Inicio » Carriacou (por Jorge Sánchez)

Carriacou (por Jorge Sánchez)

12688369_10208715535630431_2457003365633713329_n

Tras unos días de visitas en la isla de Granada resolví conocer alguna de las islas del grupo de las islas Granadinas pertenecientes a este país, cuanto más que ya había estado en dos islas de las Granadinas pertenecientes a San Vicente (Bequia y Mustique). Consecuentemente fui al puerto y pregunté a los marineros por las próximas salidas a cualquiera de las Granadinas. Por ellos supe que una hora más tarde zarparía un barco a la isla de Carriacou, a su capital, llamada Hillsborough. Y compré el billete hacia allí.

12705580_10208715536830461_1632655355347330892_n

Durante la travesía vi pequeñas islas habitadas. La de Carriacou parecía la más grande entre las Granadinas, y de hecho lo es.
Hillsborough no es que fuera un sitio idílico pero la atmósfera era muy tranquila, estaba llena de pacíficos rastafaris fumando marihuana, o eso a mí me pareció. No los vi dedicarse a nada; durante los dos días que allí pasé nunca los vi realizando alguna actividad laboral más allá de agarrar mangos de los árboles, sino pasear, nadar en la playa y dormir la siesta.
No fui a la isla de Carriacou por ser un lugar candidato para incorporarse en la lista de UNESCO (cosa que ignoraba cuando viajé allí) sino para profundizar sobre el conocimiento y problemáticas de las islas del Caribe, las menos visitadas, y fui el único extranjero durante dos días en Carriacou. Además, al cruzar en barco pasé por las placas tectónicas que destaca UNESCO, algo que he aprendido hoy al escribir esto.

12743800_10208715537550479_3945976762110297833_n

La isla era bella, con naturaleza exuberante. Tuve la oportunidad de recorrerla casi en su totalidad, a pie y en autostop.
Hice amigos con rastafaris pero…. la conversación con ellos acerca del jamaicano Marcus Garvey me cansaba y no me atraía; a esos rastafaris no los vi ni filósofos ni interesantes, sino más bien gente ociosa que se habían acostumbrado a vivir de manera holgazana, sin trabajar, escuchando música de Bob Marley y fumando porros.

12734055_10208715537150469_8306659372845107010_n

Como no disponía de mucho dinero, la primera noche dormí en el aeropuerto, que se halla al final de Hillsborough, donde me dejó pernoctar el portero de noche y hasta me regaló una espiral para espantar los mosquitos. Pero la segunda anoche la pasé en el puerto durmiendo sobre un banco de madera de respaldo curvo, mis favoritos. Al llegar la madrugada regresé en barco a Granada.

Anuncios