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Mamá, no quiero ser influencer

Test

Afirman los enterados, ésos que tanto abundan últimamente en las redes sociales, que los influencer son individuos que gozan de influencia sobre los potenciales compradores de un producto y son capaces de orientar la compra hacia lo que ellos pretendan. Traduciéndolo al cristiano, debe significar algo así como que hay personajes capaces de influir en la voluntad de los demás y hacerles adquirir algo de acuerdo a sus intereses, lo quieran sus presuntas víctimas o no. Especie de vidente o mago postmoderno, el influencer maneja a las masas a su antojo y las predispone a consumir todo aquello que sus patrocinadores le sugieran.

Aplicado al ámbito de los currantes del blog, parece que la calificación de influencer surgió en torno a las blogueras de moda, que al parecer cuentan con numerosas seguidoras a quienes les sugieren como deben vestirse con el fin de tener esa cualidad tan fútil que se conoce como éxito. Rápidamente se extendió a otros gremios, como al de los blogueros de viaje, donde algunos afirman tener una especie de poderes paranormales mediante los cuales son capaces de convencer a los incautos para viajar adonde ellos les indican, incluso en contra de su voluntad. Previo paso por caja y siempre a través de la publicidad tanto subliminal como directa, como era de esperar en cualquier caso.

A algunos todo esto les sonará muy cool, pero a mí suele provocarme una serie de reacciones que varían de la risa a la náusea, pasando por el total convencimiento de que, tal y como aseguran que afirmó Einstein, la estupidez de la especie humana es más inabarcable aún que el Universo. Siguen una serie de razones por las que nunca seré influencer.

Porque prefiero la calidad a la cantidad: Como en la vida misma, la máxima que rige la diferenciación entre éxito o fracaso en los blogs de viaje es la de tanto tienes, tanto vales. No existe influencer que valga que no vaya por ahí presumiendo de los miles de seguidores que tiene en Facebook, Twitter, Instagram u otras redes sociales. Muchos de ellos comprados, en la mayoría de las ocasiones, pero todo vale para tratar de demostrar quién la tiene más larga. En mi caso, prefiero tener pocos seguidores de verdad que muchos de cartón piedra.

Porque mi ego no se ha desarrollado lo suficiente: Jamás en mi vida he sido ambicioso, ni mucho menos egocéntrico y nunca lo seré. El influencer, por el contrario, se arroga la potestad de influir en la opinión de quienes lo siguen. Y llega al punto de presumir de su fama, como hace algún bloguero de viaje bastante conocido con cualquiera que se atreva a contradecirle. El mismo, por cierto, que publicó una foto del Guggenheim de Bilbao, sacada de internet, en un artículo donde hablaba del Guggenheim de Nueva York. Nivelazo.

Porque no me vendería por un plato de lentejas: En frecuentes ocasiones da grima leer artículos, comentarios o incluso tweets de algunos influencer. Da vergüenza ajena, porque ellos no la tienen ni propia, ver a cierto personaje bien posicionado entre los blogueros de viaje anunciando ensaladas en Twitter y dando las gracias por el detalle que han tenido enviándole una a casa. Mis platos de lentejas me los pago yo, no necesito que nadie me los subvencione.

Porque necesito libertad para viajar y escribir: La libertad para ir donde quiero, ver lo que quiero y sacar las conclusiones que quiero es una necesidad vital para mí. Pero también lo es escribir sobre lo que me parece, cuando me parece y como me parece. Un influencer jamás podrá decir lo mismo, evidentemente, porque estará mediatizado en todos los aspectos de su vida, tanto viajera como bloguera.

Porque confío en el criterio de mis lectores: Que no me toquen a mis (escasos) lectores, que son sagrados. Por consiguiente, jamás de los jamases cometeré un fraude con ellos llevándolos a engaño con lo que escribo. Y mucho menos si a cambio de ello obtengo algún tipo de beneficio económico, bien sea en dinero o en especie, léase viajes, alojamiento en hoteles o experiencia gastronómica gratis. Allá con su conciencia quien emplea su influencia de forma fraudulenta, yo nunca lo haría.

