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Calanques de Piana (por Jorge Sánchez)

No es fácil visitar este Patrimonio Mundial a menos que alquiles un coche en la isla de Córcega, cosa que yo no hice. Una buena mañana abordé un autobús en Ajaccio y le pedí el favor al conductor de dejarme en medio de los calanques (calanches se dicen en francés) de Piana. Aprovechando un bloqueo de la carretera, justo cuando se comenzaban a ver los calanques, el chófer me abrió la puerta y descendí, a pesar de que no era una parada oficial.

De pronto me encontré ante unas rocas fantásticas de color rosa en medio de una frondosa vegetación. La primera roca famosa fue la llamada corazón, debido a un agujero en ella que ha adquirido esa forma. Un poco más adelante vi la cabeza de perro, luego un indio, y así sucesivamente, aunque uno debía tener mucha imaginación y tomar un buen punto de vista para ver los animales y personas que las rocas representaban.

Y así, entre caminando y a veces el autostop (con éxito) llegué al cabo de 2 horas a la bella bahía de Porto, que también está incluida en el sitio UNESCO. Allí había una compañía naviera que en verano ofrece paseos marítimos para admirar los calanques desde el mar. Pero en marzo había poco turismo, excepto un grupo de japoneses que me encontré, por lo que no pude realizar esa excursión. Me quedé a comer en Porto. Entré en un supermercado para comprar un pan y 200 gramos de mortadela, luego le compré un cirio al monaguillo de la parroquia, tras lo cual esperé el último autobús del día a Calvi, donde tenía mucho interés en visitar la casa donde los indígenas aseguran que nació Cristóbal Colón.

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