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Empapándonos de naturaleza

La isla-estado de Dominica es bastante atípica dentro del contexto caribeño en el que se inscribe. Es la más joven entre las componentes de esa especie de collar de islitas conocido como Pequeñas Antillas y, a diferencia del resto de ellas, aún posee una considerable energía interior, que se manifiesta en diversos fenómenos geotérmicos que frecuentemente tienen lugar en su superficie. Dominica debe su nombre a que fue avistada por vez primera un domingo de finales de 1493 y se mantuvo sin ser colonizada, no se sabe muy bien por qué, durante un par de siglos más. Este hecho contribuyó sobremanera a que la mayor parte del bosque primitivo que la cubría no fuera deforestada, lo que ha dado lugar a que todavía hoy casi toda la superficie de la isla esté tapizada por un exuberante bosque lluvioso.

Seguramente Colón y sus huestes se asustaron en exceso ante las numerosas dificultades que encontraron en un lugar tan agreste y decidieron concentrarse en conquistas más sencillas. Pero aquellas montañas, cubiertas por esa foresta tan impenetrable que probablemente los disuadió, resultan hoy día considerablemente atractivas para los exploradores modernos. Ésos cuyo principal objetivo es empaparse del contacto con una naturaleza prácticamente virgen y cuya única presa la componen una serie de imágenes guardadas en su retina o en la memoria de su cámara fotográfica. Y esté seguro el lector de que el término empaparse no está anteriormente usado tan solo en sentido metafórico pues doy fe de que el agua, tanto la que discurre formando numerosas corrientes en su territorio como la que frecuentemente cae del cielo, es un elemento abundante en Dominica.

De entre las numerosas rutas senderistas que existen en la isla, una de las más sencillas y conocidas es la que lleva a Trafalgar Falls. Son éstas dos cascadas de similar aspecto, que surgen de la nada en medio de un bosque de un verde esplendoroso y caen a corta distancia una de otra. La de mayor altura tiene unos cuarenta metros de salto y los lugareños la denominan padre, mientras que la más pequeña cae desde unos veinticinco metros, aunque suele presentar un caudal superior a la anterior, y es conocida como madre. Se encuentran a corta distancia de Roseau, capital de Dominica, junto a un pueblo llamado Trafalgar. Allí está situado un pequeño Centro de Visitantes, desde el cual se llega, a través de una pista en buen estado, a una plataforma de madera que ofrece buenas vistas de ambas cascadas. Es posible acercarse hasta ellas, aunque a partir del mirador la pista se desvanece y numerosas rocas deslizantes jalonan el camino.

Entre las numerosas cascadas que pueden verse en Dominica, quizás la más conocida sea la que forma la llamada Emerald Pool. Para llegar hasta ella hay que tomar una carretera que lleva desde Roseau hasta la localidad costera de Castle Bruce, situada al este de la isla. Como a mitad de camino entre ambas localidades hay un cruce, cerca del cual se encuentra indicado el acceso al lugar. Tras aproximadamente diez o quince minutos caminando por un sendero que se interna en un lustroso bosque, en el cual algún que otro chaparrón es casi inevitable, se llega junto a la cascada, de algo más de diez metros de altura, y una pequeña pileta que acoge transparentes aguas de inmaculado color verdoso en las que es recomendable darse un refrescante chapuzón.

La bandera de Dominica muestra en su centro el emblema del país, un pájaro al que se conoce como loro imperial, cuyo hábitat es exclusivo de esta isla y que se encuentra seriamente amenazado de extinción. El mejor sitio para intentar ver alguna de estas raras aves es Syndicate, lugar cubierto como no podía ser menos por una densa vegetación y situado al norte de la isla, cerca de la localidad de Portsmouth. Y si el visitante se cansa de empaparse de tanto bosque lluvioso, la mejor alternativa es sin duda dirigirse hacia el renombrado Boiling Lake, el segundo lago de agua hirviente más grande del mundo. Se necesitan tres horas de dura ascensión para llegar hasta él y hay que cruzar lugares como el llamado Valley of Desolation, donde múltiples fumarolas brotan del suelo por doquier. Imposible de conquistar cuando uno de los exploradores solo tiene año y medio, aunque quizás dentro de unos años lo intentaremos de nuevo.

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