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Robinsones contemporáneos

Una de las principales razones por las que gran parte de mi vida estuve soñando con viajar a Polinesia fue la lectura de un libro titulado La isla de coral, que me deparó muy buenos momentos cuando tan solo era un niño. En esta novela, de bastante éxito hace un par de siglos pero ya bastante olvidada durante mi infancia, se narran las aventuras de tres adolescentes que sufrieron un naufragio en los mares del sur y tuvieron que arreglárselas para sobrevivir en una isla coralina desierta. El autor describe perfectamente la zona y, aunque el relato contiene diversos errores que prueban que nunca estuvo en ella, la trama resulta muy interesante a la vez que ingeniosa. Buena prueba de ello es que en esta vieja historia se basó el Nobel William Golding para escribir El señor de las moscas, su obra más conocida y que no tiene mucho que envidiar a su predecesora en cuanto a tensión narrativa.

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Cuando buscábamos un lugar para alojarnos durante nuestra estancia en Tonga, cayó en nuestras manos información sobre un lugar llamado Fa’fa Island Resort y rápidamente concluimos que aquel era el sitio perfecto para quedarnos durante unos pocos días. Se trataba de una pequeña isla deshabitada, situada a una media hora en barco de Tongatapu y en la que se habían construido aproximadamente una docena de fale para hospedar a los visitantes. Aunque el precio sobrepasaba bastante nuestro presupuesto, el lugar resultaba del todo atractivo y parecía ideal para llevar a cabo por fin una de mis más recurrentes fantasías infantiles: pasar un tiempo en una diminuta isla coralina acariciada por las habitualmente tranquilas aguas del Pacífico Sur.

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Pasaron unos meses y llegamos por fin a Nuku’alofa, la capital tongana. En el puerto nos estaba esperando una pequeña embarcación para trasladarnos a Fa’fa. Caían los últimos rayos de sol de aquel día mientras el barquito se deslizaba por la superficie del Pacífico. A nuestra derecha iban quedando atrás numerosas islitas de exuberante vegetación y playas de arena blanca. Poco tiempo después, nuestro destino estaba delante de nuestros ojos. El diestro piloto, de tez morena, gesto algo serio como suele ser habitual en los tonganos y que había ido manejando el timón con sus pies desnudos la mayor parte del trayecto, se dispuso a buscar la única entrada franqueable en la barrera de coral que rodea la isla. Una vez sorteado el estrecho vado coralino estábamos en la laguna de Fa’fa, donde solo unas tenues luces iluminaban la oscura noche austral.

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Tonga es seguramente el país más tranquilo en el que he estado y en Fa’fa la calma es la reina absoluta. Los fale utilizados como alojamiento están perfectamente integrados en la naturaleza y separados unos de otros a una distancia considerable. La mayor parte del tiempo podía percibirse esa extraña sensación que debe invadir a quienes se encuentran en una isla deshabitada. Fa’fa está cubierta de lustrosa vegetación tropical e incluso tiene un pequeño aunque espeso bosque en su interior, donde pueden darse agradables paseos por un par de senderos que lo atraviesan. Maravillosas y prácticamente vírgenes playas de arena blanca rodean la isla, protegida por un arrecife de coral en el que rompen las escasas olas del Pacifico. En las tranquilas y cristalinas aguas de la laguna habitan numerosas especies de peces tropicales, de vivos y diversos colores.

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Ya no quedan islas desiertas en las que vivir aventuras a lo Robinson Crusoe, por supuesto. Pero durante nuestra estancia en Fa’fa pensé que en Polinesia no sería del todo imposible sobrevivir de esa manera. La naturaleza te provee allí de numerosas frutas y plantas como el taro, dieta básica de los tonganos, que se alimentan tanto de sus enormes hojas como de sus raíces. Hay también abundante pesca de la que obtener las proteínas que tu cuerpo necesita. Y tampoco son difíciles de encontrar los ingredientes necesarios para preparar el kava, bebida sin contenido alcohólico pero que te sumerge en un interesante estado de completa relajación cuando la ingieres. No parece que haya mucho más que se pueda pedir para disfrutar de una vida tranquila y plenamente natural.

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2 pensamientos en “Robinsones contemporáneos

  1. Gran post Floren. Ya sabes que lo que escribes sobre Polinesia y la zona mas lejana del Pacifico son lo que mas curiosidad me generan porque me muero de ganas de ir. Espero que me toque pronto, hasta entonces gracias por compartir tus experiencias.

    Un abrazo

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    • Lo lograrás, lo lograrás. Y yo me alegraré mucho de que lo consigas. Polinesia es menos interesante que Micronesia etnográficamente hablando, pero paisajísticamente es muy superior. En Tonga y Samoa hay unas islas de una belleza insuperable, ya me contarás que te parecen cuando las visites.

      Muchas gracias por el comentario y un abrazo.

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