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Guardando su bahía

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Localizado al suroeste de Italia, el golfo de Nápoles se abre hacia las azules aguas del mar Tirreno con su forma de medio cuadrado asimétrico. Delimitado por las penínsulas Flegrea y Sorrentina, que se prolongan hacia el mar en las islas de Ischia y Capri respectivamente, esta bahía de unos quince kilómetros de anchura concita el interés de numerosos visitantes, debido tanto a sus atractivos patrimoniales como a un clima agradable durante la mayor parte del año. No es de extrañar por tanto que la curiosidad del ser humano por ella venga de antiguo, como lo prueban los múltiples asentamientos que desde tiempos remotos aquí han existido. Sin olvidar las gloriosas páginas de la Historia que se han escrito en este lugar desde que los griegos se establecieran, por primera vez, en unas tierras que atrajeron a diversas civilizaciones con posterioridad.

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Dominado el norte de la bahía por la caótica ciudad de Nápoles, que despierta amor y odio a partes iguales sin conseguir dejar a nadie indiferente, la concentración de población va disminuyendo a medida que el terreno se eleva en dirección sur, donde destaca la considerablemente más tranquila localidad de Sorrento. Pueden verse aquí los acantilados posiblemente más altos de todo el Mediterráneo, cuyas aguas cercanas estaban habitadas por hermosas sirenas que no dudaban en utilizar sus encantos para atraer a ilusos navegantes que acababan encallando sus veleros en las rocas. Parece ser que fueron estas ninfas, mitad hermosa mujer y mitad viscoso pez, quienes dieron nombre a la villa, hoy día una pequeña y agradable ciudad que atrae a numerosos visitantes debido a la belleza del entorno que la rodea.

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Situada en la prolongación de la península Sorrentina, como si fuera un pedazo de ésta que se desprendió en un embate furioso del océano y poco a poco se va alejando de ella, la isla de Capri posee una identidad propia a pesar de sus poco más de diez kilómetros cuadrados. El interés por ella viene de antiguo, pues es mencionada por Virgilio en La Eneida y ya era famosa entre la nobleza romana como lugar de descanso, llegando a tener asiduos tan ilustres como Octavio Augusto. Su periplo desde entonces ha sido bastante agitado, culminando a mediados del siglo pasado con su elección unánime como destino predilecto para la jet set de la época. Pasada un tanto de moda en los últimos tiempos, todavía conserva un cierto ambiente decadente y cargado de romanticismo que le confiere un aire muy atractivo.

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En la zona central de la bahía, justo en el vértice del triángulo isósceles que forma con las islas de Capri e Ischia, el volcán Vesubio levanta su inmensidad a escasa distancia de la costa. Considerado el único volcán en activo de la Europa no insular, el Vesubio demostró su poderío en la famosa erupción que acabó con las ciudades romanas de Pompeya y Herculano allá por el año 79. Aunque sus habitantes tuvieron tiempo suficiente de ponerse a salvo, algunos miles de ellos minimizaron los riesgos en exceso y terminaron pereciendo en la catástrofe. Los trabajos de excavación realizados en Pompeya han sacado a la luz el momento en que la ciudad quedó petrificada por los efectos de la lava, dejando la imagen más fidedigna que se conserva de la vida cotidiana en aquella época.

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Testigo de excepción del desastre fue Plinio el Joven quien, tal y como si de un reportero se tratara, describió la erupción con todo lujo de detalles, incluyendo el fallecimiento de su tío Plinio el Viejo en un postrero intento de rescatar a los supervivientes. El relato que plasma en una de sus cartas a Tácito debería pasar a los anales del periodismo por su magistral descripción de aquel momento histórico. Cuando conseguí llegar hasta el cráter del volcán tras vencer mis reticencias iniciales, ligadas a la acrofobia que padezco desde niño, me tranquilizó observar el golfo de Nápoles desde allí arriba. Sin saber muy bien como, quedé convencido de que los potentes arrebatos de ira del Vesubio son simplemente vanos intentos de proteger su bahía ante las constantes agresiones sufridas a manos del ser humano.

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