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Catedral Vieja de Lérida (por Jorge Sánchez)

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Pasé medio día en la antigua Ilerda de los Romanos (aunque mucho antes nuestros Iberos la conocían por Iltirta). Pero los tiempos cambian y hoy esta ciudad es llamada Lérida en español, o Lleida en catalán.
Primero visité la parte central de la ciudad, con su Catedral Nueva (del siglo XVIII) y otros atractivos turísticos. Tras ello subí al cerro, que encontré lo más interesante de Lérida.
Había que pagar una entrada para visitar el interior de la vieja catedral con su museo, pero los amables porteros, cuando les conté que acababa de llegar de un peregrinaje a pie al Castillo de Javier (La Javierada) desde Pamplona, mostrándoles mi Credencial del Peregrino con el sello del monasterio de San Francisco Javier, e informarles que me hallaba en tránsito de regreso a mi pueblo (Hospitalet de Llobregat), me dejaron entrar gratis, pues los peregrinos gozan de ese privilegio en la Vieja Catedral de Lérida.

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Una vez dentro sentí la magnificencia de esa gran catedral; uno era consciente de inmediato que se hallaba en el interior de un sitio imponente, colosal, e imaginé cómo debió ser la atmósfera sobrecogedora allí antes de ser convertida a inicios del siglo XVIII en un cuartel militar durante una de nuestras absurdas guerras civiles españolas. El rey Felipe V a punto estuvo de ordenar su destrucción cuando conquistó Lérida, pues por su situación estratégica militar esa catedral había contribuido decisivamente en la defensa de la ciudad.

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Por unos folletos que me dieron en la recepción, supe que en el emplazamiento de esa catedral hubo anteriormente un templo visigodo, y tras la invasión de los moros de toda nuestra península sirvió de mezquita.
Durante unas tres horas lo visité todo siguiendo las instrucciones de los folletos, el retablo, el coro, el claustro, el campanario, la Puerta de los Apóstoles, más las diferentes capillas.
En el exterior de la catedral había bunkers de piedra construidos en los tiempos de Franco ante su temor de que los Aliados intentaran invadir España. La vista desde allí en lo alto te permitía hacer buenas fotografías panorámicas a la ciudad y los alrededores.

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Se portaron tan bien conmigo los habitantes de Lérida (no sólo los recepcionistas de la catedral vieja, sino otros que encontré en la parte moderna), que tengo muy buenos recuerdos de esa noble gente. Por ello me alegré cuando en Wikipedia leí posteriormente la siguiente noticia:
“El día 2 de Octubre de 2015, el conjunto monumental de la colina de la Seu Vella (“Conjunt Monumental del Turó de la Seu Vella”) fue incorporado, por el Ministerio de Cultura del Gobierno de España, a la lista indicativa de monumentos españoles que optan a ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO”.
Sólo me resta desearles éxito y que UNESCO acabe declarando Patrimonio de la Humanidad esa Catedral Vieja.
A media tarde abordé un autobús hasta mi pueblo.

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