Inicio » Bago (por Jorge Sánchez)

Bago (por Jorge Sánchez)

Disfruté mucho visitando durante tres días dos lugares fantásticos de este candidato a devenir con todo derecho un Patrimonio Mundial: la pagoda Kyaiktiyo y el monasterio Kha Khat Wain. Llegué a media tarde al poblado de Kinpun, y no quise comenzar la ascensión a la pagoda Kyaiktiyo para no perder la luz del sol. Por la mañana abordé primero un camión relleno de peregrinos indígenas que me depositó en una plazoleta desde donde ya no había camino para vehículos, y se tenía que caminar alrededor de una hora hasta la famosa pagoda.

De vez en cuando hacía una pausa para reponer fuerzas y admirar el paisaje. Había nativos ricos que se hacían transportar en una cama por cuatro indígenas de la etnia Mon. Una vez en la entrada, me descalcé, pagué mi entrada al sitio y me entregaron una tarjeta para colgármela al cuello, para que así los vigilantes supieran que había pagado el boleto y no me había colado como un granuja. Todos los peregrinos compraban pan de oro que pegaban a la roca sagrada, que se halla en el mismo borde de una montaña, desafiando la gravedad, sin caerse jamás, pues la sostiene un pelo de Buda. Y luego rezaban.

Yo no compré hojas de oro ni tampoco recé. Me contenté con visitar el lugar por una hora y media, antes de emprender el descenso para dirigirme en autobús a Bago, adonde llegué por la noche. Me alojé en un albergue y por la mañana contraté un motorista que me llevó durante 4 horas a los monasterios budistas principales, en especial a uno, llamado Kha Khat Wain, donde los monjes comen sólo una vez al día. Compré comida como un donativo y me ofrecí como voluntario para ayudar en las tareras de limpieza y servicio de cocina. Fui aceptado y me convertí por media hora en ayudante del cocinero. Los monjes llegaban ordenadamente en fila con sus bols en la mano y yo se los llenaba con comida de una gran perola. Por la noche viajé en tren a Yangon.