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Axum (por Jorge Sánchez)

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La primera vez que visité Axum (el año 1993) me quedé a dormir en el monasterio vecino de Debre Damo, donde para acceder se tenía que trepar por una larga cuerda.
Para continuar a Eritrea, mi próximo destino, atravesé Axum pero apenas me fijé en las estelas. Sí, las vi, eran obeliscos, estaban en medio de una plaza abierta a todo el mundo. Una de las estelas debía de haber sido colosal, pero yacía en el suelo, rota en varios pedazos. Las miré por unos minutos pero no me impactaron en demasía. Además, tiempo atrás, estando en Roma, había contemplado una de esas estelas en una plaza, que había sido llevada allí desde Etiopía por órdenes de Mussolini durante la invasión italiana de Etiopía (aunque en el año 2005 el Gobierno de Italia restituyó la estela a Axum).

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Mi interés principal en Axum era intentar penetrar en el Sancta Sanctorum de la Iglesia de Nuestra Señora de Sion, donde se custodia el Arca de la Alianza, traída a Etiopía desde Jerusalén (según cuenta la leyenda) por el rey Menelik I, el hijo que la Reina de Saba tuvo con el Rey Salomón.
No tuve éxito, lo confieso; burlé los primeros controles pero al final un sacerdote me detuvo justo cuando iba a descorrer el último velo, y no vi el Arca de la Alianza.

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Fue expulsado de la iglesia y para consolarme regresé a la plaza de las estelas sentándome frente a la más grande del complejo que estaba en pie. Esta vez el guardián, que me había ignorado por la mañana, me quería hacer pagar por ser extranjero, pues los etíopes se paseaban por allí como Pedro por su casa. Le dije que ya había estado antes, pero no sirvió de nada y quería que comprara un billete de entrada, cosa que yo no podía pues tenía ante mí un larguísimo viaje por tierra hasta España y no me quedaba mucho dinero. Al final me echó, sin contemplaciones. No fue ese un buen día para mí.

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Menos mal que en viajes posteriores (al menos realicé cuatro más) me fijaría más en esas estelas como Dios manda y apreciaría su valor histórico y cultural. Fue entonces cuando aprendí que esas estelas son los monolitos tallados más grandes del mundo y su erección podía marcar el sitio donde se había enterrado a un rey, por ejemplo.