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Ani (por Jorge Sánchez)

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Muy pocos turistas se aventuran a visitar Ani por lo remoto del lugar, y menos en los años cuando aún existía la URSS, como fue mi caso (viajé a Ani en 1988).
Viajé allí porque me lo recomendó un barbero callejero en la Capadocia.
Una vez que llegué en autobús a Kars, en el extremo oriental de Turquía, hube de esperar varios días en un hotel para recibir tres permisos para poder visitar Ani. El primero de parte de la Oficina de Turismo, el segundo de la Policía de Seguridad, y el tercero de la Comandancia Militar. Declaré que era arqueólogo.
Mientras tanto me entretenía conociendo Kars, una ciudad dos veces milenaria que posee un histórico castillo, una ciudadela, antiguas iglesias armenias y numerosas mezquitas.

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Antes de desplazarme a Ani hube de firmar un documento donde me comprometía a no hacer fotos (no llevaba cámara, por ello las fotos que aquí muestro son de amigos que las tomaron en años posteriores), no hacer señales ni saltar entre las ruinas, no comer, y sobre todo no mirar hacia Armenia, pues los soldados rusos podrían dispararme.
Y, por si eso fuera poco, me confiscaron el pasaporte hasta mi regreso a Kars.

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Ani, o también Ani Harabeleri, fue en el pasado la capital de Armenia y en sus tiempos esplendorosos llegó a albergar mil y una iglesias.
Pero durante mi visita sólo vi ruinas y más ruinas. Tal vez las mejor conservadas eran las correspondientes a la catedral. Vi restos de murallas, de iglesias con frescos en su interior, de fortalezas, de antiguos caravanserais… Parecerá extraña mi afirmación, pero esa ciudad en ruinas me pareció bella.
A pocos metros se hallaba el río Arpachay, que los armenios conocen como Akhurian. Al otro lado del río se localizaba Armenia. Aunque yo no lo vi, enfrente debía haber un fuerte ruso y seguramente algún soldado desde una torre debería seguir mis pasos mediante unos prismáticos.

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(Muchos años después viajaría a Gyumri, en Armenia, donde permanecería tres días visitando diversos lugares remarcables, como el fuerte ruso en forma redonda como una plaza de toros. Desde ese fuerte distinguí Ani y recordé mi estancia del año 1988. Pero las circunstancias casi 30 años más tarde eran muy similares, ya no existía la URSS y se podía mirar al otro lado del río Akhurian, pero seguía habiendo soldados rusos en Armenia y todavía no se podía atravesar desde Armenia a Turquía o viceversa).
Tras Ani regresé a Kars, recuperé mi pasaporte y me marché a viajar a otra parte.