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Annaba (por Jorge Sánchez)

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He de reconocer que el primer objetivo de mi viaje a Argelia era tratar de averiguar si Álvar Núñez Cabeza de Vaca había sido desterrado en Orán, ciudad que en los tiempos de este gran viajero y descubridor pertenecía a España (lo fue hasta que España la vendió a los turcos a finales del siglo XVIII).
Posteriormente, y como aún disponía de diez días de visado, viajé en tren a Constantina, y aún dos días más tarde a Annaba, la antigua Hippona, cerca de la frontera con Túnez. Esa era la segunda meta de mi viaje, pues allí deseaba rendir respetos a San Agustín, el gran sabio, santo y Padre de la Iglesia.

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Desde la estación del tren de Annaba caminé hasta lo alto de una colina donde se localizaba la Basílica de San Agustín, lugar donde murió este santo (aunque su tumba fue trasladada desde Hippona, primero a la isla de Cerdeña y en la actualidad de preserva en Pavía, Italia).
Hube de atravesar un sitio arqueológico con las ruinas de la antigua ciudad de Hippona. Esperaba encontrarme con una basílica antigua, pero no; el párroco me informaría que databa de finales del siglo XIX y concluida justo el año 1900. Sin embargo era bella, y lo mejor fue la vista que se disfrutaba desde ella. La basílica estaba encarada hacia el mar, mirando a Roma.
También me impresionó la imponente estatua representando a San Agustín en la entrada.

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Todos respetaban la memoria de San Agustín en Annaba, incluso los musulmanes con los que conversé; todos reconocían que había sido un pensador excepcional.
Asistí a la misa y compré un cirio. Había fieles de países católicos centroafricanos, y hasta observé peregrinos magrebíes.
Lo más histórico de la basílica era un cofre que albergaba un brazo de San Agustín, que era muy venerado por todos.
El párroco era de Kinshasa, en el Congo, y se alegró de encontrarse con un español. Me contó acerca de la vida de San Agustín y de sus viajes por el Norte de África asistiendo a congresos eclesiásticos con otras comunidades cristianas.

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Hoy, todos estos lugares recorridos por San Agustín están incluidos en el itinerario del santo y en su conjunto se espera sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La ciudad de Annaba en sí no tenía ningún interés especial, eran más atractivas las ciudades de Orán y Argel. Por la mañana abordé un tren a Argel y pocos días después volé con destino a Barcelona, en mi querida España.