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Ortodoxia en la frontera

Suceava es una ciudad situada al noreste de Rumanía que seguramente pasaría desapercibida para la mayoría de viajeros si no actuara como puerta de entrada a los monasterios situados en esta zona del país. Lo cual no deja de ser un tanto injusto pues, aunque su atractivo no sea espectacular, no cabe duda de que se trata de una villa de larga historia, que cuenta con una serie de edificios de interés que justificarían una visita por sí mismos. Junto a diversas iglesias ortodoxas, destaca en la localidad la fortaleza denominada Cetatea de Scaun, construida en el siglo XIV y que sirve como muestra de las duras batallas que allí se libraron en aquella época, cuando esta población actuaba como capital del reino de Moldavia.

Quizás la edificación más significativa de Suceava sea el monasterio de San Juan el Nuevo, cuya iglesia de San Jorge forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El cenobio fue establecido a comienzos del siglo XVI por el rey Bogdan cel Chior, que debía ese apodo de el tuerto a la pérdida de un ojo en una batalla. Los frescos que contiene el templo, tanto en sus muros interiores como en los exteriores, fueron realizados pocos años más tarde, aproximadamente a mediados del mencionado siglo. Algunas escenas de los externos aún se conservan en buen estado, a pesar de los adversos elementos climáticos a los que están frecuentemente sometidas.

Ligeramente al noroeste de esta población se encuentra la iglesia de Arbore, que debe su nombre al gobernador homónimo, quien mandó construirla a principios del siglo XVI. De reducidas dimensiones, se caracteriza este templo por carecer de torre, elemento habitual en las construcciones ortodoxas de este periodo. Su exterior muestra interesantes frescos, que también lo llevaron a ser protegido por la UNESCO como el anteriormente mencionado. Como suele ocurrir en esta zona del noreste rumano, las pinturas situadas en el lado norte de la iglesia presentan un aspecto más deteriorado que el resto, debido a los efectos del duro invierno. Y, como siempre, aparece representado el benefactor del templo en las imágenes. Aunque, curiosamente, en este caso lo hace dos veces, quizás debido a cierto afán de protagonismo por su parte.

Aún más al norte, rozando ya la frontera con Ucrania, el monasterio de Putna es algo más antiguo que los anteriores, pues fue fundado en la segunda mitad del siglo XV. Quedan pocas trazas del templo original, ya que fue casi totalmente reconstruido un par de siglos más tarde, y su exterior no muestra restos de los frescos que seguramente la edificación inicial presentaba. Mandado erigir por Ştefan cel Mare, a la sazón padre de Bogdan cel Chior y a cuyas órdenes trabajo Luca Arbore, es un importante lugar de peregrinación para los ortodoxos rumanos, pues en su interior se encuentran los restos tanto de este rey santo como de su único hijo legítimo.

En aquellos tiempos, el reino de Moldavia se extendía hasta orillas del río Dniester, que en idioma rumano es conocido como Nistru. No es de extrañar, por consiguiente, que al otro lado de la frontera, en la actual Ucrania, existan todavía edificios religiosos de aspecto similar a los mencionados. Así, la ciudad de Chernivtsi y sus alrededores conservan un buen número de iglesias ortodoxas, que le disputan el sitio a las de otras religiones allí presentes. La más antigua de ellas es la pequeña iglesia de madera de San Nicolás. De comienzos del siglo XVII, cuando la villa que los rumanos todavía conocen como Cernăuţi estaba plenamente integrada en Moldavia, su aspecto difiere considerablemente del de sus vecinas del sur. A pesar de ello, mantiene todo el encanto que caracteriza a estos templos ortodoxos situados a ambos lados de tan heterodoxa frontera.

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Un pensamiento en “Ortodoxia en la frontera

  1. A mí me gustó Suceava, pasé dos noches allí porque me resultaba más cómodo para visitar la región de los monasterios pintados, y la verdad es que no me decepcionó. Es una ciudad de servicios agradable y, como bien has mostrado, no carece tampoco de edificios históricos bien conservados. De hecho pasamos allí la noche del sábado de Pascua, que seguramente es la fiesta más importante para los rumanos ortodoxos, y la celebración a medianoche en San Juan el Nuevo nos pareció espectacular.

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