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Derbent (por Jorge Sánchez)

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Viajé en tren desde Astrakhan (donde visité su Kremlin, inscrito en la Lista Tentativa de UNESCO) a Makhachkala, la capital de la República de Daguestán. Allí me esperaba un amigo a quien había conocido unas semanas atrás en Vorkuta, en la República de Komi, presenciando la carrera de renos que allí se celebra cada 7 de noviembre con la participación de esquimales de Rusia, Alaska, Canadá, Groenlandia y diversos países de Escandinavia.

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Abordamos una marshrutka que 2 horas más tarde nos depositó en Derbent, y me alojé en su casa, con su familia musulmana.
Gracias a mi amigo pude conocer durante tres días esa interesante ciudad de 5.000 años de antigüedad, la más antigua de Rusia, situada a orillas del Mar Caspio.
Las gentes en Derbent aún se desplazaban en burro, portaban gorros de piel de diversos animales y hacían corros para conversar en los portales de la vieja ciudadela Narin Kala.

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Estaba emocionado porque Derbent ha sido escala de viajeros sobresalientes del pasado, como Maro Polo, Afanasi Nikitin y el fraile franciscano Wilhelm Roebrook (Rubruquis).
La primera visita fue a su famosa fortaleza, para lo cual ascendimos una colina. Había sido construida durante el Imperio Sasánida.

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Estaba vacía, sin turistas, ni siquiera rusos. Me extrañó que la abrieran sólo para nosotros. Durante dos horas mi amigo me explicaba cada parte de esa fortaleza. La vista del Mar Caspio y de la ciudad de Derbent desde ella era espectacular. Se distinguía la gran mezquita, la catedral ortodoxa y hasta la sinagoga, pues Daguestán está habitada por varias docenas de grupos étnicos que profesan diversas religiones y hablan numerosas lenguas, aunque todos ellos se entienden en ruso.

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Al día siguiente visitamos la gran mezquita (que antes de mezquita había sido una bella iglesia) con su madrasa, la sinagoga, donde el rabino me atendió de manera ejemplar, y también las iglesias cristianas de diversas denominaciones, desde la basílica del siglo VI hasta la iglesia ortodoxa georgiana. El tercer día lo empleamos en el zoco y el caravanserai, más un cementerio milenario. El cuarto día me despedí de mi amigo y su hospitalaria familia y abordé un autobús, primero a Makhachkala, y de allí transbordé a otro con dirección a Grozni, la capital de la República de Chechenia.
(Como estuve en Derbent hace muchos años, las fotos que muestro, regalo de mi amigo daguestaní, son de papel y de baja calidad, pero eso es mejor que nada).