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Antigua Rauma (por Jorge Sánchez)

En Turku compré un billete de barco a Estocolmo y como la salida era por la noche aproveché ese día entero para visitar la ciudad de Rauma como Dios manda. El autobús tomó una hora para recorrer los 90 kilómetros de distancia.
Al llegar pregunté a los indígenas por la parte vieja. Sabía que Rauma había sido fundada en el siglo XV alrededor de un monasterio franciscano y una iglesia católica (hoy convertida en protestante). La ciudad prosperó gracias a su puerto y a exportar papel a las ciudades del Báltico, de Alemania y de la hoy Suecia, por lo que se construyeron muchas casas de madera para su población. Tras unos incendios en el siglo XVII unas 600 casas de madera fueron reconstruidas, y hoy en su conjunto constituyen un Patrimonio Mundial.

Comencé por la iglesia de la Santa Cruz, cuyos frescos me cautivaron, en especial los dedicados a la salvación. Dejaban hacer fotografías, algo que me extrañó. Tras comprar un cirio visité prácticamente todas las 600 casas de madera pues pasé en Rauma unas 8 horas de tiempo, y hasta comí y merendé en ella antes de regresar a Turku y zarpar hacia Suecia.

Muchas casas estaban convertidas en tiendas, cafeterías y hasta en museos. Una de las que más me gustó fue la sede de la Oficina de Turismo, donde me suministraron folletos en español. Gracias a ellos no me perdí la calle más estrecha de toda Finlandia y las tiendas donde vendían encajes de bolillos, que son muy apreciados en Finlandia y en el extranjero. Precisamente unas semanas más tarde se celebraría en Rauma un festival de encajes de bolillos.
El centro lo constituía un mercado al aire libre donde vendían berenjenas, coliflores y frutas diversas, como bananas de Ecuador, melones de Uzbekistán, o naranjas de la China. Cuando empezó a caer la noche regresé en autobús a Turku.