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Soñar no cuesta nada: Asia

Como cada decimonoveno día del mes de mayo, hoy hablamos de sueños. Sueños viajeros relativos al continente asiático, en este caso. Sueños con pocos visos de cumplirse y con muchas probabilidades de quedarse tan solo en sueños. Sueños inalcanzables, algunos. Sueños vanos, otros. Sueños rotos, la mayoría. Sueños que definen a un incorregible soñador, todos. Sueños que se irán desvaneciendo en el tiempo, que caerán en el olvido, que no se concretarán en realidades tangibles. Pero sueños que, al fin y al cabo, cumplen su papel de enlace entre lo que hoy es solo imaginación y una hipotética futura sustantividad.

Desde que pisé Asia por primera vez, allá por 1996, he retornado en diversas ocasiones hasta mi última visita, sucedida en 2014. En esos años he tenido ocasión de recorrer parte de treinta y cinco de los cuarenta y siete estados asiáticos actualmente miembros de Naciones Unidas. También he estado en Palestina, estado observador, y en un par de territorios, Hong Kong y Macao, cuyo estatus actual es de cierta autonomía respecto al estado del que forman parte. Considero, por tanto, que mi conocimiento del continente asiático es notable, aunque debo admitir que tengo muchas lagunas, algunas de ellas muy importantes como veremos a continuación.

Tras descubrir los lugares que me gustaría conocer en España y los que espero hacerlo en Europa, aquí tenéis los relativos a Asia. Admito que son muy difíciles de cumplir, alguno de ellos prácticamente imposible, pero si algún día lo logro dejaré una foto del lugar en cuestión y una reseña de la fecha en que la visita se llevó a cabo.

Gran Muralla (China): Una de esas enormes lagunas a las que hacía referencia anteriormente tiene que ver con mi débil conocimiento del gigante asiático. Entre los innumerables lugares que me gustaría visitar en China, quizás el que me despierta un mayor interés sea esa impresionante obra de ingeniería conocida como la Gran Muralla. A pesar de que eso de que es el último punto de la Tierra que se ve desde el espacio no sea más que un cuento chino. O quizás por ello.

Sundarbans (Bangladesh): Con una superficie de unos diez mil kilómetros cuadrados, los Sundarbans constituyen la zona de manglares más grande del mundo. Está situada en el delta del Ganges y se la reparten India y Bangladesh, estado este último donde se encuentra la mayor parte de su territorio. Además de su flora, destaca por su fauna, cuyo máximo exponente es el tigre de Bengala, la mayoría de cuyos aproximadamente doscientos ejemplares se encuentran también en el lado bangladesí.

Bagan (Myanmar): Desde los siglos IX al XIII, el lugar hoy conocido como Bagan fue capital del entonces denominado reino de Pagan, germen de lo que luego fue Birmania y actualmente se conoce como Myanmar. Se dice que en la vasta llanura donde se encuentra llegaron a ser construidos más de diez mil templos, pagodas y monasterios budistas. Algo de cierto debe de haber en ello porque se conservan restos de más de dos mil en la actualidad.

Borobudur (Indonesia): Templo budista más grande del mundo, Borobudur fue construido en el siglo IX y abandonado en el siglo XIV tras la introducción del Islam en la isla de Java. El complejo contiene casi tres mil bajorrelieves y más de quinientas estatuas de Buda, que lo convierten en el mejor muestrario de escultura budista del mundo. En la actualidad, sigue siendo un centro de peregrinaje para los escasos practicantes de ese credo que quedan en Indonesia.

Mohenjo-Daro (Pakistán): Si los dos anteriores son sitios arqueológicos de excepción, en mi opinión Mohenjo-Daro no les desmerece en absoluto. A pesar de estar envuelto en un halo de misterio, los restos hallados demuestran que fue uno de los asentamientos urbanos más antiguos del mundo. Este lugar estuvo habitado durante el tercer milenio a.C. y fue abandonado unos ochocientos años después de su fundación. Para algunos expertos, fue el origen de la avanzada civilización sumeria.

Desierto del Gobi (Mongolia): La fascinación que desde muy niño comencé a sentir por los desiertos no me ha abandonado jamás. Uno de los más grandes del mundo es el Gobi, con una superficie de un millón trescientos mil kilómetros cuadrados que se extienden entre el norte de China y el sur de Mongolia. Para disfrutarlo, nada mejor que Gobi Gurvansaikhan, parque nacional mongol donde pueden verse atractivas dunas y que sirve de refugio a especies como el leopardo de las nieves o el ibex siberiano.

