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A casa volvió el marinero

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“Here he lies where he longed to be, Home is the sailor, home from sea, And the hunter home from the hill.” (Robert L. Stevenson)

Robert L. Stevenson vivió en la isla de Upolu, Samoa, los últimos años de su vida. Había llegado a tan remoto lugar en busca de mejorar su siempre precaria salud y rápidamente conectó con la isla y sus habitantes, de manera que allí decidió instalarse junto con su familia. Por entonces, Stevenson ya era un escritor muy conocido y parece que su fama había llegado a oídos de los isleños, que comenzaron a referirse a él como Tusitala, el que cuenta historias. Tusitala se instaló en un lugar llamado Vailima, que significa cinco arroyos, situado a los pies del monte Vaea y no muy alejado de Apia, la capital actual de Samoa. En este lugar pudo dedicarse a escribir con tranquilidad, aunque su salud no llegó a mejorar del todo y falleció de un infarto cerebral pocos años más tarde, a la temprana edad de cuarenta y cuatro años.

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Tusitala se integró muy pronto en la sociedad samoana. Se había casado unos años atrás con una rica californiana en San Francisco, lo que le permitía tener un elevado nivel de vida y vivir en una mansión que mandó construir en Vailima. Participaba bastante en la política de Upolu, llegando incluso a apoyar a un caudillo local, Mata’afa, en su disputa con el rey Laupepa. Desgraciadamente para él, Mata’afa perdió su batalla con el rey y fue deportado al atolón de Jaluit, actualmente parte de Islas Marshall. Prueba del respeto que los samoanos tenían a Tusitala es que ni él ni su familia sufrieron daño alguno tras la derrota de Mata’afa y pudieron continuar viviendo tranquilamente en Vailima.

Un día cualquiera de verano llegamos a Vailima desde la cercana ciudad de Apia. Allí conocimos a Margaret, que se encarga de enseñar la mansión a los visitantes y tiene el mismo nombre que el de la madre de Tusitala, debido a que su abuela trabajó en Vailima a su cuidado. Margaret nos enseñó una por una las habitaciones de la casa, explicándonos con su dulce voz mil y una historias sobre la vida del escritor en Samoa. En realidad, la mayor parte del mobiliario de la mansión son reproducciones, pues tras la muerte de Tusitala su familia abandonó el lugar y Vailima pasó a otras manos. Pero su espíritu sigue allí presente y es fácil imaginar cómo era su vida en ese lugar. A ello contribuyen numerosas fotografías que lo muestran junto a su familia en diversos aspectos de su vida cotidiana.

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Retornamos a Vailima pocos días más tarde, con la intención de subir hasta la cima del monte Vaea, donde reposan los restos de Tusitala y su esposa. Cuando el que cuenta historias falleció, sus amigos samoanos trabajaron sin descanso durante veinticuatro horas para hacer una senda hasta la cumbre de la colina, cubierta por una espesa vegetación. Al día siguiente, subieron hasta allí el cuerpo y lo enterraron tras una ceremonia que se aplica solamente a personas muy respetadas. Tusitala había pedido ser inhumado allí, desde donde se tienen excelentes vistas de Vailima y buena parte de la isla de Upolu, como prueba de su amor por Samoa y su gente.

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La subida hasta la cima del Vaea no es sencilla y es fundamental disponer de buen calzado. La senda se pierde entre la vegetación, a veces es bastante empinada, hay zonas muy pedregosas e incluso algún que otro árbol caído impidiendo el paso. También hay que vadear varios arroyos, pero afortunadamente era época seca y la mayoría de ellos no llevaban agua. En la cumbre reposa el escritor, enterrado bajo unos árboles del pan. En la lápida que cubre sus restos está escrito el siguiente epitafio: “A casa volvió el marinero, a casa desde el mar y el cazador desde la colina a su hogar”. Mientras miraba estos estremecedores versos, no pude menos que dar las gracias a Tusitala por lo mucho que algunas de sus historias hicieron soñar a aquel niño que un día fui.

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2 pensamientos en “A casa volvió el marinero

    • Me alegra haberte descubierto algo sobre Stevenson, uno de mis escritores preferidos también. Debió de tener una vida apasionante, a la altura de algunas de sus novelas, aunque su mala salud no le permitió prolongarla demasiado.

      Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

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