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Poco ruido y muchas nueces

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Siendo el río Olt el más largo de los que discurren íntegramente por territorio rumano, no es de extrañar que haya constituido un factor importante para las diferentes civilizaciones que se han desarrollado en este país ya desde tiempos de los dacios. Tras abandonar Transilvania y al poco de integrarse en Valaquia, por donde circula con presteza hacia su seguro final en las aguas del Danubio, el río atraviesa una zona que destaca tanto por su atractivo paisajístico como por los edificios religiosos que congrega en sus inmediaciones. Aunque tienen mucho menos renombre que sus homónimos de Bucovina, los monasterios del valle del Olt no desmerecen a sus compatriotas norteños a pesar de carecer de esos cotizados frescos exteriores que tan famosos han hecho a éstos.

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Mandado erigir por el voivoda Mircea cel Bătrân a finales del siglo XIV, el monasterio de Cozia está situado en un entorno privilegiado a orillas del mencionado río. Seguramente, el lugar seleccionado para construirlo estaba considerablemente aislado en aquella época, al estar localizado entre el curso de agua y una colina cercana. Siempre quedará la duda, por consiguiente, de si la elección fue debida al propósito de defender una posición estratégica de cara a las habituales batallas sostenidas contra los otomanos o si, por el contrario, se pretendía mantener el templo protegido ante la voracidad de éstos. Sea cual fuere la causa, parece indudable que su situación ha contribuido grandemente al buen estado en el que todas las edificaciones que integran el complejo monástico, así como las innumerables obras de arte que contienen, han llegado hasta nuestros días.

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Emplazada en el centro del recinto, la iglesia de la Santísima Trinidad constituye la edificación principal del monasterio y fue la primera en ser construida. La influencia bizantina resulta evidente tanto en la cúpula como en algunos de los frescos, que se han mantenido en un aceptable estado de conservación desde la fundación del templo. Su aspecto original debió de ser algo diferente al actual por haber sido objeto de al menos dos reestructuraciones, una a comienzos del siglo XVI y otra casi doscientos años más tarde a manos del príncipe Constantin Brâncoveanu, responsable del estilo artístico más genuino que se conserva en Rumanía. Entre otros personajes representados en el interior de la nave se encuentra su fundador, también enterrado en este lugar, a quien se muestra junto a su hijo y vestido de cruzado para conmemorar sus victorias en defensa de la cristiandad.

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Una de las características principales del monasterio, quizás sin parangón con ningún otro recinto monástico rumano, es la insuperable colección de obras de arte que alberga. A disposición del visitante en una especie de museo se encuentran valiosos iconos, preciados manuscritos, incunables de la época de la fundación del cenobio que incluyen uno de los más antiguos ejemplos de la lengua rumana escrita, libros de salmos de incalculable valor, costosos objetos sagrados para la celebración del culto. Tanta sabiduría acumulada se explica por el hecho de que, al igual que complejos similares, durante los oscuros años medievales Cozia funcionó como centro de enseñanza impartida por sus monjes, que a la vez interpretaban, traducían y copiaban diferentes textos religiosos para uso de la población en general.

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Probablemente conocido como Nucet en la época de su fundación, tal vez por estar situado en una zona donde abundaban los nogales, posteriormente pasó a ser identificado con su denominación actual de monasterio de Cozia. Este término tiene un significado similar al anterior en lenguaje cumano, síntoma de que en las colinas que rodean el lugar debieron estar establecidas gentes de esta procedencia, llegadas desde Asia Central siglos atrás. Como indica un dicho español, algo debe tener el agua cuando la bendicen y no en vano posiblemente sea éste el más visitado entre todos los cenobios del país por la población local. Aunque hablando de refranes y teniendo en cuenta tanto lo desapercibido que pasa Cozia en relación a otros monasterios rumanos como las excelencias que acumula, en este caso el ruido es más bien poco y las nueces sin duda son muchas.

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