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Bucarest

Antigua residencia del príncipe de Valaquia, Bucarest se convirtió en la primera capital de Rumanía a mediados del siglo XIX. Desde entonces ha mantenido este rango, aunque con diversas interrupciones, y en la actualidad es la ciudad más populosa, vitalista y enérgica del estado rumano. Con sus aproximadamente dos millones y medio de habitantes alberga a casi un 10% de la población del país y se sitúa en la sexta posición entre las localidades más pobladas de la Unión Europea. Económicamente está considerada como la urbe más desarrollada de Rumanía y una de las más prósperas en Europa Oriental.

Se tiene constancia de la población bucarestiana al menos desde mediados del siglo XV. Vivía entonces allí el príncipe Vlad Țepeș, dirigente que desgraciadamente ha pasado a la historia por dar origen al mito del conde Drácula. Tras numerosas vicisitudes, pasó a ser capital de Rumanía a mediados del siglo XVIII, cuando Valaquia y Moldavia se unieron para constituir el incipiente estado rumano. A partir de entonces, la ciudad vivió un desarrollo espectacular, que la llevó a ser denominada pequeño París a finales del mencionado siglo. Lamentablemente, el horror vivido en Europa durante el infausto siglo XX, acrecentado durante la oscura época comunista, la afectó en exceso situando a la mayor parte de sus históricas edificaciones al borde de la semirruina.

La caída del comunismo hace tres décadas supuso un soplo de aire fresco para el desarrollo de la ciudad. Aquellas edificaciones que no habían sido derruidas aún o cuyo estado no se había deteriorado hasta límites irrecuperables comenzaron a ser sometidas a un proceso de recuperación, que, con el tiempo, ha dado excelentes resultados. De una forma casi milagrosa, la población luce de nuevo en casi todo su esplendor y parece que toda la oscuridad vivida durante muchas décadas ha quedado atrás. Los problemas para sus habitantes siguen siendo muchos, pero el futuro de la localidad no ha parecido tan promisorio como en la actualidad desde hace al menos tres cuartos de siglo. A continuación, un recorrido por Bucarest que espero disfrutéis tanto como lo hago yo.

Calea Victoriei: Seguramente me llamaréis exagerado si afirmo que ésta es la calle más interesante tanto histórica como artísticamente a nivel europeo, quizás mundial. Desde el fabuloso Palacio Cantacuzino, situado al norte de la calle, hasta el espectacular Museo de Historia Nacional, localizado al final, la cantidad de edificaciones de interés resulta cuando menos sorprendente. Muy difícil destacar tan solo una de ellas, aunque si tuviera que hacerlo quizás me decantaría por el hermosísimo Ateneo. Esperemos que se completen las reformas pendientes para que tan maravillosa avenida vuelva a lucir próximamente en todo su esplendor.

Iglesia Crețulescu: Si hay un edificio religioso de interés en la capital rumana, no tengo dudas de que se trata de éste. Situada en la mencionada Calea Victoriei, la iglesia Crețulescu fue construida durante la primera mitad del siglo XVIII en estilo Brâncoveanu. Originalmente debió estar decorada con frescos en su exterior, aunque una reforma a mediados del siglo XX la recubrió de ladrillos dando al traste con las pinturas. Se mantienen, sin embargo, las relumbrantes escenas del porche mientras que las del interior fueron creadas un siglo más tarde.

Palacio del Parlamento: Al final de Calea Victoriei se encuentra el río Dâmbovița, que divide a la ciudad en dos partes asimétricas. Hace una treintena de años, al sátrapa Ceaușescu se le ocurrió la idea de derribar barrios enteros de la capital rumana para construir un edificio monstruoso, sin parangón en Europa y tan solo comparable al Pentágono. El resultado fue el localmente denominado Palatul Parlamentului, edificación de doce plantas, ocho de ellas subterráneas, que supera con creces el millar de habitaciones y s la actual sede tanto del Congreso como del Senado rumanos.

Monasterio Antim: Muy cercano al Palacio del Parlamento, el Monasterio Antim es uno de los secretos mejor guardados de Bucarest. Fundado en la primera mitad del siglo XVIII, fue concebido con la idea de servir de refugio a mujeres maltratadas y personas caídas en desgracia en general. Merecen destacarse los iconos de su templo principal, dedicados a la Natividad y realizados a comienzos del siglo XIX.

