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Camino Real de Tierra Adentro (por Jorge Sánchez)

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Veinte días me tomó recorrer el Camino Real de Tierra Adentro, cuando lo normal son sesenta, pero hice algunas trampas esquivando las ciudades que, o bien ya conocía de viajes anteriores, o no me parecieron lo suficientemente atractivas como para detenerme un día.

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Aunque la parte de Estados Unidos de América no está comprendida en este Patrimonio de la Humanidad, me daba ilusión hacer el Camino completo, por lo que empecé en Taos y Santa Fe, para proseguir por Albuquerque, Las Cruces, Mesilla, y detenerme un día completo en El Paso y allí rendir pleitesía a don Juan de Oñate, nacido en México de padres vascos, el artífice de tan colosal Camino en el siglo XVI. Una imponente estatua ecuestre de bronce frente al aeropuerto de El Paso, de 11 metros de alto más 2.50 metros de base, le recuerda.
De hecho, realicé este Camino al revés, desde Taos a México. D. F., y no a la inversa, como don Juan de Oñate. Pero en este caso no es como en el Camino de Santiago que de hacerse al revés resultaría chocante (aunque los peregrinos del pasado, una vez llegados a Santiago de Compostela, volvían a sus países de origen volviendo sobre sus pasos).

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En el Camino Real de Tierra Adentro se trataba de disfrutar los lugares históricos y bellos que se atravesaban, y el orden de los factores no alteraba el producto.
Cada tres ciudades pasaba la noche en una de ellas, para que me saliera la cifra de veinte días.
Algunas de mis escalas en México, fueron: Ciudad Juárez – Chihuahua – El Parral – Durango – Zacatecas – Aguascalientes – San Miguel de Allende – Sombrerete – San Luis Potosí – Guanajuato – Querétaro – México D. F.

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Para un español es toda una lección de historia recorrer este Camino, incluso en la parte de Estados Unidos de América. En cada ciudad hay placas y monumentos dedicados a los fundadores, todos españoles, o bien nacidos en México de padres españoles, o de padres mixtos, pues pronto se creó una nueva raza. Todo eran agradecimientos por haber traído de España alimentos y animales de granja, por haber llevado la civilización al Nuevo Mundo. En cada ciudad había un edificio donde en el pasado se separaba el Quinto Real, para mandarlo al rey de España en pago por la tecnología, el material y los hombres para extraer la plata. El ochenta por ciento de la plata (que con el tiempo fue el noventa por ciento) se quedaba en México para desarrollar sus ciudades y erigir universidades, bibliotecas, tribunales, fábricas, hospitales, astilleros, etc., por ello las ciudades mexicanas eran más ricas que las españolas, y los españoles peninsulares aspiraban a emigrar a América para tener un mejor porvenir.

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Al llegar a México D. F. me dirigí a la vieja aduana, donde se calculaban las alcabalas y los almojarifes. Ese era el final (inicio) del Camino Real de Tierra Adentro.
El vigésimo primer día celebré la conclusión del Camino Real de Tierra Adentro dirigiéndome a la Plaza de Garibaldi y beberme en una de sus cantinas un litro de pulque.