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Paz y tranquilidad

Con una superficie aproximada de cinco kilómetros cuadrados, Pulau Sentosa es la cuarta isla más grande entre las más de sesenta que componen el estado de Singapur. Conocida anteriormente como Pulau Panjang, que significa isla larga en malayo, cambió su denominación a Pulau Blakang Mati, algo así como isla de después de la muerte, a lo largo del siglo XIX. No fue hasta hace algo más de cuatro décadas cuando adquirió su actual denominación, que se traduce como isla de la paz y la tranquilidad, como resultado de un concurso organizado por una oficina de promoción turística local.

Prácticamente deshabitada hasta mediados del siglo XIX, comenzó a adquirir relevancia por entonces al ser considerada vital para la protección del canal Keppel, que la separa de la isla principal del estado. En las décadas subsiguientes fueron edificadas varias fortificaciones en su territorio, entre las que hay que mencionar Fort Siloso, que tuvo un papel relevante en la lucha contra los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Más adelante, una guarnición se estableció en ella durante la Confrontación Indonesio-Malaya, que concluyó un año antes de la independencia de Singapur en 1967. Poco después, el nuevo gobierno local decidió convertirla en un destino vacacional, renombrándola de la manera antes mencionada. Irónicamente, porque Sentosa comenzó entonces a perder esa tranquilidad a la que ésta hace referencia.

A partir de entonces, numerosas atracciones comenzaron a instalarse en la isla con fines turísticos. Varias de ellas están situadas en el recinto denominado Imbiah Lookout, que actualmente se extiende por un veinte por ciento del territorio de Sentosa. Allí se encuentran la denominada Tiger Sky Tower, una torre de observación que supera los cien metros de altura. También el museo conocido como Images of Singapore, dedicado a la cultura y las tradiciones locales. No lejos de él pueden verse más de quince mil mariposas en el Butterfly Park. El resto del complejo lo ocupan un par de cines panorámicos, alguna espectacular montaña rusa y una especie de pista de karts.

No terminan aquí los espectáculos surgidos en los últimos tiempos en la isla. Existe también un museo de cera, un túnel de viento vertical, una ola artificial para la práctica del surf, una estatua de casi cuarenta metros del Merlion, símbolo del país, y hasta la réplica de un barco pirata de unos cincuenta metros de eslora. Como no podía ser menos, también era posible practicar el golf en un campo de dieciocho hoyos que actualmente se encuentra cerrado, aunque es probable que se reabra. A pesar de todo, tanta diversidad de actividades nunca consiguió despertar el entusiasmo de los singapureses, que a veces se refieren a Sentosa como So Expensive and Nothing TO See Also, por sus siglas en inglés.

Aunque varios millones de turistas visitan la isla cada año, en su inmensa mayoría atraídos por la enorme oferta de ocio, aún hay hueco para la esperanza. Aproximadamente un setenta por ciento de su superficie sigue cubierta por un denso bosque lluvioso, donde habitan monos, loros, lagartos y pavos reales, además de varias decenas de árboles protegidos. En su costa sur se suceden excelentes playas de arena blanca, entre las que destaca la habitualmente casi desierta Tanjong Beach. Y existen leyes que intentan asegurar la sostenibilidad de al menos un sesenta por ciento de su territorio, prohibiendo construir en él entre otras medidas. Esperemos que en un futuro no demasiado lejano Sentosa vuelva por fin a hacer honor a su nombre.

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