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¿Quién parará la lluvia?

“And I wonder still I wonder who’ll stop the rain” (John Fogerty)

En uno de los temas más conocidos de su banda, la muy recordada Creedence Clearwater Revival, se quejaba John Fogerty de los efectos negativos de la lluvia torrencial, preguntándose si habría alguien capaz de detenerla. Aunque la letra de la canción es ciertamente metafórica y su compositor nunca aclaró a que se refería en realidad, días como el de hoy me devuelven a la memoria este título, ya legendario para los seguidores de tan excepcional grupo. Y es que este fenómeno atmosférico tan deseado a veces puede convertirse en un auténtico problema, como pueden dar fe los nativos de diversas zonas de nuestro planeta a los que el agua ha despojado de todas sus pertenencias, incluyendo a veces la principal: su propia vida.

Un lugar donde probablemente muchos de sus habitantes se hacen la misma pregunta que el genio californiano es la localidad de Bergen, donde el líquido elemento está asegurado durante la mayor parte del año. El hecho de estar situada junto al mar y rodeada de montañas, unido a los efectos de la Corriente del Golfo, hacen de esta ciudad uno de los puntos más lluviosos de la Tierra, a la vez que el lugar con temperaturas más suaves de toda Noruega. Muy apreciada en el país por la belleza de su entorno, Bergen es una villa de importancia histórica, que llegó a ser capital del reino ya en el siglo XIII. Fue también uno de los miembros más importantes de la Liga Hanseática, aquella federación de ciudades del norte de Europa que se asociaron con fines comerciales en la Edad Media.

De los tiempos de la Hansa son las coloridas casas que aún hoy siguen en pie en el viejo muelle de Bergen, conocido localmente como Bryggen. Es ésta la parte más antigua de la ciudad, donde en el medievo fue desarrollándose un barrio en el que los comerciantes hanseáticos realizaban sus transacciones. Estas edificaciones servían pues como viviendas de sus propietarios a la vez que en ellas se efectuaban las operaciones comerciales y se almacenaban los bienes con los que se trataba. Tradicionalmente eran construidas de madera, con lo que los incendios solían ser un problema en Bryggen, ya que debido a ello el fuego se extendía rápidamente por el barrio. No es de extrañar que pocos de los edificios de esa época hayan sobrevivido, estando datados a comienzos del siglo XVIII los más antiguos que podemos ver en la actualidad.

El edificio de más edad en Bergen es la iglesia de Santa María, construida a lo largo del siglo XII y que, a diferencia de los otros once templos que se cree existían en la villa entonces, logró resistir a numerosos incendios que la afectaron en distinto grado. En tiempos de la Hansa se instalaron en la ciudad un buen número de comerciantes germanos que acostumbraban a celebrar aquí sus oficios religiosos, por lo que el templo era conocido como la iglesia de los alemanes. Existe alguna otra edificación religiosa de interés en la localidad, como la Catedral, edificio también originario del siglo XII pero cuyo aspecto actual es bastante posterior. Y en las afueras de la ciudad puede verse incluso una iglesia de madera, aunque se trata de una reconstrucción porque la original fue quemada intencionadamente hace unas décadas.

La mejor imagen de la ciudad se obtiene subiendo a una de las elevaciones que la rodean, lo que puede hacerse tomando el famoso funicular Fløibanen. Trepa éste hasta la cima de la colina Fløyen, desde donde las vistas de la villa hanseática son espectaculares. A ojos del visitante, la población se ofrece emparedada entre los grises nubarrones que cubren el cielo y el azul profundo del fiordo. Parece ser que el nivel de éste está subiendo debido a las consecuencias del cambio climático, amenazando incluso con anegar el viejo Bryggen, por lo que los previsores noruegos ya están pensando en levantar un muro de contención que evite, o al menos retrase, sus efectos. Y a resultas del mismo fenómeno, el volumen de agua caída del cielo también se ha incrementado considerablemente en los últimos tiempos, provocando consecuencias que pueden llegar a ser funestas. Por lo que, tal y como hacía John Fogerty en aquella maravillosa canción, seguro que muchos de los habitantes de Bergen también se preguntan: ¿habrá quien pueda parar la lluvia?

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