Hanul lui Manuc: A apenas quince minutos a pie desde allí pero ya de nuevo al otro lado del río, Hanul lui Manuc es el caravanserai más antiguo que permanece en Europa. Fue construido a comienzos del siglo XIX y adquirió una enorme relevancia, hasta llegar incluso a albergar el Ayuntamiento de la ciudad. Tras funcionar como hotel, teatro e incluso sede de un partido político, en la actualidad alberga un excelente restaurante en su patio central, además de diversos negocios en los locales exteriores.

Curtea Veche: Casi pegados a Hanul lui Manuc se hallan los restos de lo que fue la antigua corte del reino de Valaquia. Comprendía ésta un palacio y una iglesia, posiblemente establecidos a partir de finales del siglo XIV. Se trata, por consiguiente, de la parte más antigua de la ciudad, que quedó en desuso tras un incendio sufrido en el siglo XVIII. En la actualidad, se conservan las ruinas de lo que fue el palacio, donde se ha colocado un busto de su residente más ilustre, y la iglesia, construida en el siglo XVI y considerada el templo más antiguo de Bucarest.

Caru’ cu Bere: El barrio adyacente a Curtea Veche se denomina Lipscani, haciendo referencia a una de sus calles. Tras la caída del dictador Ceaușescu toda esta zona se ha dedicado al ocio y abundan los restaurantes y los locales nocturnos. El más antiguo y popular de todos ellos es el restaurante Caru’ cu Bere, literalmente carro con cerveza, establecido en el siglo XIX y que fue centro de reunión de artistas e intelectuales en aquella época. Destaca su magnífica decoración con pinturas murales y la excelente cerveza producida en el local.

Iglesia Stavropoleos: Caru’ cu Bere se encuentra en la calle denominada Stavropoleos en honor a un monasterio situado en la misma. El cenobio fue establecido en la primera mitad del siglo XVIII y disuelto durante el periodo comunista, aunque actualmente vuelve a ser regentado por una comunidad monástica. Dentro del pequeño recinto se halla la magnífica iglesia, famosa por sus pinturas murales, sus iconos y su excelente coro de música bizantina.

Piața Universității: Reconozco que la capital rumana no destaca precisamente por sus plazas, aunque algunas de ellas ofrecen imágenes de interés al visitante. Mi favorita es Piața Universității, localizada a pocos minutos a pie desde la iglesia Stavropoleos. Denominada de esta manera debido a que en ella se encontraban la mayor parte de los centros de la Universidad de Bucarest, destaca también el edificio que actualmente alberga la sede central de la Banca Comercială Română, el principal banco del país. En su centro se levantan cuatro estatuas dedicadas a sendas personalidades, entre ellas la del intelectual Gheorghe Lazăr.

Arcul de Triumf: Continuando hacia el norte de la ciudad y ya fuera del centro histórico, un colosal arco de triunfo denomina a la plaza homónima. Se trata de la tercera versión del monumento que ocupa este lugar, sustituyendo a un predecesor de madera y otro arco temporal. Fue erigido en la primera mitad del siglo XX con el fin de conmemorar la independencia de Rumanía, ocurrida unas décadas atrás. Tiene una altura de cerca de treinta metros y en su decoración trabajaron famosos escultores rumanos como Ion Jalea.

Parque Herăstrău: Aparte de su indudable valía monumental, Bucarest destaca por sus excelentes y cuidados espacios verdes. Si tuviera que elegir uno solo, me quedaría con el Parque Herăstrău, situado algo más arriba del arco de triunfo y construido hace aproximadamente ocho décadas. Su superficie es similar a la del Retiro madrileño y, al igual que éste, presenta un gran lago, que en este caso ocupa casi un ochenta por ciento de la superficie del parque.

Muzeul Satului: También destaca la capital rumana por sus excelentes museos. Entre ellos hay que mencionar el extraordinario Museo Nacional de Arte de Rumanía, localizado en la anteriormente mencionada Calea Victoriei. No hay que olvidar tampoco el excelente Museo de Historia Nacional, sito unas manzanas debajo del anterior. Aunque mi favorito es el denominado Muzeul Satului, literalmente museo del pueblo, emplazado en el interior del Parque Herăstrău y que alberga cerca de trescientas construcciones procedentes de las diferentes regiones del país rumano. Resulta difícil destacar tan solo una de ellas, aunque si he de hacerlo me quedo, sin lugar a dudas, con la impresionante iglesia de Dragomirești, espectacular ejemplo de las iglesias de madera construidas en Maramureș durante los siglos XVII y XVIII. Pura esencia rumana.

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