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Pequeñas entre las Pequeñas

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Si el archipiélago conocido como Pequeñas Antillas está compuesto por un rosario de islas que se extienden formando un semicírculo entre Puerto Rico y el norte de Sudamérica, entre dos de sus componentes sucede un fenómeno geográfico similar, aunque a una escala unas treinta o cuarenta veces inferior. Lo constituyen las denominadas Granadinas, que se desperdigan de manera relativamente uniforme entre las islas de San Vicente y Granada moteando las azules y habitualmente tranquilas aguas del Caribe. Bajo ese nombre se agrupan numerosos ejemplares de islitas y cayos, cuyos representantes de mayor tamaño, precisamente los más cercanos a los puntos de comienzo y final del arco que forman, no pasan de unas escasas decenas de kilómetros cuadrados de superficie.

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A pesar de que las Granadinas están habitualmente asociadas a la isla de San Vicente, tanto que incluso dan nombre al país que componen junto a ella, unas pocas de sus componentes pertenecen a la cercana nación de Granada. Se trata de las islas de Petite Martinique y Carriacou, junto a unos islotes adyacentes. Precisamente esta última es la de mayor superficie de todas ellas, con sus aproximadamente treinta kilómetros cuadrados. El resto forman parte del mencionado estado de San Vicente y las Granadinas, cuya figura recuerda vagamente a un cometa que tuviera como cabeza la isla principal y como cola el cinturón de cayos que se desparraman hasta la vecina Granada. A vista de pájaro, el espectáculo de un Caribe punteado aquí y allá por pequeñas manchas verdes no deja indiferente a nadie y resulta ciertamente digno de verse.

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Durante mi último viaje a las Pequeñas Antillas tenía intención de pasar al menos un día en alguna de las Granadinas cercanas a San Vicente. Probablemente en la isla de Bequia, que con sus poco más de quince kilómetros cuadrados de superficie es la segunda del archipiélago en extensión aunque en Europa no pasaría de la categoría de islote. Desgraciadamente, la cancelación de un vuelo de la aerolínea LIAT, que no era la primera vez que me la LIAba, me hizo permanecer atrapado durante un par de días en la no demasiado lejana isla de Tobago. Suficiente para que mi prometida estancia en San Vicente y las Granadinas se redujera al mínimo de tiempo necesario para poder visitar adecuadamente la isla principal, teniendo que renunciar a hacerlo con las colindantes, cuya silueta se divisaba perfectamente en la distancia.

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Esa zona sur de San Vicente, algo a las afueras de la capital del país, presume de tener las únicas playas de arena dorada que existen en la isla. Villa Beach e Indian Bay Beach son muy populares tanto entre la población local como entre la foránea que llega hasta allí para disfrutar de sus vacaciones. Desde ellas se aprecia a la perfección el islote sobre el que está situado Fort Duvernette, pequeña fortaleza construida por los británicos para sofocar una rebelión de la población indígena durante el periodo colonial. Algo a la izquierda se sitúa Young Island, de tamaño algo superior al anterior y que en la actualidad es de propiedad privada, funcionando como resort de lujo. A ambos puede llegarse por un módico precio mediante pequeños barcos que funcionan como taxis acuáticos.

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Pero mi vista aquella tarde estaba puesta en una imagen situada en un punto algo más alejado de mi retina. La costa de Bequia se recortaba bien visible en la lontananza, asemejando un tamaño muy superior al que tiene en realidad debido a su relativa proximidad. Algo al este llegaba a vislumbrarse el terreno rocoso de Battowia, islote deshabitado en el que anidan multitud de aves marinas, junto a la cercana Baliceaux, donde fueron desterrados buena parte de los insurrectos durante el incidente mencionado con anterioridad. Más lejos, ya fuera del alcance de mi vista aunque no así de mi imaginación, se encuentran Mustique, Canouan, Mayreau, Tobago Cays, Union Island…islas muy apreciadas por su belleza y tranquilidad. Tan cerca y a la vez tan lejos, las Granadinas aparecían ante mis ojos como un fruto prohibido imposible de alcanzar. Veremos si los hados me conceden una segunda oportunidad para intentar llegar hasta él.

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2 pensamientos en “Pequeñas entre las Pequeñas

    • Espero que sí, porque las Granadinas tienen una pinta excelente. En general, soy un enamorado de las Pequeñas Antillas, he hecho tres o cuatro viajes a la zona y espero volver alguna otra ocasión.

      Muchas gracias por el comentario y un abrazo.

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