacios protegidos que pueden encontrarse en el entorno de una gran ciudad. Se trata de un bosque tropical donde existe una gran diversidad de especies, tanto animales como vegetales. Destacan entre ellas hermosas orquídeas, delicadas mariposas, monos juguetones y, si hay suerte, puede vislumbrarse algún ejemplar de tucán, ese pájaro de plumaje vistoso y cuyo espectacular pico es casi tan grande como el resto de su cuerpo. Paseando por este lugar de exuberante vegetación resulta difícil de creer que te hallas en el interior de una metrópoli. Una ciudad fascinantemente antigua y moderna a la vez. Una urbe colonial, futurista y ecológica. O dicho de otra manera, como si de un lote arquitectónico se tratara, tres ciudades en una.

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