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Mucha cara

Jayavarman VII, nombre que significa literalmente el guerrero victorioso, fue el monarca bajo cuyo mandato, iniciado a finales del siglo XII, el imperio khmer alcanzó su plenitud. Budista convencido al contrario que la mayoría de sus antecesores, predominantemente hinduistas, dedicó los casi treinta años que duró su reinado a defender su territorio de los ataques procedentes del vecino reino champa, así como a extender sus fronteras en la medida de lo posible. Durante los periodos de paz desarrolló además una notable actividad constructora que, aparte de viviendas y hospitales para sus súbditos, le llevó a crear tres templos que han sobrevivido hasta nuestros días: Ta Prohm en honor a su madre, Preah Khan dedicado a su padre y Bayon que reservó para sí mismo. A este último lo situó en el mismo centro de Angkor Thom, la capital de su imperio.

A cualquiera que haya visitado Angkor no creo que le quepan dudas de que Bayon es el templo más enigmático de todo el complejo. Parece que su denominación proviene del sanscrito yantra, término que se utiliza entre otras acepciones para representar un diagrama que se cree fuente de energía cósmica. Si esta teoría fuera correcta seguramente el templo tendría otro nombre cuando fue edificado y alguno de los sucesores de Jayavarman VII, que retornaron al hinduismo, le hubiere asignado el actual. Tampoco el diseño que ahora presenta corresponde exactamente al que tuvo en sus inicios, pues se sabe que sufrió alguna reforma con posterioridad. A pesar de ello, mantiene su apariencia de montaña con numerosos picos, una referencia indudable al mítico monte Meru, lugar sagrado tanto para budistas como para hinduistas.

Al igual que ocurre en otros templos de Angkor, el recinto de éste está compuesto por dos galerías que cobijan la zona central del santuario. En la exterior se conservan magníficos bajorrelieves, que enseñan al visitante escenas tanto históricas como de la vida cotidiana en aquella época. No menos atractivos resultan los que pueden verse en la galería interior, dedicados mayoritariamente a mostrar escenas mitológicas, relacionadas fundamentalmente con el hinduismo. La parte central correspondería a la visión mítica del monte Meru, cuyos picos estarían representados por lo que en sus orígenes eran cuarenta y nueve torres, de las que en la actualidad se conservan treinta y siete. Destaca entre ellas una circular, situada justo en el centro y que se eleva más de cuarenta metros sobre el suelo.

Pero lo que realmente llama la atención en Bayon son esas extrañas representaciones de rostros, serenos y ligeramente sonrientes, que se reparten por las torres en número de dos, tres o cuatro en cada una de ellas. Su significado sigue siendo desconocido hoy día, aunque existen dos teorías con mucho arraigo entre los expertos. Una de ellas indica que mostrarían la imagen de Jayavarman VII, lo cual no resulta extraño si se tiene en cuenta el enorme parecido que guardan con una escultura que se supone perteneciente al rey khmer. La otra apostaría por que fueran una alusión al bodhisattva, es decir el ideal de vida budista al que todo seguidor de esta religión aspira. Ambas explicaciones serían compatibles con la idea de que Jayavarman VII hubiera enseñado a sus súbditos el camino a seguir para alcanzar una vida plena a través de su propia imagen.

No pude evitar un cierto pudor al adentrarme en el interior del templo, ante la sensación de sentirme observado una y otra vez. Más aún teniendo en cuenta que la ligera sonrisa placentera que exhiben las imágenes denota en cierto modo un tono irónico, como si Jayavarman VII hubiera sido consciente de su inmenso poder y lo hiciera notar a todo aquel que penetrara en su recinto sagrado. Me sorprendió también percatarme de que aunque los exactamente doscientos dieciséis rostros que se conservan parecen iguales al principio, en realidad muestran semblantes ligeramente diferentes unos de otros, como si cada uno de ellos hubiera sido tallado por distintas manos. Nunca se sabrá con total seguridad, pero probablemente el monarca tan solo intentaba revelar a sus súbditos las numerosas expresiones beatíficas que pueden llegar a asomar en la cara de un budista camino a la santidad.

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Un pensamiento en “Mucha cara

  1. Cuando estuve allí, nos comentaron que las imágenes correspondían al bodhissatva también. Muy buen artículo. Me has enseñado cosas que no sabía de Angkor. Más que bello, me pareciò enigmático, a saber cuántas cosas habrán visto estos edificios! Un saludo

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