Porque intento mantener la autenticidad: Desde que comencé esta especie de odisea del espacio que es escribir un blog de viajes han pasado casi diez años, lo cual es ciertamente sorprendente. Pero quizás lo sea más aún que en todo ese tiempo no he cambiado un ápice mi forma de pensar y, por consiguiente, la de escribir. La flexibilidad hacia el lado del que sopla el viento nunca ha sido lo mío, más bien lo es hacia el polo contrario. Resulta muy difícil pues que doble el espinazo y adopte actitudes contrarias a mi forma de pensar tan solo por intereses pecuniarios.

Porque mantengo separada mi vida real de la virtual: El influencer suele vivir en un mundo de fantasía, mucho más pendiente de las estadísticas de su web o de los retweets obtenidos que de los estudios de sus hijos o de saludar al vecino. Me considero a años luz de todo ello. Ni tengo Instagram, ni me conecto a internet por el móvil, ni siquiera tengo Whats’App. Hago la compra y la comida, tengo buena relación con mis vecinos, me interesan mucho más los estudios de mis hijos que las visitas a mis blogs. Prefiero tomarme unas cañas con mis amigos que salir a buscar Pikachus, en definitiva.

Porque me gusta aprender: Una de las cosas que siempre me han motivado, en todos los aspectos de mi vida, ha sido aprender. Quienes me conocen podrán tacharme de apático, de misántropo, hasta de autista si quieren, pero nunca podrán decir que no soy una persona curiosa e interesada por adquirir los máximos conocimientos posibles. Evidentemente, tanto en mi aspecto viajero como en el de bloguero, el hecho de aprender cosas nuevas tiene una importancia vital. Siempre he sido aprendiz de todo y jamás experto en nada. Esta faceta de experto se la dejo a los influencer, siempre con una vasta experiencia en mirarse al ombligo e ir de sabelotodos por la vida. Money, Money.

Porque vender crecepelo no es lo mío: ¿He dicho ya que prácticamente nunca en mi vida he engañado a nadie? Vender crecepelo es algo íntimamente asociado a la actividad de influencer. Tampoco es de extrañar, especialmente si se tiene en cuenta que viven en una especie de huida hacia adelante en la ardua tarea de convencer a incautos para que les hagan caso y así obtener a cambio un rédito económico. No es para mí, de todas formas, jamás he intentado convencer a nadie de nada y no voy a empezar ahora, a mis años.

En resumen, porque trato de ser honesto conmigo mismo y con quienes me leen: Simplemente eso. Si algunos de quienes me leéis os sentís influenciados por lo que escribo, os aconsejaría que dejarais de hacerlo inmediatamente porque puede ser perjudicial para vuestra salud mental. En caso de que os resulte divertido, os recomendaría que siguierais haciéndolo porque dicen los expertos que reírse es siempre beneficioso para la salud. Y, por supuesto, si detectáis cualquier síntoma de haberme convertido en influencer, sea que presumo de seguidores en redes sociales, que me pirro por ir a blogtrips o que publicito ensaladas o condones, hacédmelo saber mediante una colleja. Bien sea virtual o, mucho mejor aún, real. El resto de mis lectores y yo os estaremos eternamente agradecidos.

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9 pensamientos en “Mamá, no quiero ser influencer

  1. Y tú porqué escribes tan bien? Será porque tienes las cosas muy muy claritas y te salen del alma?
    En cualquier caso enhorabuena por este pedazo articulo, estamos en total acuerdo con tus opiniones.

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    • Jajaja, para la mayoría escribo muy mal. O al menos eso es lo que me comentan algunos, habitualmente echando espumarajos por la boca. Fuera de bromas, la forma de escribir que tengo es la que siento, no podría hacerlo de otra manera. Y, al contrario de lo que se piensa, mi intención no es la de molestar sino simplemente la de exponer la realidad. Mi realidad, al menos.

      Muchas gracias por vuestras palabras, me alegra que estemos de acuerdo.

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  2. Buenas Floren. Ya sabes que yo paso de meterme en polemicas esteriles y cibercharcos, pero lo que siempre he pensado es que para considerarse y llamarse a uno mismo “influencer” hay que tener un ego como una catedral. A mi me da la risa floja que haya gente que se crea eso. Vamos, que cada uno se defina como quiera y que haga lo que considere mas conveniente, pero es una idea y un nombre que me dan mucha grima.

    Saludos

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    • Hace unas semanas leí una entrevista con una famosa “influencer” en el mundo de la moda. Decía algo así como que le molestaba que la llamaran bloguera, porque eso era un término despectivo, que ella era “influencer”. Sus opiniones denotaban incultura a raudales, pero afirmaba que le pagaban dos mil euros por mencionar una marca en un tweet. Y lo peor es que esta persona, y algunas otras, realmente son un espejo donde se miran muchas jóvenes que intentan ser como ellas.

      En los viajes no se ha llegado a tanto todavía pero sí que hay blogueros que piensan tener la capacidad de hacer que la gente vaya a donde ellos dicen o ir a restaurantes u hoteles que ellos recomiendan. Quizás convencer a la masa sea fácil, pero las ovejas negras como yo directamente nos olvidamos de seguir sus consejos. Por poner un ejemplo, hace unos meses quedé tan harto del abuso de publicidad que hicieron de un blogtrip a determinada provincia andaluza que cuando tuve ocasión de escaparme un par de días hace poco me decidí por otra.

      Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

      PD: Haces muy bien en no meterte en cibercharcos, a ver si algún día aprendo. 🙂

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  3. Yo sigo a Florencio y hago caso por su integridad. Los influencers o influenciadores se burlan de los lectores, quieren manipularlos, tomarlos por pendejos, los lectores deberian reaccionar y abandonar a esos influenciadores y no agarrar ni leer sus escritos, los influenciadores son como una secta maligna. Y yo me rio de la palabra influencer, pues no influencian nada, son pobres diablos como el del 25 de diciembre y el del rincon de las telaranhas, solo influencian a algun flaco despistado.

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    • Dice usted bien al llamarlos influenciadores que es como deberíamos referirnos a ellos en castellano. O quizás influidores, pero influencers es una palabreja horrorosa.

      La mayoría de los lectores de páginas de viaje quieren que se lo den todo hecho, no se atreven a agarrar la mochila y lanzarse a la aventura. Por eso triunfan algunos de estos influenciadores como el de la Navidad o el del rincón, que hasta me han comentado que viajan acompañando a algunos que los leen. Por un módico precio, por supuesto. No es para mí, a mí simplemente me gusta viajar.

      Muchas gracias por sus palabras, compadre.

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  4. Me reí mucho con este…. sigues en tu línea.
    Pero estoy tan fuera del tema que no se cual es el de la Navidad…pero no son sólo los TI los que se los creen …. todos los que tienen un “media kit” se creen que influyen en alguna medida… y más si mencion el klout o alguna métrica de influencia en las redes sociales (totalmente manipulables, hice un par de experimentos y me puse en 70 de klout …. y yo creo que no influyo ni en mi perro.)
    No dudes que se lo creen, ellos piensan que lo son… influyen a algún turista quizás….y a alguno que no sabe ni lo que quiere…. me han escrito algunos que a donde le aconsejaba ir … y mi respuesta el silencio, a ver si rescato esos correos y escribo un post “lo que no debes preguntar a Any” … en fin Florencio … personajes en este mundillo sobran … viajeros con mayúsculas de los que no necesitan ni un plan faltan …

    Saludos

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    • Un famoso gurú cuyo apellido se traduce como tal del catalán al castellano. 🙂

      Me ha gustado eso de que no influyes ni en tu perro. Yo espero no hacerlo en nadie, porque en el fondo supone una responsabilidad que no estoy dispuesto a asumir. No soy nada de dar consejos, por esto mismo, así que a mí no debe nadie preguntarme adonde viajar.

      Quien se pasa el día dando consejos de todo tipo desde sus blogs o las redes sociales, quienes se llaman a sí mismos “influencers” y no te digo ya “inspirers”, tienen un ego que no les cabe en Maracaná, en mi opinión. Pero pienso que la gran mayoría se darán un batacazo, tarde o temprano, y los que desde más arriba caen, más daño se hacen. Algunos deberían tener esto muy en cuenta.

      Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

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  5. Pingback: Sonrisa de perdedor | fmanega por el mundo

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