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Desierto del Namib (por Jorge Sánchez)

Viajé en autobús desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) a Windhoek (Namibia) en compañía de una chica aragonesa que vivía en Barcelona. Decidimos emplear en esta ciudad tres días con sus correspondientes noches para realizar excursiones radiales a algún parque nacional, a ver un meteorito y, sobre todo, a conocer las dunas del Arenal de Namib, para regresar por la tarde a nuestro albergue. En esos tiempos (año 1996) no estaba especialmente interesado en los sitios UNESCO (además, el Arenal de Namib sería nombrado Patrimonio Mundial en 2013), sino que fuimos allí por los comentarios positivos que habíamos leído sobre ese desierto.

En Windhoek enseguida nos dimos cuenta de que, o alquilábamos un coche, o nos apuntábamos a alguna agencia de viajes, pues no había transporte de pasajeros a los lugares que deseábamos visitar; sólo había transporte público entre ciudades. Acudimos a una agencia de alquiler de vehículos con conductor para que nos dieran presupuesto. Y justo allí nos vimos con dos turistas israelíes que tenían el mismo propósito que nosotros, así que los cuatro pagamos un precio razonable por una excursión de un día entero a Sossusvlei, un salar en el desierto de Namib, dentro del Parque Nacional de Namib-Naukluft.

El chófer del 4×4 nos llevaba a ver dunas rojas y nos señalaba las más interesantes para que subiéramos a ellas, cosa que hacíamos. La vista desde ellas era espectacular. Ese chófer era un gran experto en ese recorrido, pues siempre hacía paradas en los lugares más interesantes. En nuestro regreso a Windhoek hicimos una visita a las villas de Swakopmund y Walvis Bay, población esta donde visitamos un centro social de pescadores españoles, que nos trataron muy bien, y nos invitaron a comer paella, lo que fue la guinda del pastel del interesante día que pasamos.