La Meca (Arabia Saudí): Ya, ya sé que visitar La Meca es imposible excepto para los fieles musulmanes. ¿Cambiará esta regla algún día? ¿Me convertiré al Islam? Es más que probable que la respuesta a estas dos preguntas sea negativa, pero no hay casi nada imposible y más en lo que a sueños se refiere. Sea como fuere, visitar el lugar que acogió al profeta debe ser una experiencia inolvidable.

Katmandú (Nepal): ‘I think I’m going to Kathmandu’ cantaba Bob Seger a comienzo de los años setenta, cuando la capital de Nepal era destino preferente para los hippies debido a su permisividad con algunas sustancias. Como decía otro hippie de pro, el gran Bob Dylan, los tiempos están cambiando pero aún así, y a pesar del terremoto ocurrido hace poco tiempo, creo que Kathmandú tiene mucho que ver.

Minarete de Jam (Afganistán): Un minarete del siglo XII y casi setenta metros de altura que se levanta contra los elementos en un estrecho valle de paredes cortadas a pico y rodeado por cumbres de casi dos mil quinientos metros de altura. ¿Suena bien, no? Tan interesante construcción se encuentra en la provincia afgana de Gawr y destaca por su estilismo y su característica decoración de acuerdo a los cánones islámicos.

Samarra (Irak): Ciudad de larga historia, Samarra ha perdido buena parte del patrimonio que debió tener en el pasado y ha sido fuertemente afectada en la guerra interminable que parece vivir Irak. Conserva sin embargo edificaciones de sumo interés, como los restos de la Gran Mezquita, construida en el siglo IX y en la que destaca su excepcional minarete. Se eleva éste unos cincuenta metros sobre el suelo y presenta un diseño exterior en espiral único en el mundo.

Paro Taktsang (Bután): Erigido sobre un precipicio de novecientos metros de caída, Paro Taktsang es un monasterio cuya denominación significa nido del tigre. Fue construido a finales del siglo XVII junto a un lugar donde meditó el introductor del budismo en Bután. Desconozco si mi vértigo me permitiría llegar hasta el complejo, pero al menos me encantaría echarle un vistazo desde la distancia.

Tumbas de Koguryo (Corea del Norte): Corea del Norte es un país que me atrae por su inaccesibilidad, a pesar de las limitaciones que suele tener el visitante. Más que su capital, demasiado enfocada a alabar las presuntas virtudes del actual régimen, preferiría ver alguno de sus sitios históricos. Entre éstos destacan las llamadas tumbas de Koguryo, complejo donde se conservan enterramientos del reino homónimo, que se extendió por China y Corea en el primer cuarto de nuestra era. Algunas de ellas conservan pinturas murales de la época.

Socotra (Yemen): Difícil decisión la de elegir entre Sana’a, una de las ciudades más bellas del mundo que también espero visitar algún día, y la isla de Socotra. Si me he decidido por esta última es debido a su increíble biodiversidad, con más de setecientas especies endémicas. Entre ellas destaca el popularmente denominado árbol de la sangre del dragón, así llamado por su resina de color rojizo.

Parque Nacional Nino Konis Santana (Timor Oriental): Último estado asiático en conseguir la independencia hasta la fecha, Timor Oriental se desgajó de Indonesia hace apenas quince años. Su primer parque nacional es denominado Nino Konis Santana en honor a un héroe nacional que nació cerca de ese lugar. Comprende una zona terrestre, donde destaca la avifauna, y una marina, con abundancia de corales.

Taj Mahal (India): Y si antes hablaba de lagunas enormes dejadas durante mi paso por Asia, esta última es casi un mar interior. ¿Podéis creer que aún no he visitado el Taj Mahal? Vale, he visitado la construcción que inspiró esta magnífica obra, el mausoleo Gur-e Amir en Samarcanda. Pero aún así resulta imperdonable no haber visto esta joya, una de las edificaciones más excepcionales creadas por el ser humano. ¿Conseguiré ponerle remedio algún día? Os mantendré informados.

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2 pensamientos en “Soñar no cuesta nada: Asia

  1. Una vez que visitas Asia, todo cambia, ¿no lo crees? Tuve la fortuna de visitar China el 2016 y no he podido olvidarle. Es un país que desafía tu paciencia de principio a fin, pero que te entrega muchísimo, en cada rincón. No conozco tantos países de Asia, pero sueño con volver todos los días para seguir recorriendo el que es, a mi parecer, el continente más fascinante de todos.

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