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Habitantes del bosque lluvioso

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El bosque lluvioso existente en los alrededores de la ciudad de Cairns, localizada al noreste de Queensland, alberga la mayor biodiversidad que puede verse en toda Australia. Son numerosas las especies tanto de mamíferos como de aves, reptiles y anfibios que allí pueden encontrarse, siendo muchas de ellas endémicas. Lamentablemente para el visitante, es muy difícil, por no decir casi imposible, poder distinguir ejemplares de estos animales en su entorno pues su capacidad de pasar desapercibidos en el medio donde habitan desde hace milenios lo impide. La excepción que confirma la regla es el cocodrilo marino, tan abundante en la región que a veces llega a verse hasta en las inmediaciones de la misma localidad, con el consiguiente riesgo para los ciudadanos. Pudimos ver algunos ejemplares de estos reptiles en su hábitat cuando navegamos por el río Daintree durante los días que pasamos en la zona. No es difícil distinguirlos cuando yacen al sol en alguna pequeña playa entre los manglares pero suelen perderse entre las aguas en cuanto la embarcación intrusa invade su territorio.

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Para poder apreciar de cerca algunos otros habitantes de este bosque lluvioso siempre existe la posibilidad de acercarse a alguna de las reservas o pequeños parques zoológicos existentes en las proximidades. De esta manera pudimos conocer al canguro de Lumholtz, una de las dos especies de canguros arborícolas que existen en Australia y que son endémicos en estos lugares. Este animal nocturno está emparentado con otros similares que viven en la vecina isla de Nueva Guinea. De esta manera, el hecho de poder observar algunos ejemplares de esta especie me hizo aprender al menos un par de cosas nuevas. Una, que los canguros no solo viven en Australia; y otra, que por increíble que parezca, hay canguros que viven en las ramas de los árboles.

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Otro extraño habitante del bosque lluvioso del noreste de Queensland es el casuario. Esta enorme ave, que puede llegar a pesar más de ochenta kilos, es el animal terrestre más grande que existe en todo el continente australiano. Desafortunadamente, está en peligro de extinción y se cree que solo quedan poco más de mil ejemplares en todo el país, aunque el número exacto es imposible de calcular debido a lo huidizo de su carácter, que hace su visión casi imposible en el bosque. Curiosamente, hay un par de especies de casuarios también en Nueva Guinea, lo que confirma que esa isla estuvo unida a esta parte de Australia mucho tiempo atrás. Aunque su aspecto es más bien tranquilo, los casuarios tienen fama de agresivos y pueden resultar peligrosos para quienes se acerquen demasiado a ellos.

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Aunque no vive en las profundidades del bosque lluvioso en sí, sino más bien en sus alrededores, el canguro gris del Este es uno de los animales más conocidos de la zona. Representa, sin duda, la imagen típica que a todos nos viene a la mente cuando oímos el término que lo define. Al contrario que los anteriores, este marsupial es relativamente fácil de ver en libertad, pues a veces ocupa llanuras abiertas donde puede apreciarse su imagen desplazándose mediante saltos, impulsado por sus poderosas patas traseras. En contra de lo que tiende a pensarse, no es el canguro de mayor tamaño entre las numerosas especies que existen, puesto que ese honor le corresponde al llamado canguro rojo, aunque sí el de mayor peso.

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Pero el habitante más carismático de estos bosques, a pesar de no ser exclusivo de ellos, es posiblemente el koala. Este pequeño marsupial depende para su supervivencia de un determinado tipo de eucalipto y por ello su hábitat se restringe a los lugares donde esta variedad puede encontrarse. De imagen poco agraciada, sin embargo resulta enormemente atractivo debido a la ternura que despierta su aspecto perezoso. El koala lleva una vida tranquila, dedicando unas veinte horas del día a dormir o dormitar tratando de digerir las indigestas hojas que constituyen su dieta. Durante su escaso tiempo de vigilia, no le importa ser abrazado como si de un peluche se tratara. Y hacerlo parece ser una buena terapia, al menos a juzgar por la beatífica sonrisa de quienes disfrutan de ese momento en la instantánea adjunta.

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