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Canaima (por Jorge Sánchez)

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Por el equivalente en bolívares a 200 dólares americanos (claro, comprando los bolívares en el mercado negro) adquirí en la Posada Don Carlos (maravilloso edificio de madera, estilo colonial) de Ciudad Bolívar la siguiente excursión al Parque Nacional Canaima:
– Primer día: Vuelo Ciudad Bolívar – Canaima. Excursión en lancha a los alrededores del Salto Ángel
– Segundo día: excursión en lancha (6 horas) y senderismo a la piscina formada por la caída de las aguas del Salto Ángel, tiempo libre para colocarse debajo de las aguas del Salto Ángel, nadar y disfrutar
– Tercer día: regreso al aeropuerto y vuelo Canaima – Ciudad Bolívar
Al tour se apuntaron dos turistas de Austria y una chica francesa.
El vuelo a Canaima fue sobrecogedor. Admiramos tepuis y el Salto Ángel a poca distancia.

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Dormíamos en un campamento de hamacas y las tres comidas estaban incluidas. Siempre íbamos acompañados de un guía, un muchacho joven que, tras la cena, nos contaba historias acerca de la vida y costumbres de los indígenas que viven en la selva, en los alrededores del Salto Ángel.
No tuve la suerte de visitar ese lugar cuando el chorro es poderoso, pero igualmente me di por satisfecho con la excursión.

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El explorador almeriense Fernando de Berrío, que también sería gobernador de la Provincia de Guayana, fue el primer occidental en contemplar el llamado Salto Ángel en una de sus veinte expediciones, entre finales del siglo XVI e inicios del XVII, a la búsqueda de El Dorado. Ya en pleno siglo XX (en 1927) el Salto Ángel sería redescubierto por el español Félix Cardona Puig (capitán de la Armada venezolana) y su compañero explorador Juan María Mundó Freixas (ambos de Barcelona).

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Sin embargo, en 1937 el piloto estadounidense Jimmie Angel sobrevolaría (en compañía de Cardona) ese salto y lo popularizaría después. No llego a comprender por qué al actual Salto Ángel no se le llama Salto Berrío, o Salto Cardona, cosa que sería más justa.