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A través de los Andes

Fue una tarde de abril cuando llegamos a Puerto Varas, una pequeña ciudad situada a orillas del lago Llanquihue, en el norte de la Patagonia chilena. Estábamos a mitad del otoño austral y el día era lluvioso por lo que la visibilidad sobre el lago era escasa. Tras dar un corto paseo por las calles medio desiertas de la ciudad, decidimos entregarnos a las delicias gastronómicas chilenas en el restaurante de nuestro hotel. Mientras que en el resto de países del Cono Sur es la carne el manjar más apreciado, Chile se caracteriza por su excelente marisco y sus fantásticos vinos. Así que pedimos unas raciones de machas, especie de almejas de característico color rosado, de ostiones, bivalvos que recuerdan vagamente a las ostras, y de picorocos, curioso crustáceo con cierto parentesco con el percebe, para afrontar las emociones que nos esperaban el próximo día.

La mañana siguiente apareció despejada, por lo que pudimos apreciar el perfecto cono del volcán Osorno, totalmente nevado, en la otra orilla del lago. Nos dispusimos a tomar un autobús que nos llevaría, bordeando el mencionado lago Llanquihue, hasta el centro de los Andes, esa sucesión de montañas y volcanes que vertebra Sudamérica de norte a sur. La primera parte de la ruta transcurría paralela al borde del agua, siempre con la silueta del Osorno al fondo. Este volcán se eleva a cerca de tres mil metros de altitud y es visible desde una amplia distancia, representando una imagen característica de esta zona pre-andina.

Tras recorrer unas decenas de kilómetros en los que las transparentes aguas del lago Llanquihue fueron nuestras compañeras de viaje, tomamos un desvío que nos llevó hasta la entrada del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo de Chile. Este lugar dispone de una vegetación frondosa y característica, que incluye numerosos endemismos. Entre su fauna destaca el puma, aunque no es fácil divisar algún ejemplar de este enorme gato. Nos dirigimos hacia los saltos del río Petrohué por uno de los senderos del parque. Allí, el río discurre a toda velocidad por una serie de rápidos formados por coladas de lava procedentes de alguno de los volcanes cercanos, creando un paisaje abrumador. Tras pasar un rato observando este espectáculo natural, iniciamos el camino hacia el lago Todos los Santos, centro neurálgico del parque.

El lago Todos los Santos también es popularmente conocido como lago Esmeralda, debido al color verde de sus cristalinas aguas. Cruzamos parte de él en un catamarán, desde el que pudimos observar las moles de los volcanes Osorno y Puntiagudo así como el Monte Tronador, la montaña más alta de esta parte de los Andes con sus casi cuatro mil metros de altura. Tras un par de horas de navegación llegamos al apacible pueblo de Peulla, donde nos dispusimos a pasar esa noche maravillados con todo lo que habíamos vivido durante la larga jornada precedente. La mañana siguiente fuimos a ver una pequeña laguna glaciar situada a los pies del Monte Tronador. No tengo palabras para describir la belleza de este lugar, con la impresionante montaña reflejada en el agua, así como la tranquilidad que allí se respiraba.

Aún atrapados por la emoción, volvimos al autobús para dirigirnos a Puerto Frías por una pista de tierra. Este punto fronterizo entre Chile y Argentina está situado al borde del lago Frías, cuyo color verde intenso lo hace ser asimismo denominado lago Esmeralda, como su vecino chileno. Toda esta zona, ya en territorio argentino, se atraviesa en pequeños barcos y algunos tramos en autobús hasta llegar a Puerto Blest, donde esperamos por el catamarán que cruza el lago Nahuel Huapi, otra maravilla de la naturaleza. Al contrario de algunos que cruzamos en territorio chileno, éste tiene una gran profundidad y sus aguas presentan un color azul intenso. Desde la cubierta del catamarán pudimos apreciar la inmensa belleza de esta parte de Argentina, también declarada Parque Nacional, hasta llegar al embarcadero de Puerto Pañuelo, muy cercano a la ciudad de San Carlos de Bariloche, donde pusimos punto y final a esa maravillosa experiencia que supone cruzar los Andes.

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