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Cartagena de Indias (por Jorge Sánchez)

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En Cartagena de Indias me sentía en España, tanto por la lengua española que oía por las calles, como por la arquitectura que hacía que me encontrara en Andalucía, hasta por el carácter casi “mediterráneo” de sus gentes. Y también por los monumentos dedicados a españoles, como el madrileño Pedro de Heredia (fundador de Cartagena de Indias), el leridano San Pedro Claver (que liberaba esclavos negros de esa ciudad), el militar guipuzcoano Blas de Lezo, o hasta el navegante y descubridor Cristóbal Colón, aunque fuera genovés.
Hallé un hostal en el barrio de Getsemaní, dentro de las murallas, donde me alojé varios días esperando mi vuelo a las islas de San Andrés y Providencia.

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Un día entre los días en los que iba descubriendo al azar esa entrañable e histórica ciudad a pie, admirando los balcones de sus calles, entrando en iglesias, palacios, y en la catedral (donde compré un cirio), me fijé en una plazoleta en cuyo centro se erguía una fuente que era una copia de la de Canaletas, en Barcelona, España. Me alegró verla pues en mi infancia, cuando paseaba por las Ramblas barcelonesas, solía beber agua de ella.
Me contaron que fue un regalo del ayuntamiento de Barcelona en señal de amistad entre dos ciudades hispanas.

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Y queriendo saber más sobre la historia de Cartagena, entré en el Museo Naval del Caribe, en esa misma plaza, frente a una estatua que representaba un siniestro pirata inglés.
Allí una guía iba explicando a los turistas sobre la proeza de un gran héroe llamado Blas de Lezo y apodado “Patapalo” y hasta “Mediohombre” (durante su carrera militar había perdido un ojo, una pierna y un brazo) que la guía afirmaba ser colombiano y que su país, Colombia, había derrotado a los ingleses (al mando del almirante Edward Vernon), quienes poseían una flota abrumadoramente más poderosa que la colombiana, y superando en hombres a los colombianos a razón de diez por uno.
Una vez que estuvo sola, y para no dejarla en evidencia delante de los turistas, intervine y le dije que Blas de Lezo era español, nacido en Pasajes, provincia de Guipúzcoa, y que durante esa batalla el territorio de la Colombia actual era posesión española, llamada Nueva Granada, por lo tanto la victoria también era española. Pero ella me respondió, sin dar su brazo a torcer:
– Bueno sí, los españoles nos ayudaron.
Me alegré comprobar que un hombre tan extraordinario como Blas de Lezo no sólo fuera “nuestro”, de España, sino también de Colombia.
Intenté averiguar el paradero de su tumba, pero me dijeron que no se sabe. Sin embargo, muchos años antes los españoles, se le dedicó una estatua honrando su memoria en Cartagena de Indias, mientras que en Madrid, en la Plaza de Colón, solo se erigiría el año 2014.

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Durante el resto de mi estancia seguí el perímetro de las fortalezas, realicé una excursión en barco por el puerto para apreciar la belleza de la ciudad desde el mar, e hice multitud de amistades con los locales jugando al ajedrez y bebiendo ron en la Bodeguita del Medio (de mismo nombre que la de La Habana).
Y cuando llegó el día de mi vuelo viajé a la isla de San Andrés, en el Caribe colombiano.