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La fiebre del oro

Como la mayoría de las islas caribeñas de su entorno, Aruba fue colonizada por los españoles, que permanecieron en su pequeño territorio algo más de un centenar de años. Al igual que sucedió con alguna otra isla vecina, la razón de su abandono fue probablemente la falta de agua, aunque hay teorías que sostienen que fue debido a la carencia del oro que buscaban sus nuevos inquilinos. Al parecer, la denominación de la isla deriva del castellano oro hubo, transcripción quizás legendaria aunque lo cierto es que en su territorio hubo explotaciones del dorado metal hasta no hace demasiado tiempo. Algún tiempo más tarde llegaron los holandeses, bajo cuyo dominio aún permanece a pesar de que disfruta de una autonomía que ha ido incrementándose con el paso del tiempo.

Quizás debido a su cercanía con la costa venezolana, la influencia hispana en Aruba es evidente. Tuve ocasión de comprobarlo cuando estuvimos por allí en 2004, especialmente al escuchar a los nativos hablando por la calle. En efecto, el idioma más utilizado por la población es el papiamento, curiosa lengua criolla cuyos vocablos tienen muy diverso origen pero mayoritariamente provienen del español y el portugués. Se dice que una versión de esta lengua es la que hablaban los piratas del Caribe en los siglos XVII y XVIII. No sería de extrañar que llegaran hasta la isla atraídos por ese oro del que probablemente tanto habían oído hablar e incluso la usaran como base para sus incursiones en la zona colindante.

La fisonomía de Aruba es considerablemente plana con la excepción de dos pequeños montículos que elevan algo el terreno. Ambos están situados en el interior de la isla y uno de ellos responde a la denominación de monte Jamanota, que con apenas ciento ochenta y ocho metros constituye el punto más alto del territorio y forma parte de un área protegida. Apenas veintitrés metros inferior es el monte Hooiberg, característica formación volcánica que forma un cono casi perfecto y es visible desde prácticamente toda la superficie isleña. A su vez, las vistas desde su cima son excelentes, llegando a vislumbrarse la costa venezolana en días claros.

El clima de Aruba es considerablemente más seco que el acostumbrado en otras islas antillanas, dando lugar a una vegetación característica. Seguramente fue esa habitual aridez el motivo que llevó a la isla a ser abandonada por los españoles a principios del siglo XVII, pero en la actualidad se han vuelto las tornas y no deja de ser beneficiosa para sus habitantes. La economía isleña está basada fundamentalmente en el turismo, que llega hasta aquí atraído por el gran número de horas de sol así como la casi total ausencia de huracanes. Sin olvidar el áloe vera, especie de cactus con múltiples propiedades medicinales y cosméticas del que Aruba es uno de los mayores productores mundiales y que ejerce un papel similar al del oro en el pasado.

Debe haber influido también ese clima árido en la belleza de sus playas, de finísima arena y blanca tonalidad. Junto a la denominada Andicuri disfrutamos paseando por encima de un arco de piedra caliza conocido como Natural Bridge, que asemejaba una puerta de entrada desde el mar hacia la playa. En aquel tiempo este lugar era una de las principales atracciones turísticas de la isla, pues con sus más de treinta metros de longitud y ocho de altura se trataba del arco más grande de ese tipo en todo el Caribe. Me dio impresión de firmeza y robustez ante las olas que lo habían esculpido a lo largo de milenios. Quien me iba a decir que pocos meses después esa construcción natural tan sólida se venía abajo, llevándose para siempre parte de ese oro que Aruba tradicionalmente ha venido ofreciendo a sus visitantes.

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2 pensamientos en “La fiebre del oro

    • Las Pequeñas Antillas son bastante desconocidas en general y es una lástima, porque tienen mucho que ofrecer al visitante. Curiosamente la razón es el idioma, el turismo español suele decantarse por Cuba, la República Dominicana o la Rivera Maya, pero en Aruba te enteras de muchas cosas y es una delicia escuchar el papiamento.

      Muchas gracias por tu comentario.

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