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Creciendo al revés

No hay que desviarse mucho de la carretera que se dirige desde Dakar hacia el sur, una vez sobrepasadas las poco interesantes y muy turísticas playas de Saly, para encontrar un lugar de irresistible encanto. Allí, en una vasta zona de sabana, numerosos ejemplares de baobab elevan sus ramas retorcidas hacia el cielo, en lo que parece ser un intento desesperado de hacerse con la máxima cantidad posible de la benefactora agua de lluvia. Quien aseguró que estos árboles crecen al revés no andaba tan desencaminado. Sus ramas presentan una indudable apariencia de raíces, especialmente cuando están desprovistas de hojas durante la temporada seca. Los locales suelen referirse a estas agrupaciones de baobabs como bosques, aunque dan una sensación de claridad que no acaba de cuadrar demasiado bien con este término.

Pocas discrepancias existen al considerar el baobab como el árbol más representativo de África. Sin embargo, no es endémico de este continente, pues de las ocho especies conocidas hay una que crece exclusivamente en Australia. Del resto, seis lo hacen en Madagascar y la más famosa de todas, ésa que suele venirnos a la cabeza cuando oímos su nombre, en zonas semiáridas del continente africano. Fundamentalmente en esa franja situada al sur del Sáhara que conocemos como Sahel. Aunque baobab, cuyo origen no está del todo claro pero parece provenir del árabe, es el término comúnmente usado para referirse a este árbol, tiene otras denominaciones. Algunas tan curiosas como árbol botella, en relación a la forma de su tronco, o árbol del pan del mono, que refiere a sus frutos.

La longevidad de estos árboles es tan legendaria como enorme su tamaño. Se dice que algunos llevan vivos más de cinco mil años, aunque es difícil constatar este hecho. Lo que parece claro es que la edad de los baobabs puede superar con facilidad el milenio y que muchos individuos alcanzan los cuarenta metros de circunferencia. De lo monstruoso de su tronco da idea el hecho de que algunos de ellos, usados como almacén de agua, rebasan los cien mil litros de capacidad. En un añoso ejemplar sudafricano se instaló hace tiempo un bar, con capacidad para reunir en su interior a unas cincuenta personas. La mitología existente alrededor de estos gigantes es ciertamente interminable.

Sin embargo, el hecho de que el baobab está fuertemente entroncado en las tradiciones animistas de diversos pueblos africanos, especialmente en Senegal, es completamente real. Está muy arraigada la creencia de que los espíritus habitan dentro de los ejemplares maduros y existe el convencimiento de que pueden sanar enfermedades o incluso librar del mal de ojo. De esta manera, se realizan peticiones apoyando las palmas de las manos sobre el tronco del árbol y prometiendo algo a cambio. Incluso, en algunos casos, se piensa que el espíritu que vive en ellos puede curar la infertilidad femenina, por lo que las mujeres sin hijos se acercan hasta allí con la esperanza puesta en una próxima concepción.

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Aseguran los senegaleses que sus creencias animistas funcionan, aunque, por desgracia, no lo hacen con los blancos ni con quienes practican la religión musulmana, mayoritaria en el país. Para los incrédulos, tienen más base científica las bondades del fruto del baobab, que presenta un porcentaje de vitamina C superior al de los cítricos y de calcio comparable al de la leche. No pierde valor esta semilla mágica incluso estando seca, pues es vital en el oware, juego de mesa que causa furor en buena parte de África. Desgraciadamente, mi pericia con este pasatiempo era escasa y nunca consiguió cautivarme. Algo que sí logró un grupo de Dakar llamado Orchestra Baobab, cuyos miembros siguen mostrando unas exquisitas habilidades musicales a pesar de su ya estimable edad. Hace unos años tuve ocasión de verlos tocar en vivo y, al igual que sucede con esos venerables ancianos de los que tomaron su nombre ya hace décadas, parece que su leyenda se va incrementando con el paso del tiempo.

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2 pensamientos en “Creciendo al revés

  1. Aunque Africa es enorme y muy variada, estoy de acuerdo en que el baobab en cierta manera representa su espiritu y es un icono del continente. Buena mencion a la Orquesta Baobab, muy populares en Africa y en Francia y a los que escuche por primera vez hace bastante tiempo (Radio 3 en los 90 creo recordar) y lo sigo haciendo de vez en cuando.

    un abrazo!

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    • Creo que el baobab es a la flora africana lo que el león lo es a la fauna. Un símbolo y un icono del continente.

      Me alegra que hayas escuchado a Orchestra Baobab, yo llegué a verlos en vivo en Madrid hace muchos años. Desconozco si siguen en activo, porque ya deben de tener mucha edad, pero los ritmos afrocaribeños que sacaban a sus instrumentos sonaban a música celestial a mis oídos, más acostumbrados a la rudeza del rock y el punk. Unos músicos excelentes, especialmente el maravilloso saxofonista maliense Issa Cissokho, que también tocaba en L’Étoile de Dakar con Youssou N’Dour.

      Un abrazo.

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