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Contrapunto gris

Poblada desde tiempos inmemoriales, Irlanda alberga cuantiosas muestras de su extenso pasado que han llegado hasta nuestros días y constituyen un legado cultural de primer orden. Recintos arqueológicos, vestigios megalíticos, viejas iglesias, castillos, catedrales, esas características torres de observación de forma cilíndrica o las inconfundibles cruces celtas conforman un vasto patrimonio arquitectónico, que independientemente de su función presenta el denominador común de su tonalidad. Producidos a partir de materiales abundantes en la isla como el basalto, el granito, la roca arenisca o caliza e incluso el mármol, estos monumentos suelen mostrar una coloración grisácea que les confiere un perfil en cierto modo unitario a pesar de la amplia gama de matices que presentan.

Situado en el condado de Tipperary, al sureste del país, el lugar conocido como Rock of Cashel es probablemente el conjunto arquitectónico más visitado y uno de los más interesantes de Irlanda. En su origen fue una fortaleza real, para más adelante pasar a manos de la Iglesia mediante una donación por parte de uno de los monarcas del reino de Munster. Debido a ello presenta un interesante compendio de arquitectura civil y religiosa donde descolla Cormac’s Chapel, capilla del siglo XII denominada como el rey que la mandó edificar. Adosada a ella se encuentra The Cathedral, construida aproximadamente un siglo más tarde y que está desprovista de su cubierta superior en la actualidad. Aparte de los restos de lo que fue un palacio en el pasado destaca una torre de observación cilíndrica, en buen estado de conservación a pesar de ser la estructura más antigua del complejo.

Algo hacia el oeste, en el vecino condado de Limerick, la localidad de Adare suele ser considerada como la más atractiva y una de las más tradicionales de Irlanda. Entre sus monumentos, algunos de ellos en estado de ruina desde hace siglos, sobresalen las abadías Trinitaria, Agustina y Franciscana, construidas en los siglos XIII, XIV y XV respectivamente. Curiosamente, la más antigua es la que presenta un mejor estado en la actualidad, debido a una restauración efectuada en el siglo XIX. Cerca del pueblo se encuentra Desmond Castle, fortaleza del siglo XII situada junto a un río. Pero probablemente el motivo que atrae a numerosos turistas hasta esta población son sus ejemplos de arquitectura popular, algunos de ellos con tejado de pizarra y otros con cubierta de paja pero siempre compartiendo ese tono gris tan habitual en las construcciones irlandesas.

Más al norte, ya en el condado de Galway, Kylemore Abbey es un impresionante monasterio benedictino enclavado en el privilegiado entorno de la zona conocida como Connemara. En sus inicios fue una residencia privada, construida en la segunda mitad del siglo XIX y a la que se conocía como Kylemore Castle. Tras diversas vicisitudes el castillo pasó a convertirse en abadía cuando unas monjas de la mencionada orden se establecieron allí, tras ser desalojadas del cenobio que ocupaban previamente a causa de la I Guerra Mundial. Separada del edificio principal se encuentra una coqueta iglesia neogótica, mandada edificar por el propietario del lugar en memoria de su esposa fallecida poco tiempo atrás. Construida en piedra caliza gris extraída de las inmediaciones, se asegura que es una fiel réplica en miniatura de la catedral de Norwich.

Sin estar limitadas a un entorno determinado sino distribuidas de manera aleatoria por todo el territorio, las cruces celtas constituyen probablemente el principal símbolo identitario de Irlanda. Afirman algunos que fueron ideadas por el propio San Patricio durante el proceso de conversión al cristianismo de la isla, extendiéndose desde allí a otras zonas del continente europeo. Pueden aparecer aisladas o agrupadas, estar más o menos ornamentadas y su propósito inicial parece ser identificativo, indicando que el lugar donde se levantaban estaba dedicado a la práctica del culto cristiano. Posiblemente, los mejores ejemplos se encuentran en los condados de Offaly y de Wicklow, donde destacan respectivamente Clonmacnoise, con la denominada cruz de las Escrituras, y Glendalough, cuya cruz de San Kevin es considerada la más antigua del país. Con el tiempo fueron olvidadas y tras varios siglos renacieron con otros fines, especialmente funerarios pero también políticos, al ser asociadas a ideas nacionalistas tanto moderadas como radicales. Independientemente de su simbología, lo que resulta indudable es que la cruz celta supone un contrapunto gris sobre el fondo siempre verde del paisaje irlandés